| 9/19/2003 12:00:00 AM

Incubadoras de exportación

Desde finales de la década del 90, las incubadoras de empresas en Colombia han sido vitales en la creación de firmas con base en el conocimiento y sus modelos ya se están exportando.

Entre más de 80 participantes de 40 países, la Corporación Bucaramanga Emprendedora (CBE) y la Corporación Innovar fueron seleccionadas por el Banco Mundial para replicar en América Latina el modelo de incubación empresarial que estas dos entidades diseñaron para llegar a los lugares más apartados de Santander y Cundinamarca. Al mismo tiempo, la Incubadora de Empresas de Base Tecnológica de Antioquia (IEBTA) ha llevado su modelo a Ecuador, Perú y Panamá, mientras que visitantes de México, Brasil y Asia han viajado a Cali a conocer el Parque Tecnológico -ParqueSoft- que reúne más de 80 empresas y cuyos empresarios no superan los 24 años de edad.

¿Cuál es la constante en estos modelos de generación de empresas? Que a partir de la experiencia local han construido modelos que hoy son replicados en varias partes del continente. Es decir, la tarea de las incubadoras ya no está solo en acompañar, dar soporte y asesoría, y conseguir inversionistas para las ideas empresariales. Las incubadoras están logrando posicionarse en los mercados externos, para llevar un modelo que en Colombia tiene hoy un auge interesante.

Además, se están consolidando como un puente entre la investigación y el desarrollo de las universidades y la forma en que los jóvenes logran hacer empresa, con la meta de generar un gran impacto en la competitividad de cada una de sus regiones.



El impacto de las incubadoras

El camino que le queda al país para crecer en un mercado globalizado cada vez más competido es agregar valor, a partir de la innovación y el conocimiento. Software empresarial, medidas de seguridad biométricas, manejos de residuos contaminantes, elementos para operaciones quirúrgicas o la adecuación de procesos para compañías ya establecidas son algunos de los productos que cientos de jóvenes están diseñando cada día en las incubadoras.

Ellas son entidades sin ánimo de lucro que se apalancan en un trípode: el sector privado, la academia y el sector público. El principio rector es el acompañamiento en la gestión empresarial de los emprendedores, quienes dominan la técnica o la tecnología, pero no conocen, en muchos casos, el manejo financiero, las estrategias de mercadeo, la organización administrativa y, mucho menos, cómo conseguir inversionistas. En este punto, la incubadora es fundamental.

El país pasó de 4 incubadoras en 2000, a cerca de 13 en todo el territorio nacional, y la expectativa hacia el final del año es que aumenten a 28. Para medir su impacto, se pueden analizar algunas variables, como número de empresas constituidas, empleos generados y ventas.

En los primeros 6 meses de este año, bajo las incubadoras se han creado 91 empresas y más de 800 empleos directos, con ventas que superan los US$2,5 millones, es decir, cerca de $7.000 millones.



Los modelos y sus beneficios

El modelo de incubación en el país ha tenido grandes cambios. Primero, las incubadoras se crearon para ofrecer espacio a las empresas incubadas, con facilidades de interconexión y buenos precios. Sin embargo, este modelo evolucionó, primero hacia una asesoría más sofisticada con redes de contactos y las posibilidades de que los incubados accedieran a servicios de consultoría y, también, en la búsqueda de financiación. Y segundo, hacia el mayor impulso del desarrollo tecnológico y a llevar no solo a las empresas al exterior, sino a ellas mismas como una extensión en el negocio.

En Colombia se pueden ver dos grandes modelos de incubación de empresas. El primero, en el que están la gran mayoría de las incubadoras, normalmente un sitio físico donde las empresas incubadas inician sus procesos de aprendizaje y desarrollo empresarial para construir una empresa a partir de un negocio o una idea. Este seguimiento tiene una duración en promedio de unos 2 años, que finaliza cuando la empresa ha aprendido el manejo, tiene consolidado su producto o servicio y cuenta con inversionistas de riesgo. Allí están la de Antioquia, la de Bucaramanga, la Corporación Innovar de Bogotá e Incubar Caribe, entre otras. En este mismo modelo, hay algunas modificaciones. "En nuestro modelo de incubación se da un acompañamiento de gestión empresarial desde las fases de idea preliminar, proyecto formulado o empresa en operación, en forma directa y con la red de apoyo de la región. Pero no contamos con incubación intramuros", explica Oscar Velásquez, director operativo de Incubar Eje Cafetero.

Y el segundo, uno casi opuesto a estos principios rectores, como el que maneja el Parque Tecnológico de Cali -ParqueSoft-, que se diferencia de las incubadoras clásicas en que las empresas no salen nunca de su espacio y la idea es crear empresas y productos que no se repitan y no se canibalicen. El objetivo es que el parque crezca en número de empresas y conformar un gran conglomerado, pues estar juntos es su principal fortaleza competitiva.

Y ese es tal vez uno de los principales valores agregados que se están generando, no solo en ParqueSoft, sino en todas las incubadoras: las sinergias entre sus incubados. Sima es una empresa en preincubación de la IEBTA que ofrece soluciones a empresas textileras para mejorar su productividad y había ideado la manera de que sus aplicaciones estuvieran disponibles en dispositivos de mano con los cuales la información se pudiera recopilar en cada piso de las plantas de producción y luego alimentar los sistemas de información de la empresa. Pero esto era apenas una idea, pues Sima no sabía de dispositivos. En la incubadora, Sima encontró otra empresa incubada con los conocimientos necesarios con la cual ya avanza para desarrollar en el futuro sus aplicaciones.

El hecho de pertenecer a esas redes les genera grandes beneficios a los emprendedores. Por ejemplo, las experiencias de sus colegas en temas como precios y estrategias son invaluables, porque la experiencia empresarial de primera mano es vital. En últimas, estar rodeado de otros emprendedores puede sencillamente convencer al incubado de que sí puede. Como comenta Felipe Lara, de Colcommerce, empresa incubada de Incubar Colombia, "estar alrededor de otros emprendedores da la sensación de que, a pesar de las dificultades, sí será posible sacar adelante la empresa de uno".

Por último, una de las mayores ventajas de estar en una incubadora es el acceso a contactos importantes que pueden derivar en negocios o inyecciones de capital para el incubado. "En esencia, una incubadora es una red de contactos", dice Clementina Giraldo, de la Corporación Andina de Fomento (CAF), en Ecuador.



Los recursos

Los procesos de internacionalización, además de llevar modelos propios, también sirven como un nuevo esquema de crecimiento y apalancamiento hacia el futuro, pues a diferencia de la fuerte financiación estatal en Europa o el abundante capital de riesgo en Estados Unidos, las incubadoras nacionales deben ser más creativas para obtener recursos. Por un lado, capitalizan su know how, como la IEBTA, donde venden sus modelos para fundar incubadoras en otras partes del país o en el exterior o gestionan proyectos para entidades gubernamentales o solucionan problemas puntuales de empresas grandes, como en el programa Exporte, que asesora empresas exportadoras no incubadas para la venta de tecnología.

Y, por otro, obtienen recursos -como Innovar y CBE- de las entidades multilaterales, gracias a su operación. El Banco Mundial les entregó US$250.000 para desarrollar el proyecto que replicará en América Latina.

A pesar de los propósitos, como la creación de empleo y el impulso a la transferencia de tecnología e innovación, el futuro de las incubadoras en Colombia no será tarea fácil. El aguante de las incubadoras en Colombia se hace "cosa de milagros", dice Adolfo Naranjo, director de Corporación Innovar. Hoy, el Sena hace sus esfuerzos al asociarse a las incubadoras y proveer cofinanciación para proyectos de incubación por medio del Programa Nacional de Incubadoras y del Fondo Emprender, "en el cual la única garantía que se les pedirá a los muchachos de las universidades y el Sena es su conocimiento", dice Darío Montoya, director del Sena. Antes de finalizar el año, el fondo tendrá recursos por $22.000 millones y se espera que llegue a $76.000 millones.

Para conseguir recursos, la incubadora vive de la venta de sus participaciones en sus incubadas. En algunas de ellas tiene un porcentaje de participación, que varía entre el 5% y el 15% de las empresas incubadas; de tal manera que cuando se realiza una operación de venta llegan nuevos recursos para su mantenimiento. Pero hay otras opciones para incubadoras más jóvenes sin egresados, que descartan la participación en sus incubadas dada la urgencia de generar flujo de caja rápidamente. Incubar Manizales, por ejemplo, incubadora con un poco más de un año de operación y sin egresados, eligió no tener participación en sus incubadas y optó por otras vías como la participación en utilidades o ventas futuras.

¿Cuál es el interés de otros países en venir a buscar en Colombia, los instrumentos y mecanismos para crear nuevas empresas? Sin duda, las incubadoras han llenado un vacío nacional en la generación de empresas y los jóvenes ven en ellas la posibilidad de cristalizar sus ideas. Esta situación no es exclusiva de Colombia. "La región andina y varios países de Centroamérica carecen de estos instrumentos y han venido para replicarlos", explica Darío Montoya, director del Sena y ex director de la IEBTA.

Sin embargo, es necesario aglutinar todos estos modelos e iniciativas para generar un mayor impacto. Los sistemas nacionales y regionales de innovación requieren tiempo y esfuerzo, pero cuando operan a plena capacidad son motores de desarrollo endógeno sumamente productivos que apalancan el desarrollo acelerado de países, como lo han demostrado Singapur o Irlanda.

"Al menos en el marco conceptual, nuestro sistema de promoción de desarrollo tecnológico e industrial es superior al de la media de países en vías de desarrollo. No obstante, preocupa mucho la desinversión realizada por los tres últimos gobiernos en ciencia y tecnología", explica Karina Quintero, directora de Incubar Caribe.

El sistema de incubadoras no puede verse en forma desarticulada del sistema nacional de ciencia y tecnología. Sin inversión ni recursos ni foco en lo que el país requiere, las incubadoras y los modelos de empresa terminarán orientándose a proyectos de bajo valor agregado, o como lo agrega Quintero, aún peor, a promover simplemente el autoempleo.
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