| 1/18/2008 12:00:00 AM

Historia de oro

Lecciones de gestión de una empresa de 115 años, la Joyería Bauer.

¿Cómo puede una empresa familiar sobrevivir a los cambios de generaciones y a los sobresaltos económicos y políticos del país, sin desbaratar la unidad entre los parientes? Bauer, uno de los negocios de joyería más apreciados del país y sin duda el de mayor tradición, tiene cientos de enseñanzas en esa materia.

La historia de esta empresa comenzó en 1891 cuando el marino y comerciante alemán, Christian Bauer, fue persuadido por dos bogotanos de apellidos Valenzuela y Herrera de montar un negocio de joyería en Bogotá, un lugar en el que no había ningún establecimiento de ese tipo. Bauer, que en ese momento era el tesorero de su barco mercante, había nacido en Pforzheim en la Selva Negra alemana, un lugar de gran tradición joyera. Se la conocía como la Ciudad del Oro porque fue el centro de la joyería y la relojería alemanas.

Interesado por la oportunidad, llegó a Bogotá en 1892 y ahí su francés perfecto le abrió las puertas de la sociedad capitalina. Al año siguiente, Bauer abrió su joyería en la calle 12 con carrera 7ª.

Desde ese momento, la firma enfrentó con éxito los enormes altibajos de la historia colombiana. La Guerra de los Mil Días fue el primer problema y luego siguió la recesión de los treinta. La Joyería Bauer también sobrevivió al Bogotazo de 1948. El edificio quedó reducido a escombros por la acción de los manifestantes, que también saquearon unas de las cajas fuertes del establecimiento. Afortunadamente para la familia, la caja fuerte más importante quedó oculta debajo de las vigas de la construcción. Con eso y con ayuda de amigos y de los bancos, pudieron reconstruir el local.

La primera lección para pasar de un siglo: perseverancia. Ese es un asunto que tienen claro hoy los bisnietos de Christian. "Tenemos que preservar lo que nos han dado", dice Ricardo Kling, uno de ellos. La segunda, flexibilidad: "hay que prepararse para las épocas malas. Hay que tener la capacidad de achicarse muy rápido", dice Roberto Kling, otro de los miembros de la cuarta generación Bauer.



Joyas en un país pobre

El éxito de Bauer ha estado marcado por una mezcla de factores. Uno es que siempre hubo demanda y márgenes buenos. "Los bogotanos siempre han querido joyas", dice Reinhard Kling. Otro es que siempre han garantizado la calidad de los productos que venden. "Un axioma es no vender nada que no sea garantizable", añade. Por eso, aunque suene extraño, ellos mismos ponen gráficamente la importancia que tiene el respaldo de su firma: "vendemos el estuche y encimamos la joya".

Pero hay otros elementos, tales como el de ampliar su base de clientes. Las argollas de matrimonio, un negocio estable pero de poco monto en Bauer, se complementa más adelante con pequeñas piezas que, cuando aumentan los ingresos familiares se cambian por otras más costosas, ya que Bauer ofrece la posibilidad de recibir en parte de pago sus piezas, para que los clientes mejoren su colección.

De otra parte, la innovación ha sido crucial en el éxito de la empresa. Desde el inicio, los talleres de la joyería prepararon expertos joyeros para adecuar los diseños a los cambios de moda.

"Discreción, rectitud y respeto por la tradición", son otras de las cualidades de las personas de Bauer, que destaca Ricardo Kling y que completan el abanico de prácticas empresariales que les han permitido permanecer en el mercado.

En familia

El otro obstáculo que tuvieron que superar es el de los problemas de familia que confrontan las empresas de parientes. En sus 115 años de operación tuvo muchas de esas crisis, y en la mayoría de las ocasiones se solucionaron cuando uno de los parientes optó por retirarse del negocio con un dinero. Casi siempre, el que se retiró montó otra joyería, pero terminaron saliendo de la actividad.

La rama política de la familia nunca tuvo mucha entrada al negocio, una norma tácita que se practica desde 1893. También, a la manera de los Rothschild o de los banqueros europeos, las mujeres no manejan el negocio. Esto podría cambiar en el futuro, pero hasta ahora, Joyería Bauer es asunto de hombres.

El cuidado de la marca, de la tradición, ha permitido superar las diferencias personales. "Bauer no es una empresa, no es un negocio, es una institución", dice Ricardo Kling. Por eso, aunque ahora los jóvenes sean más osados en sus decisiones, o que hayan empezado a fortalecer su operación internacional con una sede que se abrirá en Guayaquil a comienzos del año, 115 años después, la herencia del hijo de la Ciudad del Oro sigue viva.
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