| 6/23/2006 12:00:00 AM

Historia de dos supervivientes

Un comerciante de Bogotá se arriesgó a comprar Cementos del Oriente en medio de la guerra de precios que padecía el sector, y sobrevivió. Los antiguos dueños ahora están asesorando a inversionistas de varios países, incluido Colombia, en el montaje de pequeñas procesadoras.

Un capítulo inédito se dio en la 'guerra del cemento' que terminó a finales de 2005, cuando el Grupo Argos adquirió Cementos Andino por US$192 millones. Fue lo que le aconteció, antes y después, a Cementos del Oriente, una pequeña planta que socios de la firma Sime Ingenieros montaron en Sogamoso (Boyacá) en 2003. Ellos desarrollaron un modelo para poner en funcionamiento una miniprocesadora, gracias al conocimiento que habían adquirido tras varios años de ser contratistas de la industria cementera y siderúrgica de la región, en donde realizaron trabajos de ingeniería y montaje de equipos mecánicos y eléctricos. Uno de los socios, Carlos Posada, contaba con una experiencia adicional, obtenida durante 15 años en la división de construcción y montajes de Distral.

En 1999, Sime realizó el estudio de factibilidad para el montaje de una planta con capacidad para procesar tan solo 2.200 toneladas mensuales (Cemex produce 250.000) y todo indicaba que la operación resultaría rentable pues pese a que la construcción estaba de capa caída, el precio del cemento seguía repuntando. El retorno de capital estaba previsto en dos o tres años. Una de las ventajas de este modelo es que se pueden utilizar equipos de segunda. En el caso de Oriente se adquirieron algunos motores que Holcim (Cementos Boyacá) vendió tras una remodelación de su planta, sin sospechar que con ellos estaba incentivando la competencia. Otra ventaja consistió en que todos los trabajos de diseño, ingeniería y fabricación del resto de los equipos se hicieron en Sogamoso con mano de obra de la región. También ayudó que en la zona hay mineros independientes que suministran materia prima como caliza, mineral de hierro y carbón.

Según Posada, la tecnología que se desarrolló en Cementos del Oriente se ciñe a los estándares más modernos para la producción de cemento en el mundo, lo que reduce considerablemente los costos de operación y que, guardadas las proporciones, genera una rentabilidad similar a la que reporta una grande. Hasta entonces, todo marchaba según lo presupuestado. Incluso, recibieron una tentadora oferta de compra por parte de una cementera multinacional, pero no se llegó a ningún acuerdo con ella. De pronto, la naciente empresa quedó en medio de la guerra de precios que emprendieron a finales de 2004 las grandes cementeras del país (Cemex, Holcim y Argos) cuando Cementos Andino conquistó el 6% del mercado, y amenazaba con conquistar otra tajada tras la inauguración de una moderna planta en Barranquilla. El resultado: el precio del bulto cayó en pocos meses de $21.000 a $7.500, lo cual hizo pedazos las proyecciones de Oriente, empresa que se financió con recursos propios pues ni los bancos públicos ni los privados quisieron apalancar el proyecto.

Los socios aguantaron hasta donde sus bolsillos resistieron. Sin embargo, la drástica caída de los precios no les permitió ni siquiera cubrir los costos de producción ni mucho menos pagar las deudas contraídas, cuyos intereses crecían día a día. La presión se hizo cada vez más insoportable y a la vista no había una salida posible a la 'guerra' que se había desatado y que también afectaba las finanzas de las grandes cementeras del país. Así que a mediados de junio de 2005, tomaron la decisión de poner en venta la planta, para lo cual publicaron varios avisos clasificados en busca de inversionistas.

El salvador

A la vista de los observadores, era muy difícil que Cementos del Oriente despertara algún interés en medio de una guerra que parecía no tener fin, cuyos principales protagonistas eran las multinacionales Cemex, Holcim y el Grupo Argos, que con sus plantas y marcas controlan el 33%, el 13% y el 48% del mercado, respectivamente. Pero estaban equivocados. Sí hubo alguien con las suficientes agallas para entrar al negocio en medio de semejante turbulencia. Se trata del industrial Gustavo Rodríguez, un administrador de empresas que lleva más de 18 años metido en el negocio de la distribución de acero y que lidera un grupo empresarial que hoy cuenta con una planta de PVC y otra de polietileno, en Bogotá. "En medio de las crisis se generan grandes oportunidades. Y creo que Cementos del Oriente era una de ellas", sostiene el empresario.

En el análisis previo a la adquisición se identificaron varias debilidades que, según Rodríguez, se podían superar para bajar los costos del producto terminado, y eso los motivó a invertir. También estaban conscientes de que una vez adquirida la cementera, tenían que hacer una inyección de capital adicional para que el negocio fuera rentable a largo plazo. Y los cambios no se hicieron esperar: en modernización tecnológica se pasó de 65% a 85%, el mejoramiento de procesos saltó de 65% a 75% y la rentabilidad mejoró en 17%. Con todos estos ajustes, Cementos del Oriente aguantó el chaparrón de los precios que tocaron fondo a finales de 2005.

Entretanto, la caída afectaba seriamente las finanzas y las metas de retorno previstas por Cementos Andino tras sus cuantiosas inversiones en la Costa, con un alto nivel de apalancamiento financiero. Esta situación precipitó un acercamiento con el Grupo Argos, que junto con sus compañías asociadas logró un acuerdo de adquisición el 4 de noviembre de 2005, por US$192 millones. Coincidencialmente, los precios del cemento reaccionaron, poniendo fin a la guerra. Su exagerada reacción obligó al gobierno a intervenir el mercado fijando un tope promedio de $12.000 el bulto de cemento gris.

Con la reactivación del precio, el panorama de Cementos del Oriente mejoró significativamente. Ahora, el grupo está integrando la producción de cemento con la planta de accesorios y tuberías de PVC y la comercialización de acero mediante una alianza estratégica con la Siderúrgica Nacional (Sidenal). De esta manera, les está ofreciendo a constructores y ferreteros el paquete completo. También está prevista una ampliación del 100% de la capacidad de producción de la fábrica. "Nunca tuvimos la intención de tirar la toalla, pues la evaluación de la inversión fue a largo plazo y el gremio nuestro es el de la construcción. Desde que exista el libre mercado, siempre habrá competencia y la inversión de las multinacionales es bienvenida pues nos enseñan a ser más competitivos", asegura Rodríguez.

Modelo exitoso

Mientras todo esto ocurría, desde agosto de 2005, Sime Ingenieros se dedicó a promover en Colombia y en el exterior el modelo de Cementos del Oriente, para comercializar proyectos de miniplantas para la producción de cemento gris, con capacidades entre 100 y 200 toneladas al día. En Ecuador, ya avanza en un 50% la construcción de una fábrica en Cuenca, mientras que en Panamá está prevista para los próximos días la iniciación de un nuevo proyecto. También hay negociaciones adelantadas con inversionistas de otros países de la región. Incluso, fueron invitados por el Banco de Desarrollo de Libia a participar en una licitación, pues el gobierno va a entregar la producción de cemento a particulares en asocio con firmas extranjeras.

Carlos Posada explica que la filosofía de la firma es hacerles entender a los industriales e inversionistas que sí se puede competir contra las grandes empresas que monopolizan el cemento y que no se necesitan grandes inversiones para ingresar al negocio. "Hay que romper todos esos paradigmas", dice. Asegura que las miniplantas pueden estar localizadas en pequeñas áreas mineras que no son atractivas para los grandes productores y que, pese a que generan más mano de obra por tonelada que los grandes productores, esto no afecta significativamente el costo final de producción pues se utiliza tecnología de punta y, por lo general, se ocupa el 100% de la capacidad instalada.

Agrega el ingeniero que la comercialización del cemento es relativamente fácil, debido a sus pequeños volúmenes de producción. Y que por lo mismo, el producto se vende en áreas aledañas a la planta, lo que reduce los costos de transporte. "El negocio genera liquidez constante y rápido retorno de la inversión", asegura. Sime Ingenieros también está desarrollando proyectos de miniplantas para la producción de Pig Iron y Hydroxyapatite, una materia prima para la obtención del acero y un ingrediente en la fabricación de alimentos concentrados para animales, respectivamente.

Tanto Cementos del Oriente como Sime Ingenieros sobrevivieron, cada uno por su lado, a la guerra del cemento que sacó del mercado a los dueños de Cementos Andino. El panorama para cada uno sigue siendo favorable. A la primera ya le está coqueteando una multinacional, mientras que la segunda ya tiene un banco de inversionistas dispuestos a apalancar una nueva planta de cemento en el país. ¿Será que la llegada de esta competencia fresca generará un nuevo capítulo en la guerra del cemento en Colombia? ?

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