| 1/26/2015 8:00:00 AM

El pionero

Detrás de la creación de Prodeco y de Puerto Brisa está un empresario que ha probado su tenacidad para desarrollar en el país negocios de carbón e infraestructura. Esta es su historia.

Arturo Blanco Ordóñez es un empresario perseverante. Durante más de cinco décadas de experiencia empresarial ha desarrollado tres habilidades propias de los emprendedores: innovación, toma de riesgos y tenacidad, que le permitieron crear una sólida compañía productora de carbón, Prodeco –vendida a Glencore a mediados de los 90–; convertirse en uno de los pioneros del negocio de los puertos y ser protagonista de la nueva infraestructura para el comercio exterior del país, con la reciente inauguración del mayor puerto privado de uso público en La Guajira: Puerto Brisa.

A mediados de la década del 60, cuando la mayoría de empresarios dedicados al comercio exterior en el país iban a la fija con negocios de petróleo o café, Blanco decidió innovar y apostarle a las artesanías. En 1968 se convirtió en el primer colombiano en crear un catálogo para vender artesanías colombianas en el exterior y ‘maletiaba’ por todo el mundo para venderlas. Aunque no era productor, sabía quién las elaboraba con mayor calidad y se convirtió en su principal promotor en el exterior.

Por esa misma época, durante una reunión social, alguien le preguntó si sabía quién en Colombia producía carbón térmico para exportación. “Sin pensarlo dos veces, acepté el reto”, recuerda Blanco, y vendió las primeras 50 toneladas de coque que exportó el país, luego de conseguir que en Gachetá y Lenguazaque –donde existen minas de carbón siderúrgico– le vendieran el material con las características y calidades que exigía su cliente en República Dominicana. Decidió entonces que su empresa Productos de Colombia, Prodeco, que había creado en 1968, se dedicaría al negocio del carbón.

Esa primera venta le valió para iniciar una próspera carrera como exportador de carbón en Colombia. Comenzó a recorrer los países de Centroamérica para vender carbón a empresas de fundición y logró colocar cerca de 500 toneladas en estos mercados.

El crecimiento del negocio y las buenas perspectivas que avizoraba este emprendedor a comienzos de los 70 le dieron la idea de construir la primera planta de coquización de hornos de solera –para eliminar el material volátil– que se construyó en el país con tecnología americana, y que incluyó una planta lavadora de carbón para conseguir la calidad que exigían en el exterior. Los compradores de coque y carbón siderúrgico se ampliaron y de los países centroamericanos pasó a vender también a Estados Unidos, Brasil, Argentina, Chile y Perú.

El volumen del negocio había crecido tanto que ya se justificaba construir un puerto para sacar el carbón, recuerda Blanco, quien decidió embarcarse en la construcción de Puerto Prodeco en Bahía Zúñiga, al lado de Santa Marta –que recientemente se cerró– para sacar el carbón del interior rumbo a los mercados en el exterior.

Una alianza que selló con las firmas europeas Auxini y Domi le permitió a Blanco a comienzos de los 80 participar en uno de los mayores contratos de concesión en Cerrejón Central, para producir carbón térmico, que luego sacaban a través del puerto de Prodeco.

Luego de la caída en los precios internacionales del carbón, las firmas europeas salieron del consorcio y Prodeco continuó con la explotación del carbón. En esa época, recuerda Arturo Blanco, comenzó a visualizar la importancia de un gran puerto de exportación en La Guajira, pues el carbón debía hacer un recorrido largo desde el sitio de producción hasta el puerto de Prodeco en Santa Marta, lo que permitía ahorros importantes.

A mediados de los 90, y persiguiendo el sueño de continuar en el negocio de los puertos, vendió su compañía Prodeco a la multinacional Glencore, que incluía tres minas y el puerto. Blanco decidió entonces invertir en unos terrenos cerca del municipio de Dibulla, en La Guajira, donde soñaba hacer realidad la construcción de un nuevo puerto de alta tecnología y gran capacidad.

El desarrollo de esta nueva infraestructura, sin embargo, puso a prueba su tenacidad: el trámite para construir el nuevo puerto comenzó en 2001 pero su inauguración solo fue posible el 7 de diciembre del año pasado, luego de surtir un largo proceso ante las autoridades encargadas de otorgar los permisos ambientales e incluso, las que certifican la existencia de comunidades indígenas, afrodescencientes y raizales.

El propio presidente Juan Manuel Santos destacó durante la inauguración de Puerto Brisa la perseverancia de este empresario que “no decayó en su objetivo, no decayó en su empeño después de unas batallas que a mí me constan, porque luchar contra los obstáculos del Estado, de las licencias ambientales, de todos los permisos que hay que conseguir para construir un puerto como este, es una odisea”.

La perseverancia de este santandereano fue clave para hacer realidad Puerto Brisa, una moderna infraestructura en la que se han invertido más de US$70 millones y que permitirá la llegada de barcos con capacidad de hasta 180.000 toneladas –superior a la de un puerto como Barranquilla, que recibe barcos hasta de 40.000 toneladas– .

El nuevo complejo portuario se desarrollará en dos etapas; la primera para graneles sólidos y la segunda para petróleos. “Luego para desarrollos futuros”, explica Blanco. A su lado se desarrolla la Zona Franca Brisa, en 350 hectáreas, que facilitará el ingreso de productos en tránsito. La inversión total podría superar los US$200 millones.

A comienzos de diciembre llegó el primer buque de 80.000 toneladas, que estrenó las modernas facilidades que incluyen banda transportadora de carga. También empezaron a salir embarques de carbón de La Jagua en el Cesar y Centromin en el Magdalena Medio y ya tienen solicitudes para exportar mineral de hierro.

Los descubrimientos de gas en yacimientos off shore también se han convertido en un importante filón para Puerto Brisa, que tiene capacidad para transportar el gas.

Y, aunque ya cumplió su anhelo de poner a funcionar este moderno puerto, Arturo Blanco no deja de soñar. Está empeñado ahora en desarrollar su empresa Centromin, en el municipio del Carmen de Chucurí en el Magdalena Medio santandereano, propietaria de minas de carbón de alta calidad –BTI de 12.500 cuando normalmente son 11.300– y unas reservas estimadas en 220 millones de toneladas. A sus 80 años, Arturo Blanco mantiene su espíritu empresarial y su fe de carbonero.
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