¿Hilando delgado?

| 5/12/2000 12:00:00 AM

¿Hilando delgado?

Las confecciones son el sector más dinámico de la cadena textil. Sus empresas asumen con éxito los retos y diseñan novedosas estrategias. Sin embargo, los esfuerzos se encaminan solo a las empresas tradicionales textileras. ¿Es el momento de tomar decisiones de fondo?

El año pasado, Levi's estuvo a punto de dejar de fabricar sus productos en Colombia. C.I. Expofaro, la empresa que desde hace 7 años maquila sus prendas, vio con preocupación cómo desde México los 'coqueteos' para llevarse la producción de esta multinacional eran cada vez más intensos. La ventaja competitiva de México como socio del Nafta y la gran inversión extranjera en ese país en equipos e instalaciones colocaban en jaque la producción colombiana.



¿Cómo respondió C.I. Expofaro ante esta situación? Renegoció con sus clientes y redujo sus precios 17% que es, en promedio, la diferencia arancelaria con México. La estrategia dio resultado y Levi's aumentó sus pedidos a Colombia. El espacio que habían cultivado en calidad, cumplimiento y tiempos de entrega sirvió para que la amenaza azteca se convirtiera en una gran oportunidad, a tal punto que el año pasado su crecimiento total fue del 56%, con respecto al 98 y, para el 2000, se estabilizará en cerca del 14%. Además, dio un salto en el mundo de la maquila, al empezar a desarrollar moda, es decir, a confeccionar piezas con mayor valor agregado. Hoy, el 21% de su producción diaria corresponde a moda y diseño, cuando hace apenas un año se dedicaba solo al ensamblaje de los clásicos.



C.I. Expofaro fabrica cerca de 14.000 unidades diarias y sus estándares en tiempos de confección están en 16 minutos por prenda, un buen tiempo dentro de los parámetros internacionales. Este indicador cobra mayor sentido, si se tiene en cuenta que Levi's solo manda a Colombia la muestra de la prenda y eventualmente la tela, mientras que a México envía todo desmenuzado: moldes, tela y piezas para ensamblar.



Para Luis Javier Rodríguez, gerente de C.I. Expofaro, lo más importante es que a diferencia de lo sucedido en 1999, este año empresarios estadounidenses han venido para adelantar nuevos negocios. Por eso se está preparando. La compañía realiza la ampliación de su planta en Medellín con la que generará, en menos de dos meses, más de 250 empleos directos. Este es solo uno de los ejemplos de la 'movilidad' y adaptación de las empresas de confecciones, las grandes 'jalonadoras' del sector textil y confeccionista, que desde hace varios años vienen conquistando con éxito el mercado externo.



De hecho, el 71% de las exportaciones de toda la cadena corresponden a confecciones. Según Cidetexco, el año pasado, la industria vendió en el exterior US$471,2 millones, mientras que las ventas de textiles solo llegaron a US$133 millones.



¿Por qué, entonces, la industria de confecciones, una de las grandes impulsoras del sector, brilla por su ausencia en el Acuerdo de Productividad y Competitividad de la cadena? ¿No es necesario darle a este subsector la importancia que tiene dentro de ella, más cuando es el gran dinamizador en los últimos años de la actividad? O, como lo menciona un industrial del sector, ¿nos hemos concentrado en salvar las compañías y hemos perdido la visión de conjunto?



La explicación puede estar en la falta de representación de sus empresarios, en especial ante el gobierno. Incluso hay quienes señalan que el acuerdo se firmó para darles un poco más de oxígeno a las textileras antioqueñas y que se limita solo a definir el precio interno del algodón.



Nadie discute, sin embargo, algunos efectos positivos de la negociación, como el aumento en un 56% del total del área sembrada de algodón en los departamentos del interior del país, facilitar las condiciones de negociación entre eslabones de la cadena y promover que los textileros aprovechen las ventajas comparativas de contar con un suministro local de algodón, que para empresas como Fibratolima les ayudó con un buen arranque de año: en el primer trimestre tuvo un crecimiento en ventas del 94%, al 'registrar' $15.658 millones, frente a $8.075 millones del mismo período en el 99. Además, sus exportaciones también crecieron significativamente, al pasar de $886 millones a $1.274 millones, al comparar los tres primeros meses del 99 y del 2000.



A pesar de ello, el sector de confecciones sigue marginado. "En los 13 puntos del acuerdo no aparece ningún compromiso con este sector, a pesar de ser el más dinámico de la cadena", señala Roque Ospina, director ejecutivo de Inexmoda.



Hace casi un año, Dinero advirtió sobre los factores que se debían tener en cuenta para hacer viable la cadena: fortalecer el sector de las confecciones ­que concentra las oportunidades de desarrollo más claras­, dejar abierta la posibilidad a las importaciones de fibras e hilos, y no concentrarse únicamente en salvar a la industria textilera tradicional.



Sin embargo, los planes sectoriales siguen dejando por fuera a la confección, en momentos en que nuestros competidores naturales ­en especial, los países centroamericanos­ alistan todas sus baterías en términos de capacidad y negociación. Para Gabriel Jaime Henao, representante de la comercializadora de textiles y confecciones International Marketing & Sales Ltda., las exportaciones de confecciones deberían sobrepasar los US$2.000 millones para estar a la par con países como República Dominicana, Guatemala y Honduras y ante la propuesta del presidente Pastrana de ingresar al Nafta el sector debe prepararse. "No podemos pretender entrar al mercado más importante del planeta sin estar preparados. De no ser así, desperdiciaríamos la última oportunidad para pertenecer al club de los grandes exportadores mundiales".



En el Congreso de Estados Unidos, por ejemplo, se adelanta el estudio de un programa para el fortalecimiento comercial de la Cuenca del Caribe que plantea eliminar los aranceles a las importaciones de confecciones que incluya valor agregado local. Es decir, las confecciones realizadas en esos países podrían tener arancel cero para su ingreso a Estados Unidos. Aunque es poco probable que el proyecto avance este año, por el proceso electoral que vive Estados Unidos, sería una gran amenaza para los confeccionistas colombianos. Se perdería el mercado de Estados Unidos y con él más de 50.000 empleos directos.



Ante amenazas como esta, es necesario que los confeccionistas unan esfuerzos y adquieran una representación de la que al parecer han carecido hasta el momento, para que el desarrollo de la industria deje de ser una suma de esfuerzos individuales para convertirse en una política sectorial que involucre integralmente al sector y al Gobierno. Sin duda, los confeccionistas colombianos entran en una etapa crucial para la definición de su futuro. Han demostrado gran capacidad de adaptación, respuesta, innovación y diseño, como Leonisa, C.I. Nicole o Supertex. Sin embargo, si el país no se 'pellizca', esta industria podría estar en el corto plazo en otras latitudes. Incluso, varias empresas colombianas, como LTC de Cali, que hace maquila para Estados Unidos, y otras que prefirieron reservar sus nombres, están montando plantas en Centroamérica y México o, al menos, adelantan conversaciones con socios para elaborar allí sus productos con destino al mercado estadounidense.



Más allá del Acuerdo de Productividad y Competitividad, los actores de la cadena necesitan, una vez más, definir un plan estratégico que garantice la viabilidad de la industria. Luis Fernando Beltrán, presidente de Hilacol, insiste en que se hace imperativo definir un plan estratégico que asegure el desarrollo sostenido de la cadena fibras, textiles y confecciones. "El Acuerdo se muere si los empresarios no nos lo apropiamos. Es nuestro negocio y el papel del gobierno llega a un determinado punto". El mercado textil en el país es el orden de los US$2.000 millones. "Un mercado atractivo para los locales y los externos. Tenemos que estructurarnos para no perderlo. De lo contrario, hay jugadores internacionales que llegarán al mercado y nos desplazarán".



La tarea será, entonces, tomar las decisiones más rápidas y adecuadas para que el sector no se siga "rasgando" y los más importantes del mercado también se queden...





Otro aliento...



Sin duda, los esfuerzos de las empresas de confecciones también están encaminados a aprender de los errores, a diversificar sus mercados y a añadir valor a sus productos. Casi 7 años después de una experiencia agridulce en México, Jeans & Jackets (J&J) le apuesta nuevamente a ese mercado, dentro de su objetivo en el mediano plazo de estar presente con almacenes propios en América Latina.



En el 93, J&J dejó la franquicia a un jugador local y aunque registró ventas por US$11 millones en un año, con 11 almacenes, para la compañía en Colombia no representó una gran solución. La capacidad instalada era muy baja y aunque producían más unidades para enviar a México, en Colombia estaban descuidando su mercado y los márgenes hacia ese país eran muy pequeños. Un año después, con el 'tequilazo', las ventas cayeron y los almacenes cerraron.



Ahora J&J está en conversaciones con tres socios potenciales para definir quién será su aliado en el inicio de operaciones este año con al menos 3 almacenes. Sus proyecciones de ventas superan para el primer año US$1 millón y para el cuarto año, con cerca de 10 almacenes, la apuesta es superior a los US$5,5 millones. Para la empresa, el mercado mexicano podría quintuplicar lo que es hoy Jeans & Jackets. Su decisión, entonces, es retomar un mercado, en el que probaron, a pesar de los resultados, su aceptación.



Su experiencia en Venezuela y Ecuador ha sido, según ellos, muy positiva. En Venezuela, el año pasado bordearon los US$200.000 en ventas. Sin embargo, para este año, con la apertura de otros dos almacenes (y completar 4 en el vecino país), esperan superar los US$1,5 millones en ventas. El esquema se adelanta con socios locales (J&J tiene una participación accionaria del 60%). Su estrategia es la de tener 10 almacenes propios para finales del 2002 y otros 5 con franquicias.



Los pasos siguientes son Centroamérica y, finalmente, Brasil y Argentina. Varios socios potenciales han hecho contactos para ingresar a los mercados de Guatemala y El Salvador.



Además, junto con Cidetexco, Colciencias y el BID, J&J adelantó un proceso de desarrollo tecnológico de la planta para el mejoramiento en su producción. De 40.000 unidades producidas en enero del 99, en abril de este año llegó a 70.000. Los tiempos de fabricación por unidad de camisas, por ejemplo, pasaron de 75 minutos a 20 y solo por reducción de costos ha ahorrado cerca de $600 millones.



La rotación de inventario también disminuyó de 284 días a 126 y los ingresos generados por empleado pasarán de $25 millones en el 99, a cerca de $35 millones al finalizar este año.



"Sin embargo, el riesgo en diseño para las empresas de moda debe ser cada vez mayor", explica Julio Alejandro Molano, gerente de J&J.



Por eso, desde ahora, empezarán sus nuevas colecciones con un año de anticipación, al igual que en los países europeos. "En Colombia estamos muy tentados a copiar. Ahora el esfuerzo se debe centrar en el riesgo y en las apuestas a nuestros propios diseños".
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.