| 11/17/1998 12:00:00 AM

Héroes de película

Hacer cine en Colombia no es muy atractivo, aún así hay pioneros que se arriesgan. Con el próximo aumento del número de salas de exhibición, su suerte podría cambiar.

"La vendedora de rosas" es la película colombiana de más éxito en mucho tiempo. Ganó varios premios latinoamericanos y tuvo buena prensa en Europa. En sus primeras 11 semanas en cartelera alcanzó los 450.000 espectadores en Colombia y su éxito continúa. Como punto de referencia, "La máscara del Zorro", una superproducción de Hollywood, atrajo cerca de 600.000 espectadores en sus primeras 6 semanas.



A pesar de su éxito entre el público, es poco probable que "La vendedora de rosas" vaya a ser un buen negocio para sus productores. De los $2.000 millones invertidos en la producción sólo se han recuperado $500 millones. Es cierto que esto no sorprende a nadie, pues como lo dice Erwin Gogel, director de fotografía de la película y quien estuvo a cargo de reunir el dinero para la producción, "en Colombia se hace cine por amor al arte, no por negocio". Pero queda la pregunta: ¿si una película que ha tenido el reconocimiento de la crítica y éxito en taquilla pierde plata, qué posibilidades tiene el cine en Colombia?



Los números no dan



En Colombia se presentan 300 películas al año. De ésas, 80 son pornográficas, 200 vienen de Estados Unidos y las 20 restantes son producciones de otros países, incluyendo las colombianas. Mientras Brasil produce 100 películas al año y Argentina 40, en Colombia escasamente se harán 10 en este año.



Los números explican esta debilidad de la producción. El precio promedio de una boleta de cine en Colombia se acerca a $3.000. Los exhibidores se quedan con un porcentaje de la taquilla que fluctúa entre el 40 y el 60%, según cada negociación.



Por su lado, los costos de una película muy modesta pueden arrancar en $200 millones. Pero a medida que la calidad aumenta, rápidamente pueden escalar hasta los $2.000 millones o más. Estos gastos no se limitan a la producción propiamente dicha, pues la distribución y promoción pueden ser la mitad del total. Una película que se respete debe tener un buen presupuesto de publicidad (en la promoción en Colombia de una cinta como "La máscara del Zorro" se gastan en promedio $120 millones). Cada copia tiene un valor de US$3.000 y hay que pensar en tener bastantes copias para lograr una adecuada exhibición. Los gastos de distribución incluyen viajes al exterior a los distintos festivales de cine y a buscar mercado.



En síntesis, una película que cueste $2.000 millones necesita cerca de 1'300.000 espectadores para poder recuperar la inversión. Pero en Colombia es rara la película que logra estos niveles de audiencia. Según estudios realizados por la Corporación del Nuevo Cine Latino, las únicas películas que consistentemente alcanzan el millón de espectadores en Colombia son las superproducciones de Disney que aparecen en los períodos de vacaciones escolares, como "Pocahontas", "El rey León" o "La sirenita". La única película colombiana que ha alcanzado este tipo de resultado es "La estrategia del caracol", que llegó a 1'600.000 espectadores. Las perspectivas, entonces, no muy son buenas.



Pero insisten



A pesar de todo, en Colombia se produce cine. De hecho, en este momento se están haciendo varias películas. Este es el caso de "Juana tenía el pelo de oro", que dirige Pacho Botía, basada en una historia de Alvaro Cepeda Zamudio. Para financiar la cinta se está empleando tanta imaginación como para escribirla. Con una beca inicial de cine de Colcultura por $250 millones y un presupuesto de aproximado de $900 millones, el director y el productor crearon una fórmula financiera atractiva para convencer a algunos empresarios de invertir en su película.



A estos inversionistas se les ofreció una participación preferencial en los ingresos que produzca la película. Por cada peso generado ellos recibirán 80 centavos, hasta recuperar el 140% de su inversión. A partir de ese momento, la participación de los empresarios sería del 25% y los ingresos se repartirán de acuerdo con el porcentaje de inversión. Con esta perspectiva, y liderados por Roberto Caribe, empresario costeño, alrededor de 15 inversionistas se unieron al proyecto con entre $10 millones y $25 millones cada uno. Jaime Abello, el productor de "Juana...", considera que con 250.000 espectadores los inversionistas llegarán al 140% de la inversión. Este sistema esencialmente privilegia a los inversionistas externos y concentra el riesgo en los productores de la cinta. Pero permite que la película se haga.



Ernesto McCausland también se las ha ideado para financiar su película "El último carnaval". Con esta producción, que será presentada a finales de año, McCausland trata de probar que con $200 millones se puede hacer buen cine. El esquema que ha usado para financiar la cinta dispone que los actores, los guionistas, el director y los técnicos no recibirán un centavo antes de que la película sea exhibida y produzca utilidades. Al igual que en el caso de "Juana tenía el pelo de oro", hay empresarios de la Costa Atlántica en el proyecto. Además, McCausland ha recurrido al patrocinio de varias empresas.



¿Qué hacer?



Estos ejemplos dejan ver que los productores de cine tienen muchas ganas de hacer sus películas, motivo por el cual tratan de demostrar que en algunos casos esta actividad puede ser un negocio rentable. El problema que enfrenta esta industria es el mismo de muchas otras en Colombia: el mercado es muy pequeño para la magnitud de la inversión.



Pero aquí paran las similitudes con otros sectores de la economía.

El cine es un producto especial, pues por su capacidad para sintetizar valores y crear identidad, su impacto económico puede superar los ingresos de la taquilla. El impacto de las películas de Estados Unidos en el mundo no sólo tiene que ver con boletas vendidas, sino con la expansión internacional de los valores culturales de Estados Unidos. Cada película de ese país que tiene éxito contribuye a crear un ambiente favorable para las ventas de Coca-Cola, Ford, IBM...



Con este argumento se podría defender el apoyo del Estado a la industria cinematográfica. De hecho, en la mayoría de los países en desarrollo donde ésta existe, el Estado interviene en una u otra forma. En Argentina, por ejemplo, el Estado le paga al productor el 50% de cada boleta que venda. En Brasil, donde se negocian las acciones de las películas en la bolsa, hay una rebaja de impuestos para las personas o empresas que invierten en cine.



En Colombia se están empezando a considerar opciones similares. Sergio Cabrera, actual representante a la Cámara de Representantes y conocido director, está promoviendo una ley para el desarrollo de la industria que mezcla elementos de estos dos modelos y añade un fondo que preste recursos con bajos intereses a los productores.



La propuesta es controversial. Dada la aguda crisis fiscal, éste no es de ninguna manera el momento para dar prioridad al cine. Además, la experiencia de Focine no es el mejor antecedente sobre una participación positiva del Estado en esta industria. De todas maneras, cualquier medida que se tomara debería estar ligada a los gustos del público: si se dan apoyos, éstos deberían ir a películas que la gente quiera ver. El mecanismo argentino de atar los apoyos al resultado de la taquilla iría en la dirección adecuada.



Pero también es posible que el desarrollo del propio mercado contribuya más a la solución que cualquier acción estatal. Aunque el problema hasta ahora ha sido el escaso tamaño de las taquillas, la verdad es que cada día son más los colombianos que van a cine y las ventas, que actualmente se acercan a $45.000 millones al año, tienen una buena perspectiva. Por algo será que Cine Colombia planea abrir próximamente 40 salas y que la Casa Editorial El Tiempo entrará con todo en el negocio de la exhibición de cine. Esta puede ser la vía que permitirá que más películas colombianas logren taquillas por encima del millón de espectadores. Y aquellas personas que desde ya se las ingenian para hacer cine en Colombia llevarán la delantera.
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