| 2/1/2008 12:00:00 AM

Guerra pirata

Todos los países del mundo se enfrentan a una guerra millonaria, la piratería y la falsificación, en la que el consumidor, el gobierno y la empresa privada son los afectados. El ahorro aparente del consumidor se traduce en despidos masivos, productos más caros y menos ingresos legales para las economías.

La piratería y la falsificación son una industria millonaria. Según cifras de la Organización para la Cooperación Económica y de Desarrollo (OCED), el comercio de estos productos generó ingresos por más de US$200.000 millones en 2005, lo que es equivalente a 2% del comercio mundial en ese mismo año. Según esta organización, si se incluye la piratería digital, al igual que la producción y el consumo doméstico de productos piratas y falsificados, la cifra aumentaría US$100.000 millones más. En la Conferencia Anti-piratería realizada en Roma a comienzos de diciembre pasado, se hizo un llamado de atención a todos los países para que le den una mayor prioridad al tema, para que conformen sistemas de cooperación internacional y exijan mayores castigos para quienes producen, distribuyen y venden estos productos. Durante la conferencia se dijo que casi todos los bienes de consumo están siendo pirateados y falsificados, no sólo bienes de lujo, música o películas como era la práctica anteriormente. Los alimentos, bebidas y productos de aseo personal son el nuevo mercado vulnerable.

John Dryden, funcionario de la OCED, explicó que hay cinco problemas prioritarios que surgen a partir de la piratería y la falsificación, que requieren una actuación rápida y agresiva. "En primera instancia, existe una enorme ambigüedad y ambivalencia frente a la definición de piratería y falsificación en los diferentes países. Por otra parte, en muchos países este tema no es una prioridad y, seguidamente, los castigos o sanciones son poco fuertes. Consecuentemente, las redes del crimen organizado que manejan los sistemas de piratería y falsificación son cada vez más fuertes y, finalmente, las empresas que son víctimas de estos crímenes prefieren no comentar el problema, para que este no afecte su imagen", afirma. Sin embargo, el funcionario señala que ya el problema no es cuestión de pérdidas para las grandes empresas. "La realidad es que la industria de la piratería ofrece y produce productos de baja calidad que pueden ser peligrosos para la salud y la seguridad de las personas", explica John Dryden.

¿Quién gana?

El informe titulado El impacto económico de la falsificación y piratería, presentado en 2007 por la OCED, señala que falsificadores y piratas escogen sectores muy rentables y productos con márgenes altos. A su vez, para elegir con cuál producto engañarán a los compradores, tienen en cuenta los niveles de detección, el tamaño del mercado y los retos tecnológicos y logísticos de producirlos y distribuirlos. De esta manera, los productos piratas que se ofrecen ya no son sólo imitaciones baratas de artículos de lujo, sino alimentos, artículos de uso personal, remedios y bebidas alcohólicas, entre otros.

Existen dos sub-mercados de la piratería. El mercado primario es aquel en el que los consumidores compran un bien pirateado o falsificado creyendo que han adquirido un artículo genuino, es decir, son engañados. En el mercado secundario los consumidores buscan descuentos y compran productos falsificados y pirateados con pleno conocimiento de su origen y calidad. El tamaño del mercado secundario está determinado por la diferencia entre el precio del bien genuino y el producto pirata, y la demanda aumenta cuando el descuento es significativo.

Dryden explica que los consumidores se equivocan al justificar la compra ilegal en el ahorro que pueden hacer frente al precio del artículo original. Este pensamiento ha generado un impacto particularmente severo en la industria discográfica y fílmica. El ahorro en la boleta del cine o el disco compacto tiene consecuencias en el largo plazo. "Los adultos ven estas compras como un crimen sin víctimas porque hay tantos DVD y CD piratas en el mercado. Pero necesitamos darle la vuelta a este concepto y hacerles ver que aunque la industria cinematográfica parece exitosa ahora, no lo será si la piratería continúa a este ritmo", afirma Geraldine Maloney, vocera de la Asociación Fílmica.

La industria discográfica es la que ha mostrado mayores pérdidas, pues según cifras de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI) en 2005, más de 20.000 millones de canciones fueron intercambiadas y descargadas ilegalmente. A su vez, reportaron que cada uno de tres discos compactos comprados alrededor del mundo era una copia ilegal. Se estima que 37% de todos los discos compactos comprados legal o ilegalmente en 2005 fueron piratas, es decir 1.200 millones en total, donde las ventas de discos piratas superaron las ventas de discos legítimos en 30 mercados. La piratería se traduce en que muchos empleados del sector discográfico pierden sus trabajos, y no en que los artistas famosos dejen de comprar más mansiones o carros, pues habrá quien se los patrocine. El caso más evidente es el de la disquera EMI Music que en los últimos cinco años ha tenido que reestructurar tres veces su compañía por las malas ventas a causa de la piratería. En 2002 EMI despidió 1.800 empleados y en 2004, 1.500 a nivel mundial, en 2007 despidieron 1.300 empleados para recuperar US$250 millones en costos.



Ahorro que cuesta

La OCED señala que la piratería y falsificación conllevan mayores costos de protección para los productos. Los gastos en empaque y litigios jurídicos desplazan los de investigación y desarrollo que son en últimas los que permiten conseguir artículos de mejor calidad. El impacto también se observa en el recaudo de los gobiernos, que disminuye por la piratería. Con esto, afirma la organización, se recurre a impuestos de otra naturaleza como el de ventas, que afectan directamente al consumidor.

También hay riesgos para los compradores. "Bienes importados falsificados, como enseres eléctricos, pilas, baterías y luces navideñas causaron cortos circuitos que desencadenaron múltiples incendios y muertes en los hogares estadounidenses durante 2006 y 2007", explica David Faulconer, director del Departamento de Seguridad Doméstica de Estados Unidos. El año pasado, la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos, la FDA, reportó nueve marcas de cremas dentales de origen chino, que tenían un alto contenido del químico venenoso dietilenglicol, común en anti-refrigerantes. Este químico no es un componente de la fórmula tradicional de las cremas dentales y es muy nocivo para la salud.

Aunque el panorama en la reducción de piratería no es alentador, hay soluciones que requieren una actitud conciente por parte del consumidor y exigente por parte de los gobiernos. "No hay que tenerle miedo a imponer sanciones estrictas, hay que actuar con vehemencia y decisión", afirma David Faulconer. Aunque la alternativa del garrote es efectiva para la piratería ya existente, hay que convencer a las nuevas generaciones de no comprar este tipo de productos. En un programa pionero, la industria fílmica británica trabajó con estudiantes de escuelas londinenses de 11 a 14 años. Inicialmente les mostraron los números de la piratería. La segunda parte del programa se concentró en mostrar alternativas y finalmente, en ver el impacto que tendrá sobre sus vidas. "Queríamos hacerles entender que la piratería puede no afectar la realización de las grandes producciones cinematográficas, pero sí la de películas como las que ellos quisieran hacer al comienzo de sus carreras, si quieren hacer parte de esta industria", señala Ian Wall, director de la Asociación de Educación Fílmica del Reino Unido. Es decir, si se trabaja en el interés personal de las futuras generaciones y cómo este se verá afectado por no cooperar en la lucha de la piratería, se construirá una herramienta efectiva que es un comienzo para resolver este complejo problema.
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