| 2/20/2014 5:00:00 AM

Se va a Ecuador

Chaidneme, uno de los principales grupos industriales de Colombia, decidió trasladar parte de sus operaciones al vecino país. La razón: la industria automotriz enfrenta un problema estructural que hizo crisis.

Ecuador no sólo sorprende por sus avances en infraestructura, salud y educación. También se ha vuelto más atractivo para los empresarios colombianos; por lo menos para los golpeados industriales de los sectores automotor y de autopartes.

Ese es el caso del Grupo Chaidneme, que ya trasladó a Ecuador parte de la línea de módulos para suspensión de vehículos. Ahora está moviendo hacia ese país una parte de la planta de amortiguadores, la cual empezará a entregar producto en mayo próximo; la meta es fabricar 25.000 por mes. Además, va a trasladar una parte de la producción de resortes de ballestas y helicoidales.

El gobierno del presidente Rafael Correa decidió implementar una política de fomento a la producción industrial. Para ello ha ofrecido garantías a la inversión que se radique en Ecuador. “Nos dan facilidades financieras y para compras de terrenos, además de alivios en temas impositivos y fiscales”, explica Nayib Neme, presidente del grupo.

El anuncio tiene su carga de profundidad porque no se trata simplemente de la expansión internacional de uno de los más importantes grupos industriales de Colombia; por el contrario, es una noticia preocupante sobre un conglomerado local que busca mejores condiciones para su subsistencia, pues la situación se le puso difícil hace tiempo.

“Desde hace muchos años vengo diciendo que aquí (en Colombia) no se quiere a la industria”, señala Neme, quien ha sido un duro crítico de la política industrial de las últimas décadas. El sector mostró una dura caída durante los últimos dos años, la revaluación del peso le restó competitividad a la industria local y la entrada en vigor de varios acuerdos comerciales inundó de vehículos importados el mercado nacional.

Por eso, Neme asegura que “el país está viviendo una desindustrialización que no es de coyuntura, sino estructural, y ya hizo crisis”. El caso de la industria automotriz es el más crítico. Las cifras le dan la razón. En 2007, las ensambladoras nacionales lograron producir más de 180.000 vehículos, una cifra histórica. “Pero desde entonces ha ocurrido un descenso vertiginoso hasta 2013, cuando la industria no llegó a las 130.000 unidades”, señala. Eso significa que este sector prácticamente se redujo en una tercera parte en menos de siete años.

Las ensambladoras colombianas han perdido más de 40% del mercado; hoy los carros ensamblados en Colombia apenas representan 30% del mercado, cuando en sus épocas gloriosas llegaron a ser 70%. Esto no significa que los colombianos no estén comprando vehículos: por el contrario, la industria total (nacionales más importados) ha mantenido ritmos de crecimiento importantes y llegó en 2011 a un récord histórico de 325.000 unidades. En pocas palabras, hoy el mercado automotor de Colombia está dominado por las marcas importadas.

“Nadie sabe lo que significa la calidad del empleo en industria automotriz eso no se reemplaza con ninguna industria, ni echando palustre”, advierte. Por cuenta de la crisis, el Grupo Neme ha perdido más de 1.000 puestos de trabajo durante los últimos dos años. Ahora, con el anuncio de Ecuador, es posible que otro tanto de los más de 3.000 empleos que todavía conserva se pasen al vecino país, pues la idea no es duplicar producción.

Las razones de la crisis son claras: la coreanización del mercado y la llegada ‘a velocidad crucero’ del tratado con México. Las importaciones de carros desde México durante los 90 no llegaron a superar los 80 vehículos, pero en 2012 fueron más de 58.000. “Hoy México produce tres millones de vehículos al año. Así, las economías de escala que se logran son muy importantes”, señala.

El alto ejecutivo ha reiterado en distintos escenarios sus críticas a la política industrial de las últimas décadas. “Yo creo que es necesario retomar los TLC y renegociarlos en condiciones buenas. Pero claramente es difícil que eso ocurra”, insiste.

El golpe que ha recibido el país es contundente. Por ejemplo, el déficit comercial a México supera los US$5.000 millones anuales. A noviembre del año pasado ya iba en US$4.180 millones. Eso mismo ocurre con otros países con los que Colombia ha firmado tratados recientemente.

“Hemos visto crecimiento de las exportaciones mexicanas y no de las exportaciones de Colombia. México no necesita nada de nosotros”, señala.

La salida

En el último año, el gobierno Santos ha tratado de establecer medidas para aliviar la situación de la industria automotriz. Por ejemplo, se ha llegado a un acuerdo para el manejo de los CKD, que son la médula de los vehículos que luego se ensamblan en Colombia. Las medidas implementadas permitirán contar con más información sobre contenidos y precios de las autopartes que conforman los CKD. Esto servirá igualmente para verificar los niveles de componente nacional de los carros.

Además, hay un programa de financiamiento para los autopartistas que cuenta con un cupo de $50.000 millones con tasas de interés aceptables. Pero la incertidumbre sobre la producción local hace que muchos lo piensen a la hora de endeudarse para aumentar su producción, pues no hay garantía de que las ventas de autopartes nacionales vayan a crecer.

A la hora de hablar sobre los cambios necesarios en la política para la industria, Neme señala que “en el sector automotor se están dando los primeros pasos, bien orientados por cierto. Necesitamos una política industrial más amplia, un manejo distinto, más organizado, con una visión de más largo plazo y mayor envergadura”, explica. Para él, lo que más los ha afectado es la decisión unilateral del país de abrir su economía a comienzos de los 90 y la ola de Tratados de Libre Comercio en los últimos años.

El Gobierno debería, según Neme, trabajar en cuatro frentes. Primero, que Colombia se concentre en camiones medianos con capacidades de 6 a 15 toneladas. “El país tiene la infraestructura para producir. ¿Para qué los importamos cuando aquí se pueden hacer?”, se pregunta.

Es el mismo caso de los taxis. “Este es el único país que teniendo ensamble, importa taxis; ni siquiera Inglaterra o Estados Unidos. En este tema lo importante son las especificaciones de seguridad”, explica.

En tercer lugar, ratifica que se deberían producir carros de menos de 2.000 centímetros cúbicos, porque “tenemos la capacidad suficiente para hacerlo y a buenos precios”.

Y, finalmente, propuso que, si el objetivo es impulsar la industria nacional, el Estado colombiano compre sólo carros nacionales.

Esas cuatro estrategias permitirían lanzarle un salvavidas a la cada vez más golpeada industria nacional de ensamble. El más reciente hecho que ratifica la situación de crisis es el eventual cierre de la planta productora de carros de Mazda en Colombia.

Neme asegura que la industria no está cruzada de brazos, esperando la ayuda estatal. “Nosotros –dice– somos productivos. Nos hicieron una revisoría en amortiguadores y nuestra fábrica es una de las que tienen más productividad del mundo”.

En cualquier escenario, lo que ve Neme es que el problema exige de buenas políticas, porque la situación podría empeorar. “Mientras más se deteriore la situación de la industria, van a tener que ser más heroicas las medidas gubernamentales para aliviarla”, asegura. Ni siquiera la reciente devaluación del peso frente al dólar les va a mejorar los balances, pues insiste en que se trata de un problema de estructura y no de coyuntura.

El panorama para esta industria es crítico: mientras los balances de las firmas automotrices y autopartistas se siguen deteriorando, los inversionistas del sector empezaron a encontrar que su futuro está en otros países como Ecuador. ¿Cuál será el final de esta historia? Le llegó la hora al país de definir si quiere o no seguir contando con industria automotriz. La pregunta queda planteada y la respuesta está en manos del gobierno Santos.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?