| 10/26/2007 12:00:00 AM

Gota por gota

Mientras los negocios van bien para todas las cerveceras en Asia y América Latina, en Estados Unidos la competencia se pone cada día más reñida. Las materias primas se encarecen y los consumidores prueban nuevas bebidas.

En las luengas carreteras que marcan la geografía estadounidense, en la máxima fiesta deportiva de ese país que es el Super Bowl año tras año, o en las pícaras fiestas de universitarios que se desbordan cada verano gringo, la cerveza siempre ha estado presente. Refrescando gargantas o mojando camisetas ha sido una especie de bebida nacional para la vida popular. ¿Y dónde no?.

Pero desde hace unos cuantos años, la relación se ha fracturado un poco y los estadounidenses han abierto su radar gustativo a nuevas propuestas; apertura que han capitalizado los vinos y le han quitado parte de su reino a la amarga y querida cerveza; tanto así, que hoy el negocio de los expendedores de licor en EE.UU. muestra que en su torta de casi US$30.000 millones al año, el 25% corresponde a la venta vinícola, a solo 5 puntos de los cerveceros (30%) que de todas maneras no dominan, porque son las ventas de licores (spirits en código de ese mercado) como ginebra, vodka, ron, brandy y cocteles, los que mandan con el 40% de los ingresos de los expendedores, según Beer Marketer's Insights.

En este contexto es que se ha dado la noticia, de alguna forma esperada, pero no por ello menos noticiosa, de una alianza entre dos de las más grandes casas cerveceras presentes en EE.UU.

SABMiller, la segunda mayor, y Molson Coors, la tercera, anunciaron la fusión de sus operaciones en ese país, lo que representa la unión de dos grandes contra el gigante que conduce la mitad del mercado cervecero, la Anheuser-Busch (AB).

El joint venture entre SABMiller Brewing y Molson Coors genera un holding con una facturación mayor a US$6.600 millones por año y un poder de producción de 69 millones de barriles de cerveza, con un presupuesto publicitario combinado superior a US$445 millones por año, además manejarán el 30% del mercado que lidera Anheuser con el 50% y sus dos marcas estrella Bud Light y Budweiser.

"Esta operación se debe a un profundo cambio dentro del mercado de bebidas alcohólicas en EE.UU.", aseguró Pete Coors, vicepresidente de Molson Coors, al sitio AdWeek. "Los consumidores están ampliando sus gustos y buscan nuevas y diferentes opciones. Los vinos y las bebidas espirituosas están participando en momentos de consumo que antes pertenecían a la cerveza. A su vez, los importadores, y las cervezas artesanales, están ganando más espacio dentro del consumo", explicó Coors.



Solo el comienzo

"Tiene sentido estratégico", afirma, refiriéndose a la fusión, Ben Maitland, analista de WestLB en Londres, y argumenta que SABMiller obtendrá economías de escala en Estados Unidos, donde tienen problemas de logística para ampliar sus zonas de influencia actual en la región septentrional de EE.UU. "Se trata principalmente de ahorro de costos y economías de escala más que de crecimiento", concluye el analista. Y es que SAB y Molson han tenido que enfrentar los malos tiempos del trigo y el aluminio, insumos clave en su operación que, empujados por el maíz y China respectivamente, pueden haber aumentado sus costos anuales entre US$150 y 200 millones, según datos de BizWorld, lo que agudiza el efecto de los buenos tiempos de Baco (dios del vino de los romanos) en el reino del Tio Sam.

Por eso no es de extrañar que uno de los principales mensajes de los voceros de esta unión hable de los ahorros por US$500 millones que se esperan en Miller Coors (el nombre de la nueva compañía).Estos beneficios se darán "(...) a partir de las sinergias entre las compañías, relativas a producción a través de la red de cervecerías que existe en el país, reducción de costos de transporte y la incorporación de economías de escala en nuestras operaciones, así como de eliminar la duplicación de servicios corporativos y de mercadeo", dicen en SABMiller, y anotan que este ahorro en costos anuales sería solo posible desde el tercer año de la consolidación de las operaciones conjuntas.

Si bien los medios se han enfocado ampliamente en la necesidad de que SAB y Molson unan sus fuerzas para tratar de darle vuelta a la tendencia de retroceso que los ha marcado en los últimos años en el mercado de EE.UU., y que ilustra claramente la caída del 1% de Miller Lite, que compite con Bud Light de AB, lo que esta unión también marca es la proximidad de futuras alianzas para no ceder en un terreno bastante irregular.

Es por ello que ha cobrado relevancia la previsión del Citigroup acerca de una boda entre la belga InBev y AB, que de paso crearía el mayor grupo cervecero del mundo con ventas anuales superiores a los US$32.400 millones. Que de paso sería una clara respuesta de estas compañías a la estrategia exitosa de SABMiller alrededor del mundo, que ha realizado múltiples compras y fusiones con cerveceras de los cinco continentes y desplazó en el plano mundial a Anheuser, relegándola al tercer lugar.

De cristalizarse, esta jugada blindaría a AB en su principal mercado, al crear un monstruo logístico con poderosos tentáculos en todo el país, y que de paso la fortalecería en un segmento que las cerveceras han buscado abrir y cimentar ahora, el de las marcas importadas. AB tiene el control accionario del Grupo Modelo de México, séptimo productor del planeta y segunda marca en importaciones en EE.UU. después de Corona.

Sobre este punto, SABMiller explica que la fusión les permitirá ofrecer a los consumidores una mayor oferta de cerveza y una mejor distribución de las marcas importadas. Entre los productos que ambas empresas importan están Peroni, Molson y Pilsner Urquell, también las marcas artesanales como Blue Moon y Henry Weinhard's.

Además, "la combinación contribuirá a un portafolio más diferenciado y completo, así como a lograr inversiones más efectivas en el mercadeo de nuestras marcas", dice SABMiller y destaca que "MillerCoors tendrá mayor flexibilidad y recursos para desarrollar productos e incrementar la innovación en sabores, atributos y presentación de sus marcas".

El capítulo estadounidense de la consolidación de la industria cervecera mundial promete ser el prólogo de una lucha más enconada por crecer en un mundo cada día más amargo para la cerveza, y más dulce para los vinos. Aunque claramente ya es la introducción de una lucha por salvar el espíritu de la fiesta y la salud de las arcas cerveceras en la meca del negocio.
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