| 9/5/2003 12:00:00 AM

Gol del Chicó

Un equipo bogotano de la primera 'B' es hoy la única sociedad anónima del fútbol colombiano, y lidera con su ejemplo la democratización de este deporte en el país.

Para la historia quedará el Chicó Fútbol Club como la primera sociedad anónima constituida en el balompié colombiano; y aunque por ahora es la única, su solitaria experiencia revive el debate sobre la democratización del fútbol en el país. De sus éxitos y fracasos dependerá la acogida futura que tenga este esquema en nuestro medio.

El proyecto busca demostrar que en Colombia el fútbol también puede ser una buena alternativa de inversión, siempre y cuando sea manejado con los mismos criterios de cualquier empresa privada, es decir, como negocio. Y esa es la tendencia mundial, pues cada vez más equipos se constituyen como sociedades anónimas y sorprenden por sus buenos resultados.

Hace mucho que este deporte demostró ser un excelente negocio. El ejemplo más reciente fue la gira asiática que realizó el Real Madrid, de España, a mediados de este año, en la que jugó cuatro partidos y cobró 8 millones de euros. Pero el caso colombiano es bien distinto, pues 34 de sus 35 clubes profesionales (18 en la categoría 'A' y 17 en la 'B') funcionan como entidades sin ánimo de lucro, y muy pocos dan utilidades. Apenas sobresalen por su gestión administrativa equipos como Deportivo Cali, Independiente Medellín y Once Caldas, con una concienzuda labor que busca volver este deporte una actividad rentable.

Sin embargo, la pobreza generalizada de los clubes locales contrasta drásticamente con la opulencia del fútbol en otras latitudes. "Para un inversionista, es imposible meterle plata a una entidad sin ánimo de lucro; aunque los equipos quisieran transformarse en sociedades anónimas para ser más atractivos, no pueden hacerlo, pues en Colombia la ley no contempla esa posibilidad", dice Juan Carlos Peña, asesor del Ministerio de Cultura para el deporte y la recreación.

La única salida sería liquidar el club y volver a constituirlo como sociedad anónima, un paso que nadie se ha atrevido a dar. "Por eso, desde el gobierno impulsamos a finales del año pasado la democratización de este deporte, mediante un proyecto de ley que exigía a todos los equipos profesionales convertirse en sociedades anónimas. Pero la iniciativa quedó pospuesta para futuras legislaturas", agrega Peña.



Más y menos

Los equipos colombianos han pedido mejores condiciones tributarias para dar ese paso, pero mientras tanto la realidad del balompié criollo preocupa. "Hay muchos obstáculos en Colombia. Los escenarios no pertenecen a los clubes y son poco atractivos, el 40% de sus ingresos está gravado y abundan los intereses particulares. Aunque a la gente le gusta mucho el fútbol, no hay una cultura de asociación y mucho menos de inversión en el deporte. Este es un país de hinchas del resultado, más que de los equipos; por eso, veo difícil que muchas personas asuman eternamente una cuota mensual de sostenimiento para un club en particular", comenta un especialista en el tema.

Pero en medio de esa coyuntura, el Chicó F.C. se constituyó en la primera y única sociedad anónima del fútbol criollo, con 2.000 socios gestores vinculados. "Creemos en las bondades de este deporte como negocio, cuando erradique la corrupción y comience a funcionar con los mismos criterios del sector privado", dice el presidente del equipo, Mariano Díaz.

El proyecto nació en diciembre de 2002, cuando un grupo de empresarios liderados por Díaz le propuso al ex futbolista Eduardo Pimentel no renunciar a continuar con el equipo y probar con un nuevo esquema de administración, gestión comercial y financiera para salvarlo. Hasta ese momento, el Chicó Fútbol Club le pertenecía en un 99% a este ex alumno del colegio bogotano Gimnasio Moderno, institución común a varios de los interesados en promover el equipo al comienzo de la nueva etapa.

La sociedad anónima eligió entonces un esquema fiduciario de administración, sin precedentes en el balompié colombiano, que busca garantizar la transparencia en su manejo y así devolver la confianza al sector privado para invertir en acciones o patrocinios. "El producto Chicó tiene varias ventajas. Es un equipo distinto, conformado por jugadores y administradores capacitados, y con principios y valores morales definidos. Además, tiene un enfoque publicitario y de mercadeo acorde con los tiempos modernos", agrega Mariano Díaz.

El resultado de gestión de la nueva administración en lo corrido de este año es muy satisfactorio, pues mientras en el aspecto deportivo el club se mantiene en la lucha por los primeros lugares, en lo económico ya cuenta con cinco patrocinadores: Manpower paga $5 millones mensuales por estar en la camiseta (sin exclusividad); AeroRepública aporta $80 millones al año en pasajes aéreos para los desplazamientos; Gatorade, $20 millones anuales en producto e indumentaria; el Grupo Colpatria, $20 millones por el derecho a vallas durante el año, y Leche Algarra, $75 millones por el 50% de las vallas al año.

Los nuevos dueños buscarán capitalizar el Club por el equivalente al 50% de la sociedad y, en cuatro años, tener 20.000 socios. Todo soportado en estrategias de mercadeo y comercialización permanentes; la construcción de un estadio para 8.000 personas, que generará sentido de pertenencia entre los hinchas (hoy juegan en El Olaya); la adquisición de una sede propia en 10 años, y la formación de un grupo de jugadores propio, hoy son más de 100, con edades entre 8 y 20 años. La venta de futbolistas es parte vital del negocio.

El Chicó Fútbol Club buscará entonces valorizar la categoría 'B', clasificar a la 'A', potenciar el fútbol como empresa, devolverle la confianza al sector privado en la administración de este deporte, consolidar una estructura empresarial perdurable en el tiempo y, lo más importante, demostrar que la democratización del fútbol es el camino. Son muchos los ojos que tiene encima este proceso para ver si la industria del entretenimiento en Colombia logra por fin sumar al esquivo fútbol entre sus puntas de lanza.
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