Gobierno corporativo: ¿Cómo confiar?

| 5/17/2002 12:00:00 AM

Gobierno corporativo: ¿Cómo confiar?

Los inversionistas ahora exigen que las empresas respondan con prácticas adecuadas de buen gobierno, si quieren acceder a mayores recursos. En América Latina, hay buenas iniciativas, pero aún falta mucho por hacer.

La confianza se perdió. El escándalo de Enron y Arthur Andersen desató una de las crisis de confianza más grandes de los últimos tiempos en el mercado. Los inversionistas comenzaron a darse cuenta de que la realidad era mucho más oscura de lo que pensaban y los cuestionamientos a las gestiones de las empresas se volvieron pan de cada día. Así, el mercado empezó a encontrar que la falta de políticas de gobierno corporativo era un problema que aquejaba a muchísimas más empresas de las que creían. Lo anterior, sumado a otros factores, ha tenido un efecto devastador en la canalización del ahorro hacia el sector productivo y la economía empezó a rezagarse. El capitalismo entró en crisis.



Parece una historia de terror. Sin embargo, el relato es más parecido a la realidad de lo que se cree. El mundo está dando los primeros pasos hacia este abismo y solo en la medida en que los actores del mercado tomen conciencia de la importancia de recuperar la confianza de los inversionistas y del público en general, el modelo continuará siendo sostenible. La crisis en el buen gobierno (o gobierno corporativo) es un problema que se está viviendo en el mercado mundial: los acontecimientos de Estados Unidos y los recientes colapsos de reconocidas empresas europeas, como SwissAir y Kirsh Media, sumados a las experiencias asiáticas con empresas como Daewoo, han puesto el tema en el ojo del huracán.



En América Latina, la crisis de confianza también se ha sentido de manera considerable. Los países de la región han empezado a cuestionar la transparencia de sus empresas, a raíz de la experiencia del resto del mundo. Además, han concluido que factores como el riesgo país que enfrentan, sumados a prácticas de corrupción, tráfico de influencias, inestabilidad y concentración de la propiedad, entre otras, les están exigiendo modificar sustancialmente sus acciones y adoptar unas buenas prácticas de gobierno corporativo, si quieren acceder a recursos internacionales.



En abril pasado, en México, se llevó a cabo la Tercera Ronda Latinoamericana sobre Gobierno Corporativo, a la cual asistieron entidades como la Organization for Economic Cooperation and Development (OECD), el Banco Mundial y el International Finance Corporation (IFC), además de instituciones privadas y públicas de países de la región, para discutir los avances en el tema de gobierno corporativo en América Latina y plantear algunas soluciones al problema.



"Un buen gobierno corporativo es crucial para apoyar un crecimiento económico liderado por el sector privado. Hoy se reconoce como una política pública de importancia creciente en la región, que depende del sector privado como un vehículo eficiente para la creación de riqueza", es la principal conclusión del encuentro.



Hoy no es un lujo tener un código de buen gobierno y, por supuesto, aplicarlo. Ahora se está convirtiendo en una necesidad y las empresas están empezando a reconocerlo. Si el inversionista confía en el manejo de la empresa y sabe que ella le respetará sus derechos, seguirá prestándole recursos. "Las cifras son directamente proporcionales a los mecanismos de protección a los accionistas", afirma Eugenio Marulanda, presidente de Confecámaras.



Los estudios teóricos así lo corroboran. La consultora McKinsey & Company llevó a cabo un estudio que concluye que los inversionistas están dispuestos a pagar un premium de 30% por una compañía bien gobernada en un mercado emergente. Así mismo, concluye que una buena gobernabilidad también es recompensada por una mayor valoración del mercado. Otros estudios del National Bureau of Economic Research (NBER) demuestran que las reglas de gobernabilidad marcan la diferencia. "Nuestros resultados muestran que las empresas con derechos del accionista débiles, generaron retornos significativamente menores, fueron menos valoradas por el mercado, tuvieron un desempeño operacional más pobre y se involucraron en más gasto de capital y tomas hostiles", afirman los autores del estudio.



Un buen camino por recorrer



La pregunta generalizada es qué tan bien preparados están los países latinoamericanos para abordar el gobierno corporativo. La respuesta es que, aunque ya hay algunas iniciativas (ver recuadro), aún falta un buen trabajo por hacer. La Ronda de México ha determinado ciertas características propias de la región que hacen esencial un esfuerzo conjunto para mejorar las prácticas de buen gobierno.



Los recursos internacionales se ven ampliamente restringidos por la falta de políticas claras. Un estudio del NBER demuestra que la inclinación del inversionista estadounidense por las acciones de Estados Unidos está directamente relacionada con el hecho de que en los otros países las acciones atractivas están en manos de unos pocos que concentran la propiedad. "La preferencia por invertir en el país de origen (Estados Unidos) está relacionada con el gobierno corporativo de las empresas", afirman los autores del estudio. Los países latinoamericanos se caracterizan por un alto nivel de concentración de la propiedad, por lo cual es esencial que el inversionista común encuentre garantías a sus derechos para que esté dispuesto a prestar sus recursos.



Además, las recientes reformas a los regímenes públicos y privados de pensiones hacen que el buen gobierno se convierta en un tema crucial para los fondos administradores de pensiones, que tienen la responsabilidad de garantizar un futuro a sus afiliados. En gran parte, ellos han exigido este cambio de mentalidad hacia el tema, pues solo en la medida en que confíen en las empresas estarán dispuestos a invertir en ellas. Como afirma Luis Fernando Alarcón, presidente de Asofondos, "el buen gobierno corporativo coincide con los intereses de los fondos y su responsabilidad de manejar el dinero de muchos trabajadores".



Otra de las características de la región que ha puesto sobre el tapete la necesidad de adoptar políticas de buen gobierno es la enorme influencia de los grupos industriales, tanto política como económica, pues pueden tender a coartar los derechos de los accionistas. El mercado latinoamericano ya está empezando a reconocer este fenómeno, por lo cual los grupos deben asegurarse de poner especial énfasis en el buen gobierno corporativo, si pretenden seguir teniendo acceso a recursos sin sobrecostos.



Sin embargo, el más importante argumento para que América Latina no se quede rezagada en términos de gobierno corporativo es el hecho de que el mundo está viviendo un proceso de internacionalización e integración económica que exige que todos los actores se comprometan con el desarrollo de sus economías y solo en la medida en que el buen gobierno logre convertirse en una constante en los negocios de la región podrá financiar este crecimiento.



¿Qué hacer?



El buen gobierno no pueda sintetizarse en unos cuantos puntos. Su estudio e implementación requieren un proceso estructurado a la medida de cada parte interesada. Lo verdaderamente importante, sin embargo, es que haya un compromiso tanto del gobierno como de la empresa y los inversionistas para que exijan una conducta de gobierno corporativo, transparente, eficiente y al alcance de todos, que impulse no solo una reforma profunda en los valores y la cultura organizacional. Esta política, además, debe estimular el desarrollo del mercado de capitales, condición básica para lograr el despegue de las economías.



El compromiso, entonces, requiere políticas concretas respecto a aspectos como compensación de ejecutivos, mecanismos de resolución de conflictos, papel de la junta directiva, derechos de los accionistas minoritarios y revelación de información, entre otros. Esto significa, además, que la tarea no es solo de las empresas sino que el gobierno y los inversionistas también deben participar activamente en el desarrollo de un marco de buen gobierno adecuado para el país.



Un buen punto de inicio es entender que el gobierno corporativo no es solo un tema de grandes "corporaciones", sino es una realidad que debe hacerse extensiva a empresas medianas que son las llamadas a canalizar la mayor parte del ahorro privado al sector productivo de una manera eficiente, si quieren desarrollar su máximo potencial. La adopción de prácticas de buen gobierno, además, debe ser cuidadosamente estudiada por el gobierno, que con la ayuda de la normatividad y del ejemplo dentro de sus instituciones, puede ser el eje de esta nueva cultura.







Colombia, ¿en qué va?

El país ya está dando los primeros pasos en materia de gobierno corporativo.

La revista Dinero, Confecámaras y otras entidades del sector privado están trabajando en un Código Marco de Buen Gobierno que pretende servir de base para la adopción de estas políticas.

Próximamente, Confecámaras establecerá el Centro de Gobierno Corporativo y Formación de Directores, que capacitará a ejecutivos, creará un centro de documentación y realizará investigaciones sobre el tema.

Actualmente y dentro de la Red de Competitividad, el gobierno lidera una propuesta para evaluar el estado de gobierno corporativo en el país e inculcar estos valores a la sociedad.

La Superintendencia de Valores ha promovido una reforma sustancial, dentro de la que promulgó las Resoluciones 275 de 2001 y 116 de 2002, con las que establece una normatividad sobre buen gobierno corporativo.

Actualmente, cerca de 70 empresas del país tienen códigos de buen gobierno.

En abril pasado, se creó la Red Interamericana de Gobierno Corporativo en la que participan institutos como Confecámaras (Colombia), Instituto Brasileiro de Governança Corporativa (Brasil), Instituto Argentino para el Gobierno en las Organizaciones y el Consejo Coordinador Empresarial (México), entre otros. Esta red permitirá a los países compartir conocimientos y experiencias sobre el tema y crear un marco de trabajo en equipo para el desarrollo de la región.
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