| 6/11/2010 12:00:00 PM

GLP: Revolución silenciosa

Los cambios en la regulación del mercado de gas licuado de petróleo (GLP) generan una situación de competencia más clara que abre la puerta a nuevos jugadores internacionales y acelera el proceso de consolidación.

Por años, el sector de gas licuado del petróleo (GLP), comúnmente conocido como el de los "cilindros" de gas, fue considerado como la cenicienta del sector energético. Mientras en energía eléctrica se tienen planeadas inversiones por más de US$8.000 millones en los próximos años, producto de nuevos proyectos de generación, distribución y transmisión, y el gas natural viene en plena expansión y más de 5,5 millones de usuarios en el país lo utilizan, el GLP vivía otra realidad.

Un negocio atomizado, sin jugadores internacionales, con gran peso de la informalidad y una competencia sin identidad en la propiedad de los cilindros, lo hacían muy poco atractivo para su expansión y desarrollo. Pero la historia está cambiando.

En 2007, la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg), inició un proceso de transformación en las reglas del juego que consistió, básicamente, en dos decisiones: la primera, como explica Juan Ignacio Caicedo, comisionado de la Creg, desarrollar un esquema según el cual la propiedad de los cilindros esté en cabeza del distribuidor y, además, marcados -terminando con el concepto de "cilindros universales"-; la segunda, que se le reconociera el pago a los usuarios que tenían la propiedad de los cilindros y les hicieran el cambio respectivo por los nuevos. El usuario tiene que dejar un depósito de garantía ante la empresa prestadora mientras usa el cilindro.

Estos hechos, sumados a otras exigencias de tipo técnico, como procesos y certificaciones de envasado, distribución y comercialización, están generando una situación de competencia más clara en el mercado, lo que ha abierto la puerta a nuevos jugadores internacionales y acelerado el proceso de consolidación e inversiones en las empresas colombianas.

Este desarrollo, calificado en Colombia por algunos como una revolución silenciosa, ha tenido exposición y reconocimiento internacional. En abril pasado, en el I Encuentro Iberoamericano de Autoridades Reguladoras de GLP, en México, Michael Kelly, director de desarrollo de mercados de la World LP Gas Association, manifestó que muchos países del mundo tienen problemas similares o peores a los que enfrentaba Colombia hace dos o tres años con el sector del GLP, y que la regulación adoptada en el país era un ejemplo del camino a seguir.

El sector y los cambios

Según la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, en Colombia se comercializan un promedio de 2,5 millones de cilindros al mes, siendo la presentación más vendida el cilindro de 33 libras (15 kilos), que representa 52% de las ventas totales. Anualmente se comercializan en promedio unas 620.000 toneladas de GLP, que representan un ingreso cercano a US$470 millones para las empresas distribuidoras.

A pesar del tamaño, desde sus inicios el sector ha presentado serias debilidades: la informalidad; el ejercicio de prácticas restrictivas a la competencia; la entrada de algunas empresas con poco capital y capacidad técnica; y el anonimato. Varias de ellas, fomentadas por el sistema operativo de distribución de GLP, basado en un "cilindro universal", han dificultado las tareas de los organismos de vigilancia ante la imposibilidad de demostrar la responsabilidad de un distribuidor frente al producto envasado y la relación usuario-empresa, característica de otros servicios públicos.

"Después de la penetración del gas natural, los vendedores de GLP vieron una contracción muy apreciable de su demanda y, en el desespero por tratar de mantener sus ventas, empezaron a entregarle cilindros al que pasara por la fábrica, y se presentó un agente que no existe formalmente en la regulación que se llamaba el fletero. Un personaje que en un vehículo compraba un número de cilindros y salía a venderlo por las calles. Así, el empresario perdió el contacto con el cliente y nadie respondía por ese cilindro", recuerda Caicedo, de la Creg.

El nuevo marco regulatorio del sector de GLP ha introducido importantes cambios a nivel comercial, tarifario y de relaciones entre los agentes de la cadena de prestación del servicio y de estos con los usuarios. En este nuevo marco, tres cambios cobran especial relevancia. Uno, la introducción de contratos de condiciones uniformes entre las empresas y los usuarios, que permite formalizar su relación y definir una asignación clara de la responsabilidad de la calidad en la prestación del servicio.

Dos, la implementación del esquema de marcación de cilindros que se soporta en el cambio de propiedad de los mismos. Hasta mediados de 2008 existía un intercambio permanente de los usuarios con las empresas de cilindros vacíos por cilindros llenos; es decir, todos los cilindros eran usados por cualquier empresa y por cualquier usuario, sin distinción. No había definición alguna respecto a la propiedad del cilindro. A este esquema de comercialización se le conoce como "parque universal de cilindros". Bajo el nuevo esquema, el distribuidor es propietario del cilindro y es el responsable de su adecuado mantenimiento. Para la implementación del esquema de marcación, se estableció un periodo de transición que termina el 31 de diciembre de 2010 y en el cual el parque de cilindros universales debe ser reemplazado por un parque marcado.

Y, el tercero, corresponde a la exigencia de certificación de aspectos técnicos y de gestión de calidad en las plantas de envasado de cilindros.

Para Andrés Peragallo, gerente general de la chilena Gasco en Colombia, "el cliente no asociaba el servicio a una marca; y eso, a su vez, está ligado a responsabilidades: cumplir procesos de envasado, certificación, seguimiento y trazabilidad en toda la cadena. El regulador abrió la puerta para que el cliente percibiera más de un atributo. Hoy solo percibe precio". Y, añade: "esta industria está en una fase inicial y la posibilidad de hacer una inversión atada a una creación de valor es muy importante. Estamos partiendo de niveles de servicio muy básicos y podemos llegar a dar servicios con un valor agregado muy relevante, lo que se convierte en una gran oportunidad para cualquier inversionista", puntualiza.

El efecto

¿Qué está generando este cambio en la regulación? Para Evamaría Uribe, superintendente de Servicios Públicos Domiciliarios, "el sector GLP se está moviendo, de un escenario de informalidad y bajos incentivos a la inversión, a uno de formalización de las actividades para generar estímulos a la inversión y a la innovación tecnológica".

La primera gran movida la protagonizó el grupo Gasco de Chile, un conglomerado que factura cerca de US$900 millones al año en distintos negocios energéticos, donde uno de los protagonistas es el GLP. Adquirió el 70% de Plexa, Vidagas y Almacenadora de Gas de Occidente, por un valor superior a US$17 millones y se quedó con el 14% del mercado. Sus planes inmediatos en Colombia se enfocan en alcanzar entre el 40% y 45% de participación. "Hemos encontrado mucho interés por parte de otros agentes para realizar alianzas o eventuales compras de empresas. El momento de Colombia es hoy, y no el próximo año, por lo que nuestras inversiones en el corto y mediano plazo pueden llegar a US$50 millones", dice Peragallo. Sin embargo, no se queda solo allí. La empresa tiene en sus planes, si es necesario, importar gas o, si hay una oferta muy grande en Colombia, exportarlo. "Si la autosuficiencia se pierde, hay que importarlo, pero también se podría exportar si hay excedentes, todo pasa por el mismo puerto y es un negocio que estamos evaluando. El mundo es tu proveedor", agrega Peragallo.

Los cambios en el sector han ubicado a Colombia en la mira de otros inversionistas. Inicialmente se habla de la posibilidad de que firmas chilenas, como Abastible -propiedad de Copec, que acaba de adquirir a Terpel- y Lipigas lleguen al mercado; así como compañías brasileras.

En el caso de las empresas colombianas, la transformación les permite a las formales y establecidas consolidar su presencia. "El sector se ha visto obligado a conformar alianzas estratégicas con nacionales y extranjeros debido a las necesidades financieras, de recursos tecnológicos y materiales en general", dice un vocero de Confedegas, uno de los gremios del sector.

Las empresas formales colombianas no se han quedado atrás para dar cumplimiento a las nuevas exigencias del esquema. Por una parte, se han generado nuevos procesos de consolidación. De 139 empresas que tenía el sector en 2006 -en la comercialización y distribución- pasó a 107 en la actualidad, según la Superservicios.

Y, por otra, con inversiones en certificación de plantas de envasado, renovación del parque de cilindros y mecanismos de comercialización y atención al cliente. De acuerdo con cifras de la Superservicios, en la renovación del parque de cilindros universales, con un parque de cilindros marcados propiedad de los distribuidores, se tiene proyectada la recolección de unos 4 millones de cilindros universales que deberán ser sustituidos por cilindros marcados. "Actualmente se han introducido en total 1'200.000 marcados", dice un informe de la entidad. Además, señala que en 2009 las inversiones del sector en propiedad, planta y equipo alcanzaron los $59.794 millones. "Fue un aumento significativo que llegó al 52%, cuando en 2007 y 2008, las variaciones se ubicaron en 18% y 7%", agrega el informe. Para la entidad, el desarrollo de estas inversiones ha implicado un esfuerzo muy importante de las empresas. En 2008 y 2009, el nivel de endeudamiento de los distribuidores fue de 53% y 55%, respectivamente.

La industria debe culminar el proceso de transición que le permitirá ver la transformación del sector, una competencia de las empresas mucho más enfocada en la calidad del servicio y una nueva alternativa para la diversificación de la oferta energética del país. Todo indica que la época de cenicienta quedó atrás.

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