Luis Ernesto Mejía, Ministro de Minas y Energía

| 7/25/2003 12:00:00 AM

Gashol, todos pagan

El fisco dejará de recibir US$98 millones anuales para que se le pueda adicionar 10% de etanol a la gasolina y estimular el agro. ¿Se compensa el sacrificio?

Los argumentos son atractivos. En 2005, cuando en las principales ciudades del país se empiece a vender gasolina con un 10% de etanol, no solo se va a reducir el impacto ambiental de ese combustible, sino que se va a contribuir a generar empleo en el campo, ya que el etanol se producirá principalmente a partir de la caña de azúcar.

En el aspecto social, se generarán 48.000 nuevos empleos y la siembra de caña de azúcar se incrementará en 58.000 hectáreas, según el Ministerio de Minas y Energía. En el aspecto ambiental, la Corporación para el Desarrollo Industrial de la Biotecnología y Producción Limpia, Corpodib, calcula que el uso del etanol permitirá reducir en 6 millones de toneladas año la emisión de CO2 en el país y, en el caso de Bogotá, la emisión de monóxido de carbono disminuiría en 27%.

Hasta aquí, no hay discusión sobre las bondades del gashol. Pero para que esto sea posible, el gobierno dejó el etanol exento de los impuestos que paga la gasolina (sobretasa, IVA e impuesto global) porque de lo contrario producir etanol no sería rentable. En otras palabras, dejará de recibir US$98 millones al año por esta exención.

¿Los beneficios que se derivan de las nuevas inversiones y de la generación de empleo compensarán estos menores ingresos tributarios? Si se mira solo desde el punto de vista fiscal y de ingresos, la respuesta es no. De acuerdo con cálculos del Cede, de la Universidad de los Andes, con base en las proyecciones oficiales, la pérdida neta para el Estado (gobierno central y municipios) a perpetuidad -es decir, lo que dejaría de recibir en total en impuestos- sería de US$629 millones. Sin embargo, la reducción en la contaminación y la posibilidad de sustituir importaciones en momentos de escasez podrían tener un impacto importante sobre el balance del proyecto, y podrían compensar -aunque no se sabe en qué medida- los menores ingresos.

Desde el punto de vista de los ingresos, el impacto para el fisco del mayor crecimiento del PIB, originado en las inversiones por US$300 millones, está dado por un crecimiento de los ingresos tributarios de US$90,4 millones por una sola vez, y de US$47,7 millones en forma permanente por los empleos generados.

Sin embargo, estos mayores ingresos no son suficientes para compensar la exención de US$98 millones, que le genera al Estado una pérdida a perpetuidad de US$1.225 millones. Al restar los ingresos a perpetuidad que generaría el proyecto, queda un saldo negativo de US$629 millones para el Estado (municipios y gobierno central).

Tendencia mundial

Aunque el costo para los gobiernos de subsidiar el etanol es alto, varios países han optado por esta política para estimular el sector agrícola y reducir el impacto ambiental y la dependencia de los combustibles fósiles. De hecho, los mayores productores mundiales de azúcar tienen esquemas o proyectos piloto sobre este tema, como Australia, México, India y Tailandia. Otros, como Estados Unidos, han optado por utilizar el maíz para la producción de etanol.

El común denominador es que todos estos países han tenido que subsidiar esta industria. En el caso de Estados Unidos, se calcula que entre 1980 y 2000, se han pagado subsidios por US$11.500 millones.

Brasil es uno de los países donde esta industria ha tenido un mayor impacto, pues en 2000 estaba produciendo 12.500 millones de litros de etanol. El desarrollo se logró gracias a una fuerte política de subsidios y de controles en producción, mercadeo y precios, al inicio del programa. Pero en 1997, el gobierno decidió remover la rígida estructura de precios, lo cual ha provocado una gran volatilidad en los precios del etanol.



El proyecto en Colombia

Para poner en marcha el negocio del etanol, se necesita actuar en tres frentes. En primer lugar, garantizar el suministro de materia prima. En segundo, construir las plantas de procesamiento de etanol y, por último, adecuar los centros de almacenamiento de los mayoristas de combustibles para que se pueda mezclar con la gasolina.

Así, la región que estaría más preparada para entrar al negocio es el Valle del Cauca, una zona eminentemente azucarera, donde se obtienen las mayores productividades por hectárea y donde están ubicados los principales ingenios del país.

No obstante, el objetivo del gobierno es que el etanol impulse el desarrollo agrícola en otras zonas. Por esta razón, y dado el alto peso que tiene el transporte en el precio final del etanol, se está pensando en montar inicialmente tres plantas en puntos estratégicos cerca de las principales zonas de consumo. Las inversiones requeridas para estas plantas son del orden de US$250 millones, cifra que podría aumentar a US$300 millones al incluir infraestructura complementaria.

Actualmente se está promoviendo la inversión en la hoya del río Suárez, entre Boyacá y Santander, una zona panelera que se convertiría en la principal proveedora de etanol para Bogotá.

Para César Zamorano, presidente del Ingenio Manuelita, los proyectos de etanol van a generar riqueza, desarrollo, trabajo e impuestos, lo cual mitigará el impacto por la exención tributaria. "Pero lo mejor es que cuando Colombia tenga que importar petróleo, el etanol va a significar grandes ahorros en divisas", señala.



El precio

Otra de las preocupaciones que ha despertado el nuevo negocio es cómo se va a manejar el precio del etanol, y cómo se va a mover la producción de azúcar de acuerdo con el movimiento de los precios internacionales.

Para entender esto, vale la pena recordar el caso de Brasil, donde la industria del etanol se desarrolló en momentos en que los precios internacionales de los productos básicos estaban muy bajos, y el del petróleo se había disparado. Esto hizo que el etanol se convirtiera en una alternativa para impulsar el sector agrícola y asegurar la absorción de la cosecha de azúcar, a la vez que permitía disminuir el consumo de gasolina. Sin embargo, cuando se liberó el precio del etanol y se recuperó el precio internacional del azúcar, para los industriales resultó más rentable reiniciar las exportaciones.

Por eso, en Colombia hay preocupación por el efecto que puedan tener las oscilaciones en los precios internacionales del azúcar sobre la disponibilidad y el precio del etanol y, por ende, sobre el precio de la gasolina.

El otro punto es la diferencia en el precio del etanol por regiones, debido a que las productividades por hectárea entre departamentos son muy distintas. De acuerdo con Corpodib, mientras en el Valle es de 120 toneladas por hectárea al año, en la hoya del río Suárez es 80, en Cundinamarca entre 50 y 60 y en Nariño 70.



La administración

Para la Asociación Colombiana del Petróleo, el control y prevención de las mezclas que no cumplan lo estipulado por la ley será un tema muy importante una vez entre en vigencia la norma del 10% del etanol.

En concreto, preocupa que algunas estaciones de servicio aumenten el contenido de etanol en la gasolina más allá del 10% de lo contemplado en la ley, para obtener una mayor rentabilidad sobre su venta cuando el precio del etanol sea inferior al de la gasolina.

Aunque los mayoristas son los responsables de efectuar las mezclas en los centros de almacenaje, el etanol es más fácil de producir de forma casera, por lo que es muy difícil controlar la alteración del porcentaje de etanol en las estaciones de servicio.

De hecho, la proliferación del contrabando de gasolina demuestra que, a pesar de los esfuerzos del gobierno por combatir este delito, la rentabilidad del negocio hace que sea muy difícil erradicarlo.

En el caso de la industria automotriz, por el momento hay conformidad con la norma. De acuerdo con Luis Fernando Peláez, presidente de Sofasa Renault, las pruebas que la ensambladora ha hecho hasta el momento indican que no hay deterioro de las partes del vehículo con un 10% de etanol en el combustible.

La mezcla de gasolina y etanol es un hecho, y es una decisión que no se puede reversar. Pero el gobierno sí debería asegurarse de potenciar los beneficios de la medida, y tratar de compensar los efectos que tendrá en sus ingresos.
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