| 6/1/1993 12:00:00 AM

Gas fuchifó

A pesar de las campañas de masificación del gas, ni los distribuidores ni los proveedores han sido capaces de responder a la demanda.

Actualmente existen medio millón de instalaciones de gas a domicilio en Colombia, para gas natural y propano. El consumo creció en forma desproporcionada en 1992, primero, por el racionamiento eléctrico, y segundo, por el programa de masificación emprendido por los dos últimos gobiernos. El empeño principal es crear en el país "la cultura del gas", indispensable para depender menos de la generación hidroeléctrica y con el objetivo, al menos en el papel, de brindar un combustible popular y barato.

Sin embargo muchas circunstancias conspiran para que eso sea realidad, al menos por ahora. Uno de los problemas que más preocupa a los consumidores es el de los precios. Pocos meses después de que el programa de masificación del gas fuera lanzado por las autoridades, vino el primer gran golpe que desconcertó a quienes aceptaron la invitación de adquirir un medio de cocción de alimentos más barato, más limpio y más eficiente.

A finales de 1991, con las consabidas alzas en todos los combustibles, las tarifas de gas fueron reajustadas en 50%. La situación se repitió cuando en diciembre de 1992 el incremento fue del 30% (muy superior al costo de la vida).

Aunque existía la política lógica del gobierno de acercar los precios a los costos reales en los combustibles y la idea era desmontar todos los subsidios, el consumidor corriente fue sorprendido por un aumento desproporcionado en el costo de su nueva adquisición. Lo cierto del asunto es que aún con las alzas el gas sigue siendo un combustible barato. Sin embargo es claro que en los años que vienen proseguirá la política de alinear la cotización del gas a los precios internacionales.

Pero ese es apenas un inconveniente menor si se tiene en cuenta el tema del abastecimiento. A comienzos de 1992, cuando comenzó el racionamiento eléctrico, los consumidores también se quedaron sin gas. La mayor parte del problema fue culpa de las autoridades del sector, que no programaron adecuadamente los niveles de producción de la refinería (no se tuvieron en cuenta las necesidades de mantenimiento) y tampoco autorizaron a tiempo la importación (en el caso del propano). Cuando la situación se superó en parte, fueron los distribuidores quienes se quedaron cortos por la insuficiente producción de cilindros.

Muchos consumidores de electricidad optaron por pasarse al gas y la demanda de equipos y combustible en ocasiones desbordó todas las previsiones. Los industriales del sector consideran que la producción de pequeñas cocinas de sobremesa será de 200.000 unidades este año. En medio de este negocio con tanto futuro, hay productos buenos y malos. La producción de artefactos de consumo popular, con precios al alcance de las clases bajas, hace que las válvulas y otros elementos sean lo más económicos posibles.

Los mismos empresarios lo reconocen. Hay productos deficientes en el mercado y por eso en las discusiones públicas de la norma técnica 2832 para fabricación de aparatos domésticos a gas, sobraron las denuncias sobre este punto. "Instalaron en mi casa un calentador de paso dos muchachos que no tienen ni idea de apretar una tuerca. Hay excelentes fabricantes que instalan las estufas en las casas sin colocar la llave de control total. En mi casa se incendió el sistema porque a la llegada de la red existe un control en el cilindro grande, pero no hay control a la entrada de la estufa. Si se incendia la estufa no hay quien la controle porque por lo general, una señora o una empleada no tienen idea. Debe entonces haber un control a la entrada para evitar esa clase de accidentes", sostiene Alfonso Morales de Castro, gerente de Primus, fábrica de hornos y herramientas para gas.

Como quien dice, en casa de herrero, cuchara de palo. Pero además de los problemas en el manejo y accesorio de equipos, Pedro Mejía, gerente general de Induacero, reconoció en una reunión del gremio del gas, que existen problemas con los distribuidores, los instaladores y los fabricantes. Al final de cuentas, hay productos buenos en el mercado, pero se siguen presentando accidentes domésticos debido a la inexperiencia de los funcionarios que hacen las instalaciones en los hogares. "La seguridad no depende únicamente de la calidad de fábrica sino también del correcto manejo y la instalación adecuada de los aparatos", asegura Hugo Erick Coronado, directivo de Sudelec, productora de calentadores de paso "sueco".

El caso de los distribuidores es bien complicado. Según estadísticas del Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá, el 10% de los cilindros en circulación en la capital tiene serios deterioros por el mal manejo que se da al material en los vehículos de transporte de propano. Y no hay control. Aunque la legislación creó los llamados Fondos de Mantenimiento, Reparación y Reposición de Cilindros, sólo son revisados los que los distribuidores envían con ese fin. En últimas, no hay fiscal confiable. Existe la propuesta concreta de que un supervisor de cada Fondo trabaje en cada una de las compañías privadas o mixtas encargadas del nuevo negocio.

Para completar, están apareciendo en el mercado unos cilindros sin marca, de color rojo, que están provocando serios accidentes. La denuncia hecha por José Suárez, ingeniero de procesos de Industrias Bachué (fábrica de cocinas domésticas y cilindros para gas), es corroborada por muchos otros industriales. Se ha detectado que son de origen venezolano y que han sido dados de baja en el vecino país. Son "rejuvenecidos" a punta de pintura y se han sometido a pruebas hidrostáticas que no han aguantado. Entran de contrabando y hasta son adquiridos en prenderías a un costo muy bajo. Por eso la recomendación es siempre adquirirlos de marca conocida y nuevos.

La misma legislación sobre el sector advierte sobre la creación de centrales de fugas, que apenas si existen en algunas de las empresas encargadas del sector. Los centros de información y atención al cliente apenas están en discusión. Casos sobran en los cuales un llamado sobre un escape o un problema es atendido una o hasta dos semanas después. En uno de los sitios en donde más se han vivido inconvenientes de esa índole es el nuevo complejo de edificios de Ciudad Salitre. Los accidentes por inexperiencia de los propietarios son muchos y los ocasionados por la falta de pronta atención también.

Hace dos meses ocurrió una explosión, afortunadamente sin heridos, en el complejo Sauzalito.

La conclusión a la que llegaron las autoridades es que el servicio, es instalado y dejado en funcionamiento, sin que se preste información ni asesoría al consumidor con el fin de que no se corran riesgos innecesarios con un producto que bien manejado no presenta ningún inconveniente. Al fin de cuentas el inadecuado manejo de algunos aspectos del nuevo negocio puede estar creando una "contracultura del gas" en lugar de lo que buscan las autoridades. El asunto es más grave cuando se busca que las familias de estratos medios y bajos, por ejemplo en el suroccidente de Santafé de Bogotá, sustituyan el peligroso cocinol, por otro combustible que sin las adecuadas precauciones también es una bomba.

Por eso hay quienes consideran que ya que se está tratando de aumentar el consumo, en un programa que se aproxima a los US$2.500 millones en los próximos años, buena parte de ese dinero puede ir a parar a campañas masivas de prevención y manejo de un producto que se considera es uno de los negocios más rentables de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Lo que más llama la atención a los mismos empresarios del sector es que se expidan normas técnicas del Icontec y no se cuente con los laboratorios del caso para garantizar su cumplimiento.
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