| 4/1/1994 12:00:00 AM

Figuras jurídicas del diario vivir

La utilización impropia de las figuras de codeudor o coarrendatario puede traer muchos dolores de cabeza. Si quiere una garantía personal use la fianza.

Recientemente, por un comentario aparecido en La Nota Económica, han surgido una serie de dudas entre el mercado de la lonja de propiedad raíz y en el de los arrendamientos, incluyendo el de los arrendamientos financieros, en relación con la aplicación de las figuras del codeudor y del coarrendatario.

El mercado de lo consuetudinario, que alcanza una de las expresiones más connotadas en los llamados contratos preimpresos, ha hecho pensar al público en general, y sobre todo al público usuario de estos contratos, que lo allí contenido es la verdad revelada en materia jurídica. Pues bien, resulta que los jueces y tribunales están, día a día, aceptando con mayor frecuencia las tesis esgrimidas por abogados defensores en procesos en los que se debaten las obligaciones solidarias de los codeudores y coarrendatarios. Según estas tesis, la utilización de una figura como la del coarrendatario o codeudor, cuando éstos no han recibido el bien objeto de la prestación, son denominaciones impropias que afectan la calidad de garante que se pretende otorgarles a aquellas personas. En otras palabras, si el coarrendatario no ha usufructuado el inmueble, entonces, no es responsable solidario en caso de incumplimiento del arrendatario. La misma idea aplica para el caso de codeudor. Si no ha recibido el dinero objeto del préstamo no ha hecho uso del bien y no tiene por qué responder por el mismo.

A nuestro juicio, tienen plena razón los jueces y tribunales que proceden a denegar pretensiones de demandantes que solicitan la comparecencia de los llamados codeudores o coarrendatarios, para que salgan a satisfacer las obligaciones insolutas del deudor principal o del arrendatario. No escapa al lector la dificultad para el "coarrendatario" que no ha recibido nada, de pagar por algo que no ha recibido. No es lógico que quien no ha utilizado un inmueble deba pagar por su uso o le repare locativamente. La misma línea de raciocinio respalda la posición adoptada cada día con más frecuencia por nuestros jueces y tribunales en el caso de los codeudores que nunca han recibido el objeto del mutuo.

Además, lo anterior se refuerza con el argumento de que en derecho existe la fianza como figura propia para la garantía personal. El ordenamiento jurídico colombiano es muy celoso en la guarda de la utilización de los instrumentos jurídicos para el fin que les es propio. Resulta, entonces, impropio atribuirle a las figuras de codeudor o coarrendatario, mediante su uso disfrazado, las ventajas y facilidades que son inherentes a la figura de fiador.

De otra parte, es necesario señalar que el uso tergiversado de las figuras de coarrendatario o codeudor también conlleva dificultades en materia procesal. Los jueces, siguiendo el rigor que caracteriza los procesos de cobro, deben expedir la notificación del mandamiento a todos y cada uno de los llamados codeudores o coarrendatarios. Con frecuencia se presentan toda clase de problemas por la simple carencia de notificación de alguno de los "codeudores" o "coarrendatarios" (lo cual no es extraño en procesos en los cuales la iniciativa y dinámica la aporta el demandante). Si todos no están notificados, el proceso no avanza. En estas condiciones, la utilización de figuras prestadas para supuestamente mejorar las garantías del acreedor o arrendador puede, paradójicamente, llegar a convertirse en una talanquera, que puede concluir en la pérdida del bien, o en el mejor de los casos, en la costosísima recuperación de lo adeudado o arrendado.

Así las cosas, volvamos a lo propio. Si queremos garantizar contratos de arriendo, llamemos para ello a los garantes, que no son otros que los fiadores. Si lo que tenemos son múltiples deudores pues que concurran como tales, mas no los unos en reemplazo de los otros, porque en los estrados judiciales se trastocan tanto procesos como resultados.
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