| 3/16/2007 12:00:00 AM

Fiebre de caucho

El caucho será el cultivo de mayor crecimiento en los próximos cinco años en el país. Detrás de este auge, hay incentivos financieros y una buena oportunidad de mercado.

El crecimiento del cultivo de caucho es explosivo. Mientras que el área agrícola del país creció 2% anual entre 2002 y 2006, la de caucho se incrementó 51% al año. A esa tasa, parece que el país está ante un auge cauchero como el que convirtió a Manaus en la capital de la riqueza en Brasil a finales del siglo XIX y principios del XX.

La agricultura del caucho en Colombia no es la misma de la bonanza del siglo XIX, sino más bien una pariente lejana. Las caucheras que describió José Eustasio Rivera en La Vorágine desaparecieron justo después de la publicación de la novela en 1924, cuando el caucho sintético evaporó la demanda de látex en el mundo.

En la nueva etapa que comenzó hace pocos años, el sector recomenzó casi desde cero. A pesar de que el caucho es originario de Suramérica, las nuevas variedades y técnicas de cultivo que vienen en su mayoría de Asia, en la práctica obligan al país a aprender a administrar las siembras, como si nunca lo hubiera hecho.

La nueva fase

Las áreas sembradas en Colombia todavía son pequeñas. Los datos del Ministerio de Agricultura muestran que a finales del año pasado había solo 20.700 hectáreas plantadas, mucho menos que las 170.000 de palma de aceite ó las 770.000 de café. Se parece más a las 15.000 hectáreas sembradas de coco, un producto por el cual Colombia no se destaca en el entorno mundial.

Pero el futuro del caucho, a diferencia del de coco y otros cultivos, parece mucho más brillante. De un lado, el alto precio del petróleo incrementó el precio del caucho sintético. Por eso, la demanda se movió hacia el caucho natural, haciéndole ganar participación en el mercado. Esa movida indujo un aumento de 56% del material natural, entre 2004 y 2006. El precio del caucho natural con estándar TRS 20, el de calidad más usual en el mercado, pasó en ese lapso de US$1.350 por tonelada puesto en Nueva York a US$2.113.

La coyuntura de buenos precios continuará. El International Rubber Study Group, una autoridad en el tema, espera un aumento en el consumo mundial de caucho de 4,7% al año hasta 2009, que la participación del caucho sintético decline y que en ese período se mantenga el balance de oferta y demanda de caucho natural e incluso que haya un ligero déficit en 2009. Todo esto sostendrá los precios.

Además, hay un gran espacio para crecer en el mercado local. Los datos del Ministerio de Agricultura muestran que el país importa el 93% de las 25.900 toneladas de caucho que usa.

Los cultivos se pueden expandir rápido. Según Óscar Santacruz, secretario técnico de la Cadena Productiva del Caucho y su Industria, en el país hay casi 270.000 hectáreas óptimas para esa siembra. La calidad de estos suelos es perfecta y están libres del hongo Microcyclus ulei, la principal amenaza para el cultivo. El área puede subir a 900.000 hectáreas si se consideran zonas con suelos menos buenos.

Colombia tiene una buena productividad. En Cunday y Villarrica (Tolima) se producen 1,7-1,8 toneladas por hectárea al año, una cifra cercana a la de Brasil —1,5-2 toneladas—, que es el estándar regional, señala Diego Suárez, profesional de Fedecaucho. Cuenta con tierras adecuadas como el piedemonte caqueteño, con precios entre $500.000 y $1 millón por hectárea, o el Magdalena Medio santandereano, de $1 a $3 millones por hectárea, señala Pablo Pineda, director ejecutivo de la Asociación de Reforestadores y Cultivadores de Caucho del Caquetá.

Además, hay investigación. La Universidad Nacional y Corpoica han hecho trabajos sobre la tolerancia de diversos clones al Microcyclus y desarrollaron maquinarias para producción de caucho tipo crepé, que es una lámina con textura corrugada, señala Óscar Santacruz.

Problema de costos

Los agricultores abastecen principalmente a las empresas de calzado, mangueras, autopartes, pegantes y empaques industriales de Bogotá, Medellín, Cali y Bucaramanga. Pero para despegar en serio deberían venderles a las 14 empresas más grandes del sector que hacen el 90% de las ventas.

De ellas, las de llantas demandan caucho en granos que solo se fabrican en una planta en La Montañita, Caquetá, que produce 50 toneladas mensuales. El mercado es enorme —solo Goodyear demanda 3.500 toneladas mensuales—, pero la dificultad está en los fletes. Es más barato traer caucho granulado desde Hong Kong hasta Buenaventura, que sacarlo desde Caquetá, explica Andrea Palacios, gerente de comunicaciones de Goodyear. No es un de problema de calidad, dice la ejecutiva. "Sabemos que los clones que están sembrando son buenos".

Posiblemente con aumentos en las siembras habrá sistemas logísticos más eficientes, pero en el entretanto, convendrá pensar con cuidado en la localización de las nuevas plantaciones.

La expansión que viene

Los gremios y el gobierno esperan duplicar el área sembrada en caucho para 2010. Los centros de mayor crecimiento serían Caquetá, donde se plantarían 1.000 hectáreas al año y, Cumaribo en Vichada, donde se sembrarían casi 2.000 hectáreas anualmente.

Esto será posible por los programas de sustitución de cultivos ilícitos y por la rentabilidad. La tasa interna de retorno del caucho es de 21% a 25%, cuando se asocia con otros cultivos como cacao, plátano o piña, señala Pablo Pineda. A pesar de ser un cultivo que solo produce a partir del sexto año, la rentabilidad mejora con incentivos (ver recuadro).

Sin embargo, para lograr los planes de expansión hay que solucionar dos problemas que en Mavalle en el Meta, el mayor cultivo del país, ya tienen bien identificados. De un lado, el desarrollo de variedades vegetales. "No podemos hacer ese desarrollo con 2 ó 3 tres variedades de clones", dice Carlos Alberto Pérez, director de plantación de Mavalle. Hay que traer más material importado y evaluarlo. "El caucho no se comporta igual en todas partes. Trajimos la mejor variedad de Malasia, y aquí no produjo nada", explica.

El segundo aspecto es la capacitación. "No hay mucha gente preparada", dice el ejecutivo. Lo más importante es que tengan visión de largo plazo. Que sepan que los errores se pagan durante 35 años, que es la vida útil del cultivo, dice. "Hay que tener clara la responsabilidad en cada labor. La gente a veces es muy folclórica", añade.

Pero de todas maneras vale la pena hacer casi cualquier esfuerzo. Además de ser un cultivo que recupera áreas deforestadas, es rentable y tiene buen futuro. "El negocio se está poniendo mejor. La demanda es cada vez mayor y la oferta cada día menor, porque los países productores de caucho se están industrializando y muy pronto van a ser consumidores", concluye Pérez.
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