| 10/29/2015 7:00:00 PM

Colombia da vía libre a la exportación de café de menor calidad, ¿cuál es la explicación?

La Federación de Cafeteros acaba de autorizar la exportación de café de menor calidad. Una medida histórica que implica un giro de 180 grados en el modelo de negocio cafetero. Estas son las consecuencias.

El país acaba de conocer una medida que no tiene antecedentes en uno de los sectores clave de la economía agrícola nacional: el café. Se trata de la autorización para la exportación de menores calidades de grano, conocidas como pasillas.

La medida significa un hito y parte en dos la historia del mercado del café colombiano. Hasta el momento, Colombia se ha caracterizado por exportar grano de la mejor calidad. Eso le ha permitido que le paguen una prima por sus calidades superiores. La pasilla, subproducto o segundas, como se les dice en el argot cafetero, representan hoy cerca de 10% de la producción de café. Sin embargo, se espera que por la presencia de el Fenómeno del Niño, este indicador pase a representar 18% de la producción.

Hoy, un cafetero que produzca pasilla solo puede vendérsela a las tostadoras locales para la producción de cafés instantáneos y otras mezclas. Esto implicaba un subsidio, pues el precio de las pasillas locales es inferior al de las pasillas traídas de otros países, como las de Perú. Con la medida se nivela el precio y ahora los subproductos se negociarán a precio paridad de exportación. Según las cuentas de la Federación, la cotización de la pasilla ya ha mostrado una tendencia al alza, pues se estaba negociando a $4.000 el kilo y ahora se compra a $4.800, una cotización más cercana al precio internacional.

La verdadera carga de profundidad de la decisión no es que se pueda mejorar el precio a los caficultores locales por sus subproductos. El gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Roberto Vélez, explica que “la medida tiene muchísimas aristas que tocan con el modelo de rentabilidad del negocio, el cual se agotó. Comprende muchas cosas, como abrir la posibilidad para que haya otras formas de producción de café, maximizando la productividad a través de la recolección mecánica, procesos de producción y cosechas más concentradas y masivas”.

Hasta el momento, la producción de café en Colombia es bastante sofisticada, con muchos procesos manuales, como la recolección. Esa forma de producción es la adecuada para garantizar las calidades por encima de las cantidades. En otros países, donde se producen robustas, es decir tipos de café de menor calidad que las arábigas, hay grandes extensiones de tierra cultivadas con café, que se recolecta de manera mecánica, produciendo volúmenes superiores y formas de recolección más rápidas. Esa es la verdadera revolución de esta medida. Por ejemplo, ahora queda abierta la opción para que un caficultor o grupo de caficultores se decidan por esta clase de formas de producción de robustas en grandes extensiones como la altillanura.

La medida permitirá una modernización de la caficultura. Hay gente que quiere hacer otros tipos de café. He escuchado de cafeteros que ya lo hacen”, asegura Vélez.

Según las cifras de la Organización Internacional del Café (OIC), los cafés robusta se encuentran en US$0,8161 la libra, mientras las arábigas tipo colombiano están en US$1,3791 la libra.

Por esta razón es que la medida de la Federación ha causado controversia. Algunos cafeteros consideran que no es una buena decisión empezar a competir en mercados de menores calidades. Para ellos, el país debe mantener una diferenciación de producto para que los consumidores continúen demandando la especialidad cafetera de Colombia.

El gerente de la Federación considera que este es un punto de vista errado. “Son negocios muy distintos, el café excelso no compite con las pasillas. El consumidor de excelsos jamás mira el mercado de pasillas. Queremos ampliar el espectro para los caficultores colombianos. Por ahí vamos: el modelo tradicional de negocio está agotado y estamos buscando todas las posibilidades para hacer más eficiente la producción. Pensamos muchas medidas y seguiremos empeñados en ello”, explica.

La decisión ya ha sido adoptada y es claro que su impacto va mucho más allá de que algunos cafeteros puedan vender su producto al exterior y a un mejor precio. El aumento coyuntural en las exportaciones y cotizaciones de pasillas es apenas el primer impacto. Falta ver si se logra el objetivo fundamental de la decisión: que Colombia se le mida a sembrar grandes extensiones de robustas, con lo que entraría en otra clase de mercado, que le abrirá las puertas a la venta masiva de cafés de otras calidades.

Con los problemas de estabilidad jurídica que aún enfrenta el país por cuenta del debate de las Unidades Agrícolas Familiares (UAF) y los desarrollos en la altillanura, falta por ver si esta decisión impulsa al sector. Explotar estas zonas con cultivos masivos mecanizados es una opción de desarrollo para un producto tradicional en Colombia: el café. Sin embargo, aún falta mucho por recorrer en ese camino.

Otras medidas

El gerente de la Federación de Cafeteros, Roberto Vélez, explica que han adoptado otras medidas para facilitar la rentabilidad a los cafeteros. En primera instancia quedaron autorizadas las exportaciones por courrier. Es decir, vender al exterior pequeñas cantidades de grano hasta máximo 60 kilogramos. Esto les abre opciones de mercado a ciertos cafeteros que pueden enviar granos de excelentes calidades sin mayores trámites.

De otra parte, se eliminó el cruce de ventas, que era una medida que permanecía vigente desde el Pacto Mundial Cafetero. Todo exportador debía informarle a la Federación sobre cualquier compra que le hiciera a un cafetero. Esto implicaba un doble trámite, pues esa información llega finalmente a la Federación cuando el mismo cafetero reporta su producción para la liquidación del pago de la contribución. Todas estas medidas buscan hacer más eficiente el modelo de negocio cafetero y generarles mayores rentabilidades y facilidades tanto a productores como a exportadores.
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