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Publicado: 1999-08-27T00:00:00

Fábrica de empresas

Las incubadoras de empresas colombianas ya tienen logros para mostrar. Es hora de que el capital privado haga unas cuantas apuestas por este lado.

Después de trabajar durante 14 años en Noel, el ingeniero mecánico Alvaro Velásquez decidió que el 5 de noviembre de 1996 iba a cambiarle el rumbo a su vida: se retiraría de los brazos protectores de una compañía que le ofrecía un futuro estable, para aventurarse a hacer empresa en Colombia. La suya es una historia de éxito: Desarrollos de Ingeniería (DDI), la compañía que surgió de esta decisión y cuyo capital inicial fue la liquidación de Velásquez, hoy es la firma autorizada para prestar los servicios de mantenimiento de la empresa estadounidense Allen Machinery y está a la espera de una respuesta de la sueca Moving en un negocio similar. DDI genera hoy 35 empleos.



¿Cómo lo hizo? Todo comenzó con una idea. Noel, la compañía para la cual trabajaba Velásquez, fabricaba hornos y máquinas e implementaba sistemas de control. Velásquez siempre creyó que un fabricante de galletas haciendo este trabajo de ingeniería mecánica no podía ser lo más eficiente del mundo. De allí salió la propuesta de crear una empresa que le prestara a Noel servicios de outsourcing para los procesos de ingeniería. Más adelante, estos servicios podrían ser ofrecidos a otras empresas.



Con el apoyo decidido de Noel y de 12 de sus compañeros que lo siguieron a DDI, Velásquez se "lanzó al agua". Durante el primer año, la empresa funcionó dentro de las instalaciones de Noel, como el área de desarrollos de ingeniería que siempre había sido. Al cabo de este tiempo, la empresa se trasladó a la sede de la Incubadora de Antioquia, desde donde realizó su despegue definitivo.



La función de una incubadora es crear el ambiente y facilitar los recursos que se necesitan para acelerar el ritmo de crecimiento de un negocio. Además, debe estructurar un programa de negocios enfocado a lograr que las empresas bajo su cuidado suplan las deficiencias que frenan su desarrollo. Esto precisamente se hizo con DDI. El proyecto estaba en marcha y tenía unas metas claras, pero le faltaba asesoría en el área administrativa y de mercadeo. Según Velásquez, "la Incubadora de Antioquia nos dio la oportunidad de hacernos conocer, nos ha prestado asesoría legal y administrativa y ahora estamos a la espera de unos fondos de capital de riesgo".



El negocio ha sido bueno para todos. Noel le ha confiado a DDI la implementación, el desarrollo de software y el montaje de equipos comprados en Inglaterra y Estados Unidos, lo que le ha significado pagar una tercera parte de los costos que se necesitarían para hacerlo regularmente. La incubadora ha fortalecido uno de sus proyectos con todo éxito. Y DDI ha demostrado que en Colombia se pueden hacer empresas de desarrollo tecnológico.







¿Es posible replicar la experiencia? "Las compañías grandes son el primer nicho para crear empresas. La tarea es esculcar para encontrar dónde se pueden generar empresas a la medida de necesidades conocidas y desconocidas", afirma Darío Montoya, director de la Incubadora de empresas de base tecnológica de Antioquia, y agrega que "ésta es la tendencia que se impone actualmente".

Alvaro Velásquez convirtió su idea en una exitosa compañía.



Esto es parte del proceso de aprendizaje de la propia incubadora, después de superar varias etapas: una inicial, en la cual no pretendían atender ningún nicho del mercado en particular; otra enfocada hacia la informática y los jóvenes (aún tienen una importante actividad en este campo); hasta encontrar esta tercera posibilidad, en la cual la incubadora busca en la gran empresa y en sus trabajadores calificados un nicho para el desarrollo de empresas novedosas.



El papel de las incubadoras



Las incubadoras de empresas tienen ya una trayectoria importante en Colombia, pues han apoyado el desarrollo de más de 40 empresas en el país. Hay incubadoras en Bogotá, Antioquia y Santander.



Aunque no hay estudios profundos sobre los resultados de su gestión, éstos parecen ser bastante favorables. "En Colombia el 85% de las empresas que han pasado por incubadoras siguen funcionando", afirma Adolfo Naranjo, director de Innovar, la incubadora de Bogotá. En Estados Unidos, entre tanto, entre las empresas incubadas de base tecnológica, la tasa de supervivencia está alrededor del 90%. Y se sabe que el paso por una incubadora ayuda al desarrollo de las empresas. Como promedio mundial se tiene que cerca del 70% de las empresas nuevas fracasan. Entre las que pasan por una incubadora, la tasa de fracaso se reduce a un rango entre 10% y 15%. "Se estima que en 6 años, las empresas le devuelven a la sociedad la inversión que hizo en ellas vía pago de impuestos, creación de empleo y aportes parafiscales" afirma Naranjo.



El papel que desempeña una incubadora se presta a confusiones. Si bien ellas pueden llegar a arbitrar dinero para las empresas, ésa no es su función principal. Su objetivo tampoco es crear empresas, pues pueden trabajar con firmas que comenzaron a andar mucho antes de tocar sus puertas. La incubadora es, realmente, una entidad dedicada a acelerar la tasa de crecimiento de una empresa. En Estados Unidos se estima que las empresas que pasan por incubadoras crecen a tasas entre 7 y 22 veces más rápidas que las demás. Las incubadoras diagnostican las fallas que tienen las empresas y que les impiden pasar a su siguiente fase de desarrollo, y coordinan esfuerzos para resolver esas deficiencias.



En Colombia, las incubadoras de empresas surgieron hace 5 años, a raíz de un estudio de factibilidad del Centro Internacional de Física, una investigación de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes y el apoyo de la Fundación Corona, con el liderazgo de Guillermo Carvajalino. Aún no es claro cuál es el modelo colombiano de desarrollo de empresas con la ayuda de estas entidades, pues los determinantes de los mercados y las regiones hacen que los casos sean diferentes.



El caso de DDI -de desarrollo a partir de una gran empresa- es todavía algo raro en nuestro país, aunque el formato podría llegar a consolidarse.

Son más comunes casos como los de María Antonia Iriarte y Consuelo Barrera, quienes en agosto de 1994, después de perder su puesto debido a la fusión del laboratorio Schering Alemana con otra compañía, decidieron hacer un proyecto relacionado con el área que conocían y vieron que en el mercado había la necesidad de crear un laboratorio de control de calidad de productos farmacéuticos. Con su propio dinero y un préstamo de la Caja Social, tomaron un curso para crear microempresas en la Fundación Corona e invirtieron en equipos. Proquifar tuvo sus primeras instalaciones en el garaje de una casa.







María Antonia Iriarte (izquierda) y Consuelo Barrera (derecha) han salido adelante con su laboratorio de control de calidad de farmacéuticos.



Dos años más tarde, con algunos clientes y el negocio en marcha, la necesidad de crecer y de trabajar en un espacio más grande y adecuado se hizo innegable y así fue como llegaron a Innovar, la incubadora bogotana. Allí les aprobaron inicialmente el proyecto y las asesoraron en la construcción de un completo plan de negocios. La experiencia y el conocimiento de la incubadora dinamizaron a Proquifar y, dos años después, María Antonia Iriarte cuenta entre sus clientes a varios laboratorios nacionales, franceses, alemanes, estadounidenses e ingleses, los cuales actualmente utilizan sus servicios de control de calidad.



La financiación



Aunque su función central no es aportar dinero, las incubadoras colombianas están conscientes de que pueden desempeñar un papel importante en este campo como articuladoras de recursos. No tiene sentido que las empresas de alto potencial y alto riesgo dependan exclusivamente de crédito para desarrollar su negocio. Las incubadoras buscan la capitalización de las empresas vendiendo participación a socios extranjeros, como en el caso de la Incubadora de Antioquia, la cual está enfocada a aportarles más valor empresarial a sus emprendedores para después vender su participación.



Otro proyecto de los paisas es el de entrar en el mercado de capital por medio de la Bolsa de Medellín. "Las bolsas de valores viven de ver crecer empresas, pero en Colombia nos hemos dado el lujo de olvidarnos de esa misión", dice Darío Montoya, director de esa incubadora.



Un modelo de financiación está apareciendo por medio del llamado Fondo Colombiano de Capital de Riesgo, el cual está siendo creado en la actualidad con el apoyo de varios accionistas privados y Colciencias.



El fondo invertirá en empresas innovadoras haciéndose socio y aportando recursos. Al cabo de 5 ó 6 años venderá su participación. Hasta ahora, el fondo cuenta con recursos por $1.800 millones. La idea es que para el año 2000 consiga cerca de US$8 millones.



Otra fuente de financiación es la inversión extranjera privada de riesgo. Hay inversionistas interesados. El fondo brasileño de capital de riesgo Terra Capital, por ejemplo, está buscando invertir en proyectos ambientales en Colombia. Sus administradores estiman que nuestra clase empresarial es sofisticada y preparada. Además, creen que ésta es una buena época para comprar en Colombia a precios bajos.



Y se puede pensar en más recursos. "Se calcula que los colombianos tienen en el exterior unos US$35.000 millones y la manera de atraer este capital al país es ofrecerles posibilidades de inversión", dice Darío Montoya.



Las incubadoras colombianas son ellas mismas empresas jóvenes, que aún tienen mucho por aprender y muchos servicios por desarrollar. Pero están abriendo un camino que es el único que puede traer crecimiento económico, el de la inversión en el talento y los recursos colombianos para el desarrollo de empresas productoras de bienes de alto valor agregado. Para el capital privado, es el momento de apostarle a esta opción. Es posible que nunca vaya a ser tan barato comprar participaciones en empresas colombianas de alta tecnología.

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