| 5/27/2015 10:00:00 PM

¿Qué explica el éxito de la Selección Colombia?

El fútbol colombiano vive uno de sus mejores momentos. El presidente de la Federación de Fútbol explica las causas del éxito empresarial de la Selección.

Las selecciones de fútbol de Colombia son un proyecto empresarial que exige cerca de $250.000 millones cada cuatro años. Al frente de la estrategia de esta enorme empresa se encuentra Luis Bedoya, quien desde 2006 viene manejando las riendas de la Federación Colombiana de Fútbol.

A Bedoya le han tocado las duras y, sobre todo, las maduras: nadie puede poner en tela de juicio que el fútbol está pasando por una nueva era dorada, gracias a los logros de la selección en las competiciones internacionales, y los de muchos jugadores en los más importantes torneos de clubes del mundo, como España, Italia o Inglaterra.

Según Bedoya, actualmente hay en todo el planeta más de 1.000 jugadores colombianos en torneos futbolísticos de las más importantes ligas. Solo el año pasado, 255 jugadores colombianos fueron contratados por equipos del exterior, en transacciones que superaron los $48.000 millones. Colombia ya no solo exporta masivamente café y petróleo, sino también futbolistas.

“Creo que es el mejor momento del fútbol colombiano. El resultado del Mundial de 2014 fue el mejor de la historia; pero más allá de eso, tenemos jugadores por todo el mundo. Estamos hablando de una empresa importante (el fútbol colombiano) con jugadores importantes, en clubes importantes y en selecciones importantes”, asegura Bedoya.

¿Cómo lo logró?

Bedoya empezó en el fútbol desde cuando le correspondió formar parte de la organización del Suramericano Juvenil de 1987, que se desarrolló en el Eje Cafetero. En ese torneo, la selección de Finot Castaño y Hugo Gallego le dio el primer gran título internacional al país.

Por cuenta de esto, al dirigente le correspondió vivir la época gloriosa, cuando el país clasificó a tres mundiales seguidos (1990, 1994 y 1998), pero también la gran crisis, pues el país estuvo ausente de tres torneos orbitales seguidos: 2002, 2006 y 2010.

De ahí sacó experiencia y en 2006, cuando llegó al cargo que ocupa hoy, empezó una transformación institucional que es el soporte de los éxitos recientes del fútbol colombiano.

“Las primeras tareas que hicimos cuando llegamos a la Federación tenían que ver con renovar el interior de la institución y revisar el rol de quienes nos acompañaban en la tarea: en general, los clubes, los directivos y hasta los patrocinadores”, asegura Bedoya.

Justamente, redireccionar la relación con los patrocinadores fue una de las primeras tareas que se propuso Bedoya.

“En ese momento únicamente contábamos con Bavaria y Caracol como patrocinadores”, recuerda quien ha logrado vincular a 11 patrocinadores, que representan cerca de 90% del total del presupuesto de la Federación; esto es, unos $220.000 millones.

Cambiar la estrategia con las empresas colaboradoras fue fundamental. Bedoya recuerda una anécdota sobre cómo se manejaba el tema antes de este ajuste. “Eso fue en 1989, el presidente de la Fedefútbol era León Londoño. Él le iba a vender el patrocinio a la Federación de Cafeteros por un millón de dólares. Eso era mucho dinero en ese momento, pero nadie sabía qué estaban vendiendo. Entonces apareció Julio Mario Santo Domingo, quien era muy amigo de la Federación de Fútbol y le dice: ‘Oye León, para qué le vas a vender eso a la Fedecafé, yo te la compro’. Y la compró por un millón de dólares. Por esa plata hizo que el patrocinio fuera de Avianca, Cerveza Águila, Caracol Radio, Caracol Televisión, el grupo todo. Santo Domingo fue dueño de todo por un millón de dólares”, explica Bedoya.

Por esta razón, Bavaria y Caracol se han mantenido como sponsors oficiales de la Selección hasta el momento. Sin embargo, ese episodio dejó una lección: no se podía seguir negociando paquetes completos de patrocinio con una única empresa.

Cuando Bedoya llegó a la Federación, el valor de cada patrocinio era de US$4 millones. Y solo había dos patrocinadores. Hoy, la suma supera los US$100 millones y hay 11 patrocinadores, con la expectativa de que se sumen otros en el corto plazo. Allí se encuentran –además de Bavaria y Caracol–, Coca-Cola, Movistar, Homecenter, Chevrolet, Bancolombia, Servientrega, Avianca, Allianz y Golty, que está a punto de terminar su contrato. La idea es tener empresas por cada categoría, así que nuevos sponsors podrían llegar, por ejemplo del sector de tecnología o electrodomésticos.

“Convencer” a nuevos patrocinadores fue una de las claves del éxito de la administración Bedoya y ha servido como fundamento para el resto de la estrategia.

Cambio de estructura

Para Bedoya era claro que, a la par con el fortalecimiento de las finanzas de la institución, era necesario reformar a fondo a la estructura de la Federación, porque la manera en que operaban muchas cosas era bastante informal, como ocurre en general con el fútbol.

El punto de quiebre en esta historia fue la organización del Mundial Juvenil de 2011. Ese evento fue posible gracias a que Colombia logró convencer a todo el comité ejecutivo de la Federación Internacional del Fútbol Asociado (Fifa) de que le otorgara la sede al país.

La necesidad de organizar el evento significó que toda la estructura de la Federación tuviera que ponerse en contacto con las prácticas para organización de eventos que la Fifa puso a su disposición.

“Eso fue fundamental”, recuerda Bedoya. “Se logra un trabajo muy importante con Fifa, que despliega todas sus capacidades para ayudarle al país organizador. Viene gente de medios, de mercadeo, de televisión y entendimos que teníamos que cambiar la estructura de la Federación y empezamos a nombrar directores para muchas áreas: medios, mercadeo, finanzas, jurídica. Se define toda una estructura empresarial para la Federación”, señala el dirigente.

Insiste en que la tradición empresarial del fútbol es muy informal. “Todos atendemos de todo y por eso los clubes son tan informales. Esa es la manera como se conformó el deporte, no lo voy a criticar ahora; pero sí es claro que tenemos que avanzar y reformar esas prácticas. Con ese mundial, la Fifa lanzó un programa de performance para la ayuda de las Federaciones; fuimos de los primeros en participar en él”.

Bedoya se muestra orgulloso de ese proceso, pues ahora la Federación colombiana, según él, es ejemplo sobre cómo organizar el fútbol. “Nosotros fuimos ejemplo para Brasil, que acaba de organizar el mundial de mayores; el presidente de la Fifa, Joseph Blatter, estando en Colombia dijo que Brasil tendría mucho que aprender de nosotros en materia de organización de mundiales”, explica.

“Ese fue uno de los puntos de quiebre: fue fundamental, nos profesionalizó, porque los resultados fueron muy buenos. Se hizo un gran mundial, que hoy sigue siendo ejemplo para la Fifa”, recalca.

Lo deportivo

Con finanzas sólidas y una estructura empresarial al interior de la Federación, lo que hacía falta era estructurar mejor la estrategia deportiva para lograr más éxitos. “Al fin de cuentas, ese es nuestro producto final”, dice Bedoya.

Gracias a una buena gestión financiera había recursos con el objetivo de “invertir para ganar”; pero eso significaba el reto de reformar la manera como trabajaban las selecciones.

“Teníamos un cuerpo técnico de mayores que se escogía cada dos años; además, no había técnicos permanentes, los de la Sub 20 se nombraban dos o tres meses antes de los eventos –recuerda el dirigente–. Había un desarrollo deportivo limitadísimo. Por ejemplo, cuando venía una competición internacional, se miraba qué selección departamental era campeona nacional y esa era la base y el técnico era el de ese equipo”.

Es entonces cuando se piensa en retomar las épocas gloriosas del fútbol colombiano, nombrando a Francisco Maturana como desarrollador deportivo y a Hernán Darío Gómez como técnico de las selecciones; al final de cuentas, a pesar de las críticas que generaban, eran la dupla ganadora y la que había clasificado al país a la mayor parte de sus mundiales.

“Pensamos entonces más en la parte deportiva. Ese reordenamiento buscaba tener a una persona pensando en la estrategia de largo plazo y el otro que se dedicara directamente a la selección”, explica.

Se inició paralelamente un trabajo fuerte en selecciones de menores y de mujeres, futsal y fútbol playa. En ese sentido se pensó que los directores técnicos de las selecciones femeninas no fueran técnicos que vinieran de dirigir equipos de hombres, sino con experiencia en el fútbol con niñas.

Todo esto, sumado a la realización del Mundial Juvenil, empezó a originar un know-how que se convirtió prácticamente en cultura organizacional: por fin Colombia logró crear una manera efectiva de administrar sus selecciones. Solo era asunto de esperar los resultados.

Prueba de ello, justamente, es que se haya logrado superar el momento de crisis originado por la salida intempestiva de Hernán Darío Gómez; de hecho, la estantería no se vino abajo, aunque el país todavía no estaba clasificado al mundial y faltaba la fase final de la eliminatoria.

“Desde el punto de vista personal, siempre pensé que había que cambiar paradigmas: cuando llego en 2006 propongo un técnico extranjero, pero encontré mucho opositor. Sin embargo, el comité me dio la posibilidad de hablar con (Marcelo) Bielsa. Pero los valores que nos pedían por venir no teníamos cómo pagarlos; así que elegantemente nos bajamos de esa posibilidad”.

En la baraja estuvo el Tata Martino, quien por razones personales renunció a un contrato que ya estaba firmado. Fue entonces cuando apareció José Néstor Pekerman y la exitosa historia que ya todos conocen.

El fútbol colombiano es un caso de éxito. La decisión de dar el timonazo para reestructurar la Federación, lograr el acompañamiento de grandes patrocinadores y fijar una hoja de ruta clara en el tema deportivo ha sido la receta del triunfo. La meta ahora es la Copa América y el Mundial en Rusia. Este caso nos muestra que ganar es cuestión de método.
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