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Arturo Calle, Presidente de Arturo Calle. José Palma Presidente de la Cámara de Comercio, Colombo-Chilena.

| 4/4/2013 7:30:00 AM

¡Están furiosos!

Los aranceles al calzado y las confecciones tienen bastante incómodos a los comerciantes e importadores. El Gobierno ratificó la medida y espera que ayude a la industria nacional. La polémica crece.

La reacción de los comerciantes y algunos productores sobre la medida que adoptó el Gobierno de colocar aranceles de US$5 por kilo a las prendas de confección importadas y el mismo valor para cada par de zapatos, no se ha hecho esperar. “¡Es una medida anacrónica! Los aranceles específicos se acabaron hace muchos años porque afectan más a los estratos de menores ingresos que a los más favorecidos”, comentó sobre la decisión Guillermo Botero, presidente de Fenalco.

La medida entró a regir en marzo y tiene una duración de un año. Sin embargo, como explica Botero, aunque hay tiempos de gracia para los embarcados, también está claro que “después de Semana Santa todo el mundo va a tener que pagar el calzado y algunas prendas más caras”.

Para Sergio Díaz-Granados, ministro de Comercio, Industria y Turismo, se trata de una medida de choque. “No es una medida de fácil digestión para nadie. Hay un deterioro y algo muy raro detrás del comercio de confecciones; sobre todo, de subfacturación. Esta es una medida temporal, no es permanente. Lo que estamos preparando son medidas mucho más estructurales para tomarlas a lo largo del año”, asegura.

Las otras medidas que vienen, según el Ministro, son la preparación de un proyecto de estatuto aduanero, un proyecto de ley anticontrabando que se va a radicar en el Congreso, medidas de concertación entre industriales y grandes superficies para buscar mejores tasas de penetración de la producción nacional y mecanismos de cooperación con países como China y Panamá para enfrentar la subfacturación y el contrabando.

Pero la decisión del Gobierno ha generado inconformismo en el comercio y en algunos productores que han diversificado su proveeduría.

Varias razones explican ese inconformismo. Una, que la producción local no es suficiente: según Fenalco, Colombia consume más de 120 millones de pares de zapatos al año y el año pasado se importaron alrededor de 72 millones y el resto, unos 54 millones, es producción nacional, pero además, la industria no tiene la capacidad de producir los 72 millones de pares que se importan. Y en tejido de punto se consumen unas 15 millones de prendas y la capacidad de producción es de 1,5 millones. Dos, que los precios podrían ir al alza y, tres, que llega en un momento de desaceleración en el consumo.

“Si hay subfacturación, que agarren a los que hacen esta práctica y los metan a la cárcel. O que el Gobierno prohíba las importaciones por debajo de un precio establecido, pero no puede gravar con más de 100% muchas de estas importaciones que incluso no se producen en Colombia. Ahora lo que se va a fomentar es el contrabando”, advierte Botero.

Para los comerciantes, el impacto va a ser alto en productos de menor valor. Por ejemplo, un par de zapatos escolar que se importaba a US$8 pagaba cerca de US$1,2 de impuestos y ahora, con la nueva fórmula, pagaría US$5,8. El precio de venta en el comercio que era de $25.000 puede pasar fácilmente a $40.000. Algo similar puede ocurrir en las confecciones.

Arturo Calle fue uno de los primeros en criticar la medida, pues parte de su producción la trae del exterior, con insumos que no se producen en Colombia. Pero a su voz de inconformidad se están sumando otras marcas. Estudio de Moda –que tiene entre sus marcas Diesel, Girbaud y Celio, entre otras– por ejemplo, considera que sus aranceles en ropa se duplicaron y en calzado se pueden elevar aún más. “No tiene sentido estar haciendo tratados de libre comercio con muchos países y, al mismo tiempo, poniendo este tipo de aranceles”, asegura Jaime Álvarez, representante de Estudio de Moda.

Onda de Mar, por su parte, considera que la medida los afecta porque no hay productos ni mano de obra calificada para desarrollar parte de su portafolio y si traen los productos –como calzado- no podrían competir. “La medida va en detrimento de marcas como la nuestra por la escasez y la falta de plantas especializadas. Por eso, tenemos que recurrir a hacer producto en el exterior. En zapatos tendríamos incrementos de 71% en el costo total. En este caso, vamos a tener que parar con la comercialización, si transmitimos ese incremento al producto quedamos por fuera del mercado”, afirma José Santos, su gerente.

Voceros de grandes superficies –en especial de las cadenas chilenas–, han manifestado su preocupación. “Cuando se toman este tipo de medidas, obviamente suben los precios y eso afecta el consumo y genera contracción. Estas medidas, que favorecen a la industria, no son tan beneficiosas porque la economía se contrae y se genera una mezcla explosiva: aumentan aranceles, se contrae la economía y los consumidores no compran, o van a ofertas alternativas como el contrabando”, dice José Palma, director de la Cámara de Comercio Colombo-Chilena.

Una de las preocupaciones es que la medida llega en un momento de contracción. “El comercio viene en declive: el final del año pasado no fue tan bueno, enero estuvo regular, febrero fue malo y marzo va a ser excepcionalmente malo, pues se volvió un mes de 16 días”, asegura Botero.

La otra cara

A pesar de esta avalancha de quejas, otros ven oportunidades para sincerar el mercado y buscar nuevos clientes, pues llega a dar aire en un momento crítico para la industria: según la encuesta de opinión industrial, en enero, en calzado la producción cayó casi 13%, frente al mismo mes del año pasado, y en textiles, hilatura y acabados fue de 22%.

Para César Maldonado, gerente de Cueros Vélez, la subfacturación constituye una amenaza a la industria nacional. “En 2012, la subfacturación alcanzó 42% del total de las importaciones y aumentaron de manera dramática las importaciones de US$1 por par. Entre enero y octubre ingresaron 21 millones de pares con precio inferior a 20% por debajo del precio de referencia”, afirma, al argumentar el sentido de la norma.

Expofaro, que tiene la licencia de Levi’s en Colombia y que además fabrica para terceros, cree que la medida es sana. “Estamos importando unos jeans que tienen unos precios absolutamente imposibles –dice Juan David Rodríguez, presidente de la firma–. En muchos casos el valor final del producto importado no refleja siquiera el valor de la tela”.

Algunas otras empresas ya han visto el impacto de la medida. Dinero conoció que, por ejemplo, Fatelares, empresa paisa que fabrica entre otros productos toallas, podría multiplicar sus ventas por casi 20 veces a cadenas como Falabella; mientras Éxito analiza nuevos proveedores locales. Según la Cámara Colombiana de Confección y Afines, gracias a la medida se han creado cerca de 1.500 empleos en el país.

Para productores locales, la importancia de la medida radica en que sus precios se pueden igualar a los de la competencia que ha llegado a través de marcas como Zara y Forever 21, entre otras, que tendrían que aumentar sus valores a raíz de la medida, pues la mayoría de sus prendas y zapatos son importados.

La medida está siendo analizada por comerciantes, gobierno e industriales. “Aspiramos durante este año a irla moderando en función de los avances, que alcancemos consensos y ciertos logros para ir desmontándola gradualmente”, explica el Ministro.

Por ahora, será necesario tomarle el pulso permanente a la medida para que les dé oxígeno a los industriales, pero no ahogue el maltrecho consumo del sector.

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