| 4/13/2011 12:00:00 AM

En el ojo del huracán

Jairo Clopatofsky tiene la dura tarea de devolverle credibilidad y transparencia al deporte en Colombia, especialmente al fútbol profesional, que se encuentra en uno de los peores momentos de su historia.

Hace siete meses, cuando Jairo Clopatofsky asumió la dirección general del Instituto Colombiano para el Deporte (Coldeportes) se encontró con una entidad paquidérmica. De hecho, el gobierno Santos estaba decidido a liquidarlo y volverlo un viceministerio, pero él le puso freno en seco a la decisión. Su estrategia fue hablar del nuevo Ministerio del Deporte y luchar por su transformación.

Tenía razones de fondo para sacar adelante a la entidad, pues siempre fue un gran deportista. Antes del accidente automovilístico de 1982 en el que perdió la movilidad de sus piernas, fue campeón nacional de velerismo y campeón inter-escuelas militares de salto alto. Aun teniendo una discapacidad se mantiene muy activo. Practica el buceo desde hace 20 años y los fines de semana juega tenis y hace carreras de karts junto con su hijo de cinco años.

Ahora Clopatofsky no solo se enfrenta a una entidad anquilosada, sino que tiene que resolver uno los mayores escándalos del fútbol profesional en Colombia: nueve de los 18 clubes tienen deudas salariales o incumplen con los aportes a la seguridad social de sus empleados. El destape más grande lo hicieron los jugadores de Deportes Quindío, cuando el pasado 9 de abril, debido al retraso en el pago de tres meses de salario, se negaron a viajar a Bogotá para cumplir con su compromiso de enfrentarse a Millonarios en la Liga Postobón. Es un hecho sin antecedentes en la historia del fútbol profesional colombiano y muestra hasta dónde ha llegado la crisis.

El deporte en Colombia requiere que Coldeportes muestre los dientes y no le dé más largas a situaciones insostenibles como la del fútbol profesional. Clopatofsky se enfrenta a desafíos, tanto de corto como de largo plazo, que pondrán sobre la mesa su talante.

El diagnóstico
A su llegada a Coldeportes, Clopatofsky encontró que muchos recursos de la entidad no eran ejecutados directamente, sino que eran entregados a terceros; entre ellos, 59 federaciones deportivas de carácter privado -algo curioso por tratarse de una entidad pública-, 35 institutos departamentales, y más de 600 institutos municipales. Es decir, prácticamente el deporte en Colombia no podía sobrevivir sin los recursos de esta institución.

En este sentido, en lugar de pasar más tiempo detrás de políticas públicas para el desarrollo del deporte, con su apretado presupuesto anual -$150.000 millones- Coldeportes se la pasaba atendiendo la inmediatez de las necesidades deportivas que existían en todos los rincones del país. Como consecuencia, el margen de control no solo era limitado, ya que se trataba de más de 2.300 eventos detrás de los cuales estaba la entidad, sino que no quedaban suficientes recursos para mejorar la infraestructura deportiva.

De los 55.500 espacios disponibles, solo el 15% era utilizable, una responsabilidad que por supuesto también se le atribuía al descuido de los gobiernos locales en su mantenimiento y a la misma población que se había encargado de destruirla.

A esto se sumaba que el deporte más protagónico en Colombia, el fútbol profesional, estaba pasando por uno de sus peores momentos, como resultado, dice Clopastofsky, de que los clubes se dejaron permear por el dinero del narcotráfico en los años 80 y 90, lo cual dio pie a los malos manejos administrativos que vemos hoy.

Con estos problemas enquistados y teniendo en la mira dos eventos de gran magnitud en Colombia, el Mundial Sub-20 de este año y los Juegos Nacionales de 2012, Jairo Clopatofsky llegó luchando contra viento y marea con el propósito de transformar la entidad y de ayudar a impulsar nuevas regulaciones que le apretaran el cinturón a situaciones tan escandalosas como la del fútbol profesional.

La reciente aprobación del proyecto de ley que obliga a los clubes de fútbol a convertirse en sociedades anónimas con el objetivo de democratizar su propiedad, evitar la infiltración de dineros ilegales; implementar control con cárcel, multas y prohibición de entrada a los estadios a las llamadas barras bravas, garantizar la protección laboral de los jugadores y posibilitar a Coldeportes para que vigile e intervenga, es la primera prueba de ello.

"Con la reglamentación como está, no podemos intervenir los clubes. Lo único que podemos hacer es quitarles el reconocimiento deportivo, algo que se convierte más en un problema que en una solución, pues los jugadores y los millones de seguidores no tienen la culpa de los malos manejos de las directivas y, acabar con el club, sería como acabar con ellos también", explica el director de Coldeportes.

Con esta nueva ley, se garantiza entonces que, ante casos como el del Quindío, el club pueda ser intervenido y se tomen las decisiones pertinentes.

Los planes
El actual director de Coldeportes quiere darle a la entidad el estatus de Ministerio, que sea el lugar donde se diseñen las políticas públicas que ayuden al desarrollo del deporte y no el lugar a donde todos van por plata. Pero, para tener la facilidad de ejecutar directamente los recursos de una manera eficiente y ágil e involucrar más al sector privado, un modelo que funciona muy bien en los Estados Unidos, Clopatofsky propone que la entidad se convierta en una sociedad de economía mixta. El proyecto se presentará pronto ante el Congreso.

"El deporte es un eje que atraviesa todas las instancias", afirma el ex congresista, que por casi 20 años ha estado detrás de iniciativas como la construcción de la política pública de discapacidad.

Por esta razón, y como administrador público que es -se graduó de una Maestría en Administración Pública de Harvard en 1999-, el director de Coldeportes ha buscado articularse con otras instancias para atacar diferentes problemas a través del deporte. "En el caso de la salud, el país está gastando más de $2,5 billones anuales para salvarles la vida a personas que llegan a los hospitales con problemas graves. Cuando uno se pone a ver, muchas de ellas comían mal y no hacían deporte. Por eso estamos en conversaciones con el Ministerio de la Protección Social para que juntos hagamos programas de prevención", explica.

Otros de sus aliados han sido el Ministerio del Interior y de Justicia, el Ministerio de Defensa y la Dirección Nacional de Estupefacientes, con un programa que busca la integración, la convivencia y la paz a través del deporte en 12 municipios con altos índices de violencia, drogadicción y VIH en jóvenes.

En un país con tanto desempleo como Colombia, que el deporte sea una opción de vida es una de sus prioridades. Para ello, Coldeportes ha generado, junto con el Ministerio de Vivienda, incentivos que premien a los mejores. Por ejemplo, los recientes ganadores del mundial de fútbol de salón fueron vinculados al Fondo Nacional del Ahorro, con lo que podrán acceder a un crédito de vivienda con tasa subsidiada, un subsidio familiar y becas para educación; hecho que se repetirá de aquí en adelante con todos los deportistas de alto rendimiento.

Para promover el deporte es imperativo contar con buena infraestructura. A raíz del Mundial de Fútbol Sub 20, Coldeportes financió la mitad de los más de $200.000 millones necesarios para remodelar los ocho estadios donde se llevará a cabo el evento deportivo más importante que se haya desarrollado en el país y financiará $120.000 millones más para adecuar las facilidades de los Juegos Nacionales de 2012.

Clopatofsky compara la revolución que quiere hacer en Coldeportes con la que hizo como recién egresado de administración de empresas de la Universidad de la Sabana, a finales de los años ochenta. En ese momento hizo parte del movimiento estudiantil de la Séptima Papeleta que daría origen a la Constitución de 1991. "Éramos un grupo de jóvenes cansados de la guerra del narcotráfico, el clientelismo, la burocracia y la corrupción, que teníamos un compromiso muy fuerte de cambiar al país, el mismo que siento hoy con el deporte", indica.

Como en cualquier transformación, Jairo Clopatofsky se tendrá que enfrentar a constantes críticas y a una gran resistencia. Pero él ya ha desafiado situaciones extremas, como cuando era Senador y se aprobó la Ley de Extradición. Dice que no le temblará la mano para poner orden y hacer del deporte en Colombia una opción de vida real y digna y no un simple pasatiempo, una meta que se convertirá en una carrera de largo aliento, pues en el camino tendrá múltiples obstáculos por superar. Sobre todo, porque Clopatofsky ahora está en el ojo del huracán: todo el país está esperando que se entreguen las obras del Mundial Sub-20 a más tardar el 30 de abril, como se prometió, y que ya no se les dé más largas a los problemas que enfrenta el fútbol profesional, donde pocos están cumpliendo las reglas del juego.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?