| 8/5/2005 12:00:00 AM

En guardia

Los expertos colombianos en vigilancia y seguridad privada cada vez son más requeridos para enfrentar la inseguridad y el terrorismo en otros países. Oportunidad para el sector, que ya ha 'exportado' alrededor de 350 profesionales.

Desde los ataques suicidas del 11 de septiembre de 2001 contra las torres gemelas en Nueva York, las principales potencias del mundo están en jaque por la violencia, los secuestros y el terrorismo. Colombia también, pero desde mucho antes. No en vano, el ambiente hostil y las condiciones de riesgo del país, producto de varias décadas de convivencia permanente con flagelos como el narcotráfico, los grupos armados ilegales y la delincuencia común, han convertido esta nación en una verdadera potencia de la seguridad privada.

El terrorismo ha demostrado a la comunidad internacional que hasta la fuerza pública de los países más poderosos es insuficiente para combatirlo, y que garantizar un estándar mínimo de seguridad en cualquier lugar, ante esta nueva e impredecible modalidad de guerra, requiere la colaboración y coordinación permanente entre agentes públicos y privados. Al fin de cuentas, la razón de ser de la seguridad privada es la prevención, y esa es precisamente la mejor herramienta para frustrar el número creciente de atentados que hoy padece la población del mundo.

En ese contexto, la experiencia colombiana -pública y privada- ha venido ganando tanto reconocimiento y valorización, que los cálculos menos optimistas del sector estiman que alrededor de 350 especialistas en seguridad privada del país ya trabajan en el exterior, con ingresos por persona que en promedio oscilan -haciendo el cambio a pesos- entre $14 millones y $30 millones al mes. "Las propias multinacionales estadounidenses piden consultores de Colombia y, de hecho, este país es hoy uno de los mayores proveedores externos de gente para seguridad privada en Iraq, España, Venezuela, México y Francia", confirma Rubén Fajardo, de la Asociación Mexicana de Especialistas en Seguridad Integral.

Aunque no hay cifras concretas al respecto, los expertos colombianos en seguridad son muy apetecidos. "Las empresas del sector crecieron al tiempo con el terrorismo y esa es una ventaja comparativa de nuestros profesionales con respecto a los de otros países. Nosotros hemos evitado muchos ataques terroristas y secuestros", asegura Jaime Higuera, presidente ejecutivo de la Asociación Nacional de Seguridad Privada (Andevip). Por esa razón, Bogotá fue elegida en 2003 como sede del Primer Congreso Latinoamericano de Seguridad Privada, el cual convocó en aquella época a 60 empresas internacionales. "Vinimos a aprender de ustedes, nos decían", recuerda Jaime Higuera, de Andevip.

El know how del país es codiciado en todos los niveles. Incluso, por estos días, España tramita una modificación a su legislación para que el déficit de 7.000 guardas de seguridad que hoy padece, lo cubran colombianos. Hasta ahora, la ley española -como en casi todos los países del mundo- solo permite prestar los servicios de seguridad privada a sus nacionales, pero el parágrafo en cuestión permitiría emplear personal de otras nacionalidades siempre y cuando haya un convenio de cooperación entre España y el otro país, el cual firmaron recientemente la Federación Española de Seguridad (FES) y su similar de Colombia, Andevip.

"Ellos confían en que nuestra 'malicia indígena' sea su mejor medicina para combatir el incremento de la delincuencia común en sus ciudades", anota un especialista del sector. El impacto de esta probable 'exportación' es significativo, pues cada persona -pagada por horas- podría recibir al mes entre 2.500 y 3.000 euros. Es decir, multiplicado por los 7.000 guardas que requieren, significaría una facturación entre todos de 210 a 252 millones de euros al año.



Oportunidades más seguras

Pero más allá de posibilidades coyunturales como la española, en materia de seguridad lo que pide ahora el mundo es profesionalismo a toda prueba. No en vano, los especialistas son contratados para enfrentar y derrotar enemigos de altísima peligrosidad y recursos. Así que la ventaja colombiana muy pronto dejará de estar en su experiencia y 'malicia' -en la medida en que los demás países la acumulen también, por enfrentar día a día al terrorismo y a la delincuencia organizada- y pasará al terreno del conocimiento y el nivel de capacitación de su talento humano.

"Yo acabo de llegar de Iraq, adonde fui como especialista contratista en seguridad, requerido por empresas británicas y estadounidenses. Ellos necesitaban un experto que capacitara a su gente y les enseñara cómo actuar en casos extremos. Mi labor durante los 7 meses que estuve consistió en dar una visión estratégica a los departamentos de seguridad de estas compañías. A eso vamos allá los colombianos, en calidad de consultores; no como mercenarios, como han dicho algunos medios de comunicación del país", aclara un asesor en seguridad privada colombiano que prefirió mantener su nombre en reserva.

Para trabajar en Iraq es obligatorio hablar inglés o árabe; tener preferiblemente una experiencia que incluya el paso por las fuerzas armadas del país, y certificar los conocimientos mínimos que garanticen una asesoría proporcional a su costo. "Allá uno gana casi 15 veces más de lo que recibe acá y en ocasiones, hasta 31 veces más, según la especialidad y la experiencia", agrega el consultor internacional.

La demanda por nuestros especialistas es global. "A mí me han ofrecido, como persona natural, ser jefe de seguridad de un organismo gubernamental en Estados Unidos y sé que el jefe de seguridad de Bimbo en su casa matriz es un colombiano", anota Raúl Muriel, gerente general de Cosinte, empresa asesora y consultora en seguridad privada.

Los expertos colombianos están conscientes de la necesidad de profesionalizar su actividad para no perder competitividad en el mercado global. "Más que tecnologías, las metodologías del país han hecho la diferencia. Después de Estados Unidos, Colombia es tal vez el país que más expertos asesores de seguridad tiene; pero además, es uno de los que más variedad ofrece en estudios gerenciales especializados", asegura el coronel Luis Enrique La Rotta, presidente del capítulo de ASIS Colombia, entidad filial de la organización internacional más reconocida en seguridad corporativa del mundo, y gerente general de Sicurex, empresa de capacitación en seguridad, y de Isvi, de soluciones integrales de protección.

La máxima certificación global que existe para los profesionales de la seguridad es el CPP (Certified Protection Professional), que otorga ASIS International. Hace 4 años 10 colombianos la ostentaban, hoy la tienen 43. "Proporcionalmente, somos de los que más CPP aportan al mundo y a la vuelta de 2 años pienso que duplicaremos el número actual", asegura Ricardo Felipe Quintero, gerente del Grupo Atlas. "Sin duda, Colombia es uno de los pocos países donde la seguridad privada realmente se ha profesionalizado", agrega Carlos Mario Restrepo, gerente regional zona centro de la multinacional Wackenhut. "En seguridad aeroportuaria, por ejemplo, hemos sido pioneros en el control de carga. Por eso de Venezuela, Ecuador y Perú acuden muchísimo a nuestro conocimiento", finaliza el coronel Álvaro Bonilla, gerente de la empresa especializada Colpryst.



Inteligencia empresarial

La capacitación se ha vuelto un elemento crítico en el negocio y Colombia, un centro de enseñanza para la región. "Uno de los productos que más vienen a buscar al país es la preparación de personal de protección para funcionarios y directivos", asegura el coronel Luis Enrique La Rotta. "Precisamente, en unas semanas, la Academia de Vigilancia Privada (Adevip) capacitará 50 escoltas procedentes de Ciudad de México", comenta Jaime Higuera, de Andevip.

Las áreas de enseñanza colombiana son tan amplias como diversas, debido a que el profesional de la seguridad en el país es multifacético (enfrenta innumerables facetas del delito) y, de hecho, ha acumulado conocimientos muy específicos que le permiten tener un criterio más claro para evaluar cualquier riesgo. Esta característica genera hoy dos claras oportunidades para los expertos criollos: la primera, porque su prestigio y conocimiento los puede convertir en 'capacitadores' por excelencia de la región y la segunda, porque su perfil profesional se amolda perfectamente a los nuevos requerimientos de las grandes multinacionales en todo el mundo. "La seguridad física o humana será sustituida tarde o temprano, en un alto porcentaje, por la electrónica; así que el futuro de este negocio va más allá, y está justo donde Colombia es potencia: la inteligencia empresarial o consulting", prevé Raúl Muriel, de Cosinte.

"Ahora el departamento de seguridad está involucrado en los procesos de selección de personal de las organizaciones y revisa antecedentes, documentos, hace una validación pormenorizada de datos y referencias, y hasta hace visitas domiciliarias para garantizar la confiabilidad de los nuevos empleados", explica Jaime Higuera, presidente ejecutivo de Andevip. "Ya el hombre de seguridad está sentado en la junta directiva de la compañía y participa en su plan estratégico", agrega Carlos Mario Restrepo, de Wackenhut.

Las empresas colombianas también han comenzado a buscar mercado en el exterior, en la medida en que las legislaciones de los países lo permitan, como una manera de combatir sus bajos márgenes -producto de la alta piratería e informalidad en el negocio- y la imposibilidad legal actual de recibir inversión extranjera. "La seguridad en Colombia no es tan rentable como en otros países. Por eso, estamos incursionando en los mercados de Perú, Venezuela y Ecuador, donde buscaremos entrar ya sea con franquicias o por medio de socios. Y estamos seguros de que no somos los únicos en ese proceso de internacionalización", afirma Ricardo Felipe Quintero, del Grupo Atlas.

El mercado de la seguridad privada en el país mueve alrededor de $2,9 billones; exporta -además de expertos- chalecos antibalas, carros blindados y software nacional para control de acceso e identificación de personas, entre otros productos o servicios; emplea 200.000 personas directas (entre vigilantes y escoltas), en comparación con las 188.000 del Ejército y 115.000 de la Policía, y está compuesto por 588 empresas de vigilancia; 1.423 departamentos de seguridad; 7 transportadores de valores; 477 asesores, consultores e investigadores; 33 departamentos de capacitación; 22 empresas asesoras; 28 blindadoras, y 51 escuelas de capacitación. El sector tiene razones de peso para estar en guardia, mirando las oportunidades crecientes del exterior.
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