| 2/6/2004 12:00:00 AM

En alza franca

Los precios de tierras rurales en Colombia han subido sustancialmente en los últimos dos años. El fenómeno tendrá repercusiones sobre el campo colombiano.

En los últimos dos años, los precios de las tierras rurales han crecido más que los de las propiedades urbanas. El incremento no ha sido uniforme en todo el país, pero en zonas como Yopal o el Bajo Cauca Antioqueño supera el 80% y el 60%, respectivamente.

Es una buena noticia para los propietarios rurales y para los negociantes de finca raíz, pero el inicio de una bonanza inmobiliaria rural preocupa a muchos cultivadores que ahora tienen que competir en mercados internacionales contra productores que siembran en mejores tierras de precios menores.



Detras del alza

Parte de la explicación del aumento en los precios de las tierras es la mejora en la rentabilidad de los cultivos que, a su vez, se relaciona con la suerte de los productos en los mercados locales o internacionales.

Así, por ejemplo, los precios de las tierras en el Eje Cafetero se han venido recuperando lentamente después del descalabro que produjo la crisis del grano. Según la Asociación Colombiana de Avaluadores, en promedio una hectárea en esta región puede costar hoy $12 millones, un aumento de 50% en dos años. Gracias a la diversificación de cultivos, a la producción de cafés especiales y a la recuperación del precio externo, la zona ha empezado a recobrar una parte del valor perdido.

En la región cundiboyacense, las flores han empujado los precios de las tierras. Los vientos favorables que soplan para las flores colombianas en particular por la firma de un TLC con Estados Unidos, que haga permanentes las preferencias arancelarias para entrar a ese país, son los responsables del comportamiento. Un resultado lateral menos esperado es el aumento de valor de los predios aptos para la siembra de papa, que comparten el mismo piso térmico de las flores, aun cuando la rentabilidad del tubérculo no ha aumentado.

Las condiciones de seguridad naturalmente han incidido en el alza de los precios. Ciertas zonas, antes desoladas por la guerra, han visto a sus dueños regresar a sembrar. Cuando el Urabá Antioqueño era zona roja, los precios de la hectárea cultivada de banano no superaban $2 millones, hoy su militarización los ha empujado a $12 millones. En otros lugares, como el Caquetá o la región del Río Negro en Cundinamarca, la inseguridad mantiene los precios estancados.

Sin embargo, el aumento de precios no se debe exclusivamente a las mejores condiciones del campo. Después de todo el crecimiento de la agricultura en los últimos años, aunque bueno, está lejos de ser espectacular. Hasta septiembre, el PIB agropecuario creció 0,8% anualizado cuando hace dos años lo hizo en 2,8% sin ilícitos.

En algunos casos, parece estar sustentado en otros factores. La Sociedad de Avaluadores sostiene que los aumentos de precios en el Bajo Cauca Antioqueño obedecen a la presión de compradores que están dispuestos a pagar cualquier precio, sin importar la rentabilidad del suelo. Algo similar ocurre en Ipiales con las tierras de papa.

El inusitado crecimiento en precios tiene perplejos a algunos cultivadores. "Los aumentos que hemos visto en los últimos dos años son absurdos", dice Rubén Darío Lizarralde, gerente de Indupalma. "Creemos que las alzas en nuestras zonas de entre 200% y 400% se deben a dineros sospechosos, bien sea de guerrilla, paramilitares o narcotraficantes", dice. La empresa ha tenido que frenar sus planes de expansión y con ellos un proyecto para la siembra de 1.000 hectáreas de palma africana para madres cabeza de hogar.

Un aumento desmedido en los precios de la tierra afecta la competitividad de la producción nacional. Una hectárea de tierra con riego en Brasil puede costar US$1.500.

Por eso, el monitoreo de esta variable es tan importante para que el país no se quede con tierras que no puede explotar.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?