| 7/10/2014 5:20:00 PM

Haciendo arte y plata

Empresas editoriales, audiovisuales, de diseño y música, entre otras, están fortaleciendo la industria cultural del país, que aporta hoy 3,3% del PIB y factura US$11.000 millones.

La perspectiva de tener un hijo artista ha asustado a muchos padres que temen que con esa actividad sus retoños no tengan suficiente para vivir. Sin embargo, cada vez son más los colombianos que se dedican a actividades relacionadas con el arte. Y no solo están realizados profesionalmente; también están haciendo plata.

Prueba de ello es el crecimiento que registran las industrias culturales en el PIB nacional. Estas pasaron de representar 1,58% en 2002 a 3,3% en 2012; aportan 5,8% del empleo y convirtieron al país en el segundo exportador de bienes y servicios culturales de Suramérica, después de Brasil.

Las actividades audiovisuales y editoriales son las que más pesan entre las industrias culturales colombianas, con 91% del PIB generado y si se deja de lado el creciente negocio de la televisión y el cine, llama la atención el buen desempeño de algunas empresas en sectores que muchos han declarado “en vía de extinción”, como la edición de libros o los sellos discográficos.

Uno de estos casos es el de Puntoaparte Editores, una empresa que se fundó hace nueve años con la convicción de que los libros son una excelente herramienta de mercadeo y mezcló los dos conceptos creando el bookvertising, que es la mezcla de libro (book) y publicidad (advertising).

El ingeniero industrial y literato Andrés Barragán, su fundador, comenzó con la empresa como resultado de su tesis de grado y explica que a diferencia de otras editoriales, la suya no parte de los lectores sino de las empresas que quieren usar el libro para fortalecer su marca.

Arrancaron haciendo los libros que conmemoran los 50 años de varias empresas e incluso publicaciones para el Banco Mundial, y en el cuarto año de operaciones ganaron un premio de emprendimiento del Consejo Británico.

Barragán confiesa que no le temen a la piratería pues sus libros son para lectores que tienen un vínculo emocional con la marca y pagan por eso. De ser una empresa familiar, hoy genera 20 empleos e incluso ya tienen un sello editorial en inglés: Latinlover Publishing.

Otro caso similar es el de Laboratorios Black Velvet, empresa que le ha sacado jugo a la actividad audiovisual desde varios frentes, como la producción y distribución de cortometrajes, que han podido vender incluso a gigantes como Turner; la distribución y comercialización de material audiovisual, lo que incluye documentales y detrás de cámara de algunos eventos –como el Festival de Cine de Cartagena– y la promoción y difusión del cine nacional.

Por sus manos pasa la divulgación de todas las películas colombianas y, además, tiene una división que se encarga de llevar las estadísticas del cine que se exhibe en el país, lo que incluye datos semanales de la taquilla.

Jaime E. Manrique, director de Black Velvet, dice que su modelo de negocio ha evolucionado durante los 16 años de operaciones y ahora el paso es ofrecer sus servicios a nivel latinoamericano.

No es un juego

También en el campo digital hay negocios para mostrar. Los tres hermanos Higuera decidieron montar una empresa de fotografía para revistas y publicidad, pero poco a poco sus clientes los fueron llevando a las aplicaciones y a los juegos educativos.

Hoy, Higuera Studios no solo tiene una oficina en Estados Unidos, sino que se especializó en producir para el mercado anglosajón. Uno de sus productos bandera es un cuento interactivo sobre un niño autista y el objetivo es ayudar a prevenir el matoneo.

Con 11.500 descargas pagas y seis premios de la Asociación de Madres de Estados Unidos, el cuento titulado Axel’s chain reaction, pronto tendrá una versión de juego. Frank Higuera, uno de los fundadores, anuncia que ahora van a trabajar en juegos de lenguaje y matemáticas, así como en tecnología de realidad aumentada para que los juegos se puedan incluir en los libros físicos.

Otra industria cultural que está creciendo es la del diseño. Allí se destaca Toquica, empresa que presta servicios de ambientación gráfica. Los hermanos Andrés y Francisco Toquica explican que su trabajo consiste en diseñar espacios para darle identidad a un proyecto o una empresa. Entre sus clientes están multinacionales como GlaxoSmithKline, UBS, Mercado Libre y Codensa. Admiten que el negocio del diseño es muy competido, pero dicen que su plus es que diseñan y producen los espacios que intervienen.

En el frente musical sobresale Merlín Producciones, una firma paisa que arrancó como estudio de grabación, pero que hoy no solo es un sello independiente con artistas propios, como Puerto Candelaria, sino que además produce jingles, sonido comercial y publicitario, hace musicalización para cine y organiza eventos musicales dentro y fuera del país.

Merlín comenzó como la idea de unos músicos que querían vivir de su arte y por eso más que una banda lo que decidieron fue crear una empresa, explica Juan Felipe Arango, su productor ejecutivo.

Todas estas firmas ya dan utilidades y algunas facturan por encima de $1.000 millones al año. Esto les ha servido para ser la cara del país en las ruedas negocios culturales.

Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que las industrias culturales del país facturan US$11.000 millones al año y exportan un poco más de US$800 millones, lo que es similar a las ventas externas de azúcar y sus derivados. Razones de más para que los padres no sufran por el futuro económico de sus hijos artistas.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?