| 10/30/1998 12:00:00 AM

"El único recurso es exportar"

Jorge Cárdenas Gutiérrez, gerente de la Federación de Cafeteros, habla sobre la crisis mundial y el futuro del café, el campo y la paz en Colombia.

Es difícil encontrar en Colombia a un hombre más ducho en temas de negocios y alto gobierno que Jorge Cárdenas Gutiérrez. Gerente de la Federación Nacional de Cafeteros desde 1983, ha conocido en ese cargo a todos los Presidentes y a muchos más Ministros de Hacienda. Ha sido un observador privilegiado de los mercados internacionales, el mundo del café, la sociedad rural, el Estado y la economía de Colombia.



Cárdenas ha visto muchas tempestades a lo largo de su carrera, pero también ha visto cómo, siempre, después de la tormenta sale el sol. En estos momentos de aguda crisis nacional e internacional, Dinero conversó con Jorge Cárdenas sobre algo que él sabe hacer bien: pensar para el largo plazo.



¿Cómo cree que va a evolucionar la economía internacional?



La crisis se ve en Europa, en Asia y ya va llegando a América Latina. Nunca ha habido una crisis tan conjunta, de proporciones tan grandes. De la situación que atravesamos, el mundo no se repone antes de 5 años.



¿Cómo le va al café en este mercado internacional?



Tenemos por delante una crisis estructural. Por el lado de la demanda tenemos una caída, causada por la crisis económica, pero también tenemos cambios en los hábitos de consumo. Otras bebidas están superando la popularidad del café.



Por el lado de la oferta, los países productores ­en medio de sus crisis fiscales y externas­ aumentan la cosecha. Puede sonar sorprendente, pero en el mundo se cumple que donde hay paz, brota el café: en América Central, Vietnam y Cambodia, Tanzania y Uganda. La oferta mundial tiende a crecer.



Pero también hay factores positivos. Europa Central y Oriental tienen capacidad para corregir sus actuales deficiencias de mercado y están próximos a una enorme expansión. Confío en que los asiáticos y los rusos salgan de su crisis. En Brasil veo enormes cambios. La eliminación de la inflación mejoró dramáticamente el ingreso de la gente, especialmente la más pobre y con ello el consumo de café, que se había ido al suelo, se dobló. A los 15 millones de sacos para el mercado externo, ahora se suman 12 millones de sacos de consumo interno. La cuestión es de un tamaño tal, que Colombia puede venderle café a Brasil.



Otro factor importante es que la caficultura se está consolidando como una producción de trópico, en una franja de cinco mil kilómetros al sur y al norte del ecuador. Esto implica que las heladas perderán importancia como determinantes del precio. En Brasil, una nueva generación de cafeteros en el nordeste, con siembras y recolección mecanizada e industrializada, está cambiando el mapa del cultivo. Hasta la China tiene una zona que va a ser productora de café.



¿Puede haber en el futuro un acuerdo de productores?



No veo cómo la caficultura se va a defender sin un mínimo de coordinación entre los países. De aquí al 2002 tiene que haber organización fuerte de los productores. La gente se ha dado cuenta de lo mucho que se perdió con el desmantelamiento del Acuerdo Internacional del Café en 1989. En su momento, Fernando Henrique Cardoso, hoy presidente de Brasil, fue uno de los críticos más severos de la caída del pacto mundial.



¿Cómo ve a la caficultura colombiana en el nuevo siglo?



El punto de partida es un enorme deterioro en las condiciones del negocio para el productor. El cafetero ha perdido muchos ingresos en los noventa, por la reducción de precios y la revaluación. Se ha empobrecido, se ha descapitalizado y se ha endeudado. La gente está desanimada y vende las fincas. Se ha perdido una valorización grandísima de la propiedad.



El precio de libra en finca al comienzo de los 90 era de 60 centavos de dólar por libra, precio que generaba optimismo. Hoy se paga un dólar y nadie está contento. Parte de la explicación es la revaluación pero, sin duda, estamos con los costos muy altos, tal como está Costa Rica. Tenemos que producir café al mismo costo de Guatemala, El Salvador o Brasil: a 80 centavos. Esa debe ser nuestra gran meta.



La caficultura colombiana hacia adelante es necesaria y viable. Tenemos gente que sabe de café: 800.000 personas empleadas y 500.000 familias dedicadas al cultivo. Tenemos tierra con condiciones óptimas. Tenemos el conocimiento de los mercados y también la mejor imagen internacional.



En los próximos cinco años hay que reorganizar la caficultura. Colombia tiene el 15% de la demanda mundial. Para mantenerlo, la producción debería ser de alrededor de 15 millones de sacos de aquí al 2005. El consumo interno deberá ser de 2 millones y las exportaciones de 12. Es preciso que la producción de esos 15 millones de sacos vuelva a ser rentable.



¿Y cómo hacer para pasar de una situación tan mala como la actual a una tan buena como la que usted percibe?



Los cafeteros nunca han estado realmente expuestos a las realidades internacionales, pues siempre han tenido un amortiguador importante, que es el Fondo. Pero la capacidad de éste va a ser menor que en el pasado.



Debemos emplearnos a fondo para que el caficultor pequeño trabaje más articuladamente y con mayor eficiencia, articulando los productores, educando al cafetero para la gerencia. Hay que mecanizar el café. Incluso en un mundo de pequeños caficultores, con difícil topografía; hay que inventar procesos elementales que rebajen la mano de obra en la recogida de la cosecha.



La prima del café colombiano, hoy en 16 centavos, no reflejará en el futuro diferencias de calidad, pues el café centroamericano se diferencia cada vez menos del nuestro. La prima, que puede bajar a 10 centavos, se ganará por el mejor manejo del mercado: el orden, la disciplina y el control de calidad que implican mayor seguridad al trabajar con Colombia. Esa prima deberá dedicarse a hacer investigación de café, para apuntalar la reducción de costos.



Llevamos un año desarrollando una visión coherente de la nueva forma de hacer la caficultura, con el concurso de las universidades y Fedesarrollo, para ver las implicaciones macro y micro del nuevo programa de ajuste cafetero.



La crisis le ha hecho perder a la región cafetera el desarrollo que tenía para mostrar. Es la oportunidad de diversificar los ingresos, utilizando mejor los buenos recursos de infraestructura, educación y juventud que poseen. Es importantísimo que esta zona sea muy dinámica en producción y empleo. La propuesta de desarrollo integral hecha por el estudio ha sido sometida a un gran debate entre los cafeteros. Estamos a punto de encontrar la salida sobre lo que se debe hacer. Ese será el tema del próximo Congreso Cafetero en diciembre.



¿Cómo cambiarán la Federación y sus negocios?



El gran reto es cómo, con pocos recursos, en un mundo abierto y competido, vamos a desempeñarnos. Ese es un tema difícil para la Federación, porque la gente no lo reconoce así. Siempre le pide más.



Recientemente, hemos fortalecido nuestras estructuras democráticas, al realizar elecciones en 550 municipios con participación de más de 185.000 caficultores. Se eligieron 90 directivos, 30 de ellos nuevos. Se culmina el proceso de 20 años de apertura y se acaba el discurso de que nosotros somos un grupo cerrado.



El aparato de la Federación será mucho menos grande y más centrado en salvar al cafetero, en reestructurar la industria, modernizarla y volverla competitiva. La gran mayoría de los negocios que se crearon en el pasado con la plata de los cafeteros hoy ya no son competitivos, porque no han podido ser capitalizados. Si tenemos que quemar hasta la última de las inversiones no cafeteras, lo vamos a hacer.



La Federación tiene que concentrar esfuerzos y llamar al Estado a que preste unos servicios que antes prestó ella pero que ya no está en capacidad de seguir manejando. Va a bajar el número de empleados y se va a reordenar. Y, de acuerdo con la nueva reforma tributaria, hasta de pronto pagamos impuestos de renta...



Más allá de la caficultura, ¿cuáles cree que serán los principales cambios en el campo colombiano?



A pesar de los costos y dificultades, la paz va a lograrse. Seguramente va a haber cambios políticos para que la guerrilla se acoja. Ya sabemos que eso nos tocó. El costo podría disminuir para el país si el mundo no nos deja solos y nos ayuda para facilitar la paz.



La paz permitirá abrir nuevas formas de agricultura que la guerrilla ha ido parando. Particularmente atractivo me parece el desarrollo de los jugos naturales, que puede hacerse en las zonas cafeteras o en la otra mitad de Colombia.



La Federación puede aportar mucho, pero en una forma distinta que en el pasado. Podemos aportar conocimiento para la producción, pero se requieren capital privado y alianzas. Estoy seguro de que podemos atraer plata importante para el desarrollo de la agricultura alternativa al café, que tenga potencial para consumo interno y el mercado externo. Pero también necesitamos una alianza con quienes saben mercadear en el ámbito internacional. Este contexto permitiría hacer unos contactos de largo plazo con el agricultor, lo que ha sido una de las bases del éxito del café.



¿Qué se habrá logrado para el 2002?



Nos toca hacer la reestructuración cafetera y los ajustes macroeconómicos muy rápido. El país se ha gastado mucho tiempo discutiendo si hay revaluación. En septiembre pasado nos dieron 10% de devaluación, como adelanto. Todavía nos deben el 20%. Por supuesto, entendemos que no se puede hacer ya, porque el choque sería muy grande.



Aquí hay que unirse y hacer un plan de choque, porque la plata no nos va llegar de afuera. Vamos a tener que generar, con las exportaciones y el ahorro, los recursos que se necesitan para el desarrollo. El único y más valioso recurso será exportar.



¿Siente que el gobierno va en esa dirección?



No sé.



¿Cómo ve a Juan Camilo Restrepo?



Generalmente, el gran conflicto es poder unificar el criterio de todo el gobierno, no sólo del Presidente. Veo a Juan Camilo con opinión favorable para él, con mucho dominio en el Congreso, donde tiene una posición muy respetable y seria. El va manejando esto con serenidad, lo veo dueño de la situación. Parece copiado de don Esteban Jaramillo. No creo que haya alguien en el país más capacitado para manejar esta situación tan difícil.
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