Revista Dinero

Luis Fernando Andrade Presidente de la ANI

| 10/10/2012 6:00:00 PM

El tren del deseo

Cuatro grandes proyectos férreos por cerca de US$10.000 millones están sobre la mesa de la Agencia Nacional de Infraestructura. ¿De qué se tratan y qué tan viables son?

Durante los primeros tres meses que lleva de reglamentada la nueva ley de Asociaciones Público Privadas (APP), se han radicado ante la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) 17 iniciativas que representarían inversiones por alrededor de $24,4 billones. Pero mientras las iniciativas viales –en su gran mayoría– son la extensión de las existentes o coinciden con proyectos que ya tiene el Gobierno, las ferroviarias son megaproyectos billonarios y tremendamente ambiciosos.

El Gobierno y la ANI tienen sus esperanzas puestas en este tipo de iniciativas para reconstruir y renovar la incipiente red férrea nacional. “Colombia debe tener una red férrea que conecte el centro del país con los puertos para permitir la explotación de mercancías y ser más competitivos. El gobierno nacional se ha propuesto intervenir más de 3.400 kilómetros de ferrocarriles, con una inversión estimada en más de $12 billones”, afirma Luis Fernando Andrade, presidente de la ANI.

Al referirse a las cuatro iniciativas que ya están sobre la mesa (ver recuadro de propuestas), Andrade asegura que “la mayoría de iniciativas busca ampliar la capacidad de carga del país, por ejemplo, para sacar el carbón de la rica región de Cundinamarca y Boyacá hacia la Costa Caribe; para conectar la carga que sale de la región cafetera con el Océano Pacífico, para mejorar y ampliar la carga de carbón de la región del Cesar, entre otras”.

Sin embargo, para expertos del sector no será fácil cumplir estas metas pues los problemas son bastantes complejos por la poca demanda de carga de sectores distintos a los commodities y la enorme capacidad financiera que requerirán los concesionarios, entre otros.

Para comenzar, existe una alta incertidumbre sobre los proyectos que se han presentado en torno a si tienen o no la suficiente demanda de carga que los haga viables, pues es claro que los volúmenes que maneja la red férrea nacional se limitan prácticamente a la exportación de carbón.

Quienes estiman que no hay la suficiente carga recuerdan lo ocurrido con la Red Férrea del Pacífico, que esperaba movilizar 1 millón de toneladas anuales, cifra que efectivamente movilizó pero en los últimos ocho años (2004-2011).

Además, consideran que hay que ser cuidadosos al evaluar, por ejemplo, la Red Central que se extiende a los largo del valle del río Magdalena y conecta el centro del país con la Costa Atlántica pues compite por la carga con la Ruta del Sol y la misma recuperación del Magdalena, cuyo plan es convertirse en una ‘autopista’ fluvial en el mediano plazo y que para finales de este año sacará la licitación.

A pesar de estos hechos, el objetivo de la ANI es pasar de transportar 35 millones de toneladas anuales a 90 millones en 2018. A su favor juega el hecho de que las exportaciones de carbón alcanzarán los 152 millones hacia 2020 y habría que generarles oportunidades de transporte a sectores como contenedores, cereales, abonos, cemento, hierro, acero, papel y cartón, entre muchos otros que tienen sus fortalezas productivas en el interior del país ante la entrada en vigencia de los Tratados de Libre Comercio.

Dado los altos niveles de inversión que requiere este tipo de proyectos por la complejidad geográfica y su dificultad en temas como compras de predios y licencias ambientales, los más escépticos dudan de que haya concesionarios con experiencia local y el músculo financiero necesario para emprender estos megaproyectos. Sin embargo, con el nuevo esquema de concesiones se espera que se conformen concesionarios que cumplan todas las condiciones y vinculen extranjeros con experiencia en este tipo de proyectos y con gran capacidad financiera.

En todo caso, las iniciativas tardarán tiempo en concretarse. Según la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI), en el mejor de los casos y si se cumplen todos los tiempos reglamentarios, los proyectos ya presentados iniciarían actividades de construcción, en unos casos, o de rehabilitación, en otros, en al menos dos años.

Es claro que la estructuración de estos proyectos será bastante compleja y tomará tiempo para hacerlo bien y no repetir las historias del pasado.
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