| 8/18/2006 12:00:00 AM

El sueño americano

La decisión de Juan Pablo Montoya de abandonar la Fórmula 1 para ir a la Nascar puede ser perjudicial en materia deportiva, pero en lo económico resultó un acierto.

Hace 2 meses, la Nascar Nextel Cup no valía un peso en Colombia; hoy, tras el anuncio de Juan Pablo Montoya de correrla, es un verdadero premio mayor para canales de televisión, cadenas radiales y patrocinadores, los cuales han tenido que moverse a la velocidad del piloto bogotano para tratar de lograr silla a su lado el año entrante.
 
Lo que parecía una desafortunada maniobra para no salir por la puerta de atrás de la Fórmula 1 (F1), terminó siendo una jugada maestra con alcances económicos y comerciales que ni el propio corredor calculó al momento de firmar contrato con su ex jefe Chip Ganassi, para competir en la prueba automovilística más popular de Estados Unidos.

¿Pero cómo puede ser una buena decisión abandonar el campeonato mundial del deporte por el cual luchó toda la vida? Sencillo. En lo deportivo ya le aburría, pues su talento era lo de menos para ganar carreras, nunca fue el líder de sus equipos y el ambiente de la F1 siempre le fue hostil.
 
Además, sin pretendientes de peso para el año entrante, sus posibilidades de ganar eran mínimas. Por otra parte, en lo económico tampoco tenía mayor motivación y lo más seguro era que de los US$12 millones anuales que según fuentes cercanas al equipo ganaba en McLaren, tuviera que conformarse en 2007 con la mitad, cifra que —al parecer— Ron Dennis iba a ofrecerle para mantenerlo en su escudería, confiado en que no habría un mejor postor.

Pero sí había, y estaba fuera de sus terrenos. Ganassi le ofreció a Montoya, según fuentes de prensa estadounidense, US$8 millones anuales durante 5 años para correr en Nascar, con el 'valor agregado' de que allá los pilotos ganan jugosos premios adicionales en dólares. "Es decir, si hace una temporada normal puede completar de US$12 millones a US$15 millones, pero si le va tan bien como se espera, podría ganar más de US$20 millones", asegura un experto en la categoría.
 
A lo económico se suman factores emocionales que influyen positivamente en el comportamiento en las pistas del piloto colombiano: volverá a divertirse corriendo, pues allá pesa más la conducción que la máquina; volverá a ser la superestrella de una categoría, pues viene de la F1; volverá a sentirse joven, pues a sus 30 años tiene hasta 15 años más de Nascar por delante, y volverá a vivir en Estados Unidos, un país que según sus amigos "le fascina".

Motor de negocios

La llegada de Juan Pablo Montoya no podía ser más oportuna, pues la Nascar anda en busca de ampliar sus mercados hacia las apetecidas audiencias hispanas en Estados Unidos, e incluso hacia América Latina. No en vano, ya tiene corredores de México —y hace carreras en ese país— y de Brasil.
 
La capacidad estadounidense para diseñar productos atractivos y comercializarlos hace de la Nascar un evento que a pesar de ser hasta ahora muy local, puede mover más dinero que la propia F1 por su espectacularidad y altísima audiencia.
 
Basta saber que es el segundo evento deportivo más visto en Estados Unidos, después del fútbol americano; que alrededor de 7 millones de personas asisten a sus carreras; que vincula más empresas de las 500 de la revista Fortune que cualquier otro deporte; que su calendario es más largo (10 meses), con el doble de competencias (36) y mayor duración por carrera (entre 2 y 3,5 horas), y que los productos con su licencia representan más de US$2.000 millones anuales en ventas minoristas.

Por eso, el silencioso revuelo de estas semanas en Colombia. El paso de Montoya a una categoría tan comercial como la Nascar amplió las posibilidades de canales, emisoras radiales y patrocinadores.
 
Los canales ahora aspiran a mejorar horarios y emitir en directo las carreras; las emisoras, a un cubrimiento logísticamente menos costoso y con mayor potencial de comercialización (irían también por latinos en Estados Unidos), aunque se cruza con el fútbol profesional, y los patrocinadores, a seguir bajo la estrella de Montoya. "Los resultados hasta ahora han sido muy buenos", confirma Santiago Forero, gerente de categoría de analgésicos de GSK, patrocinador del piloto colombiano con Dolex efervescente este año.

Pero la compañía que más ganó en el país con la decisión de Montoya fue Fox, pues apenas en enero había lanzado en América Latina su Speed Channel, el canal que transmite la Nascar y posee sus derechos desde hace 2 años.
 
No en vano por estos días el vicepresidente senior y director general adjunto de Fox Latin American Channels, Carlos Martínez, está en Colombia en negociaciones con Caracol, RCN y City TV. "En televisión cerrada por ahora 2 operadores de cable tienen Speed, pero a partir de noviembre lo tendrán todos. Le sumaremos contenidos locales propios y habrá mucho cubrimiento desde aquí", afirmó.

El potencial de la Nascar en el país es inmenso, así como las posibilidades económicas de Juan Pablo Montoya. Dependerá —como siempre— de su desempeño en las carreras, pero en eso influirá ahora más que nunca su talento y estado de ánimo. Y en eso está volando.


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