| 6/1/1994 12:00:00 AM

El submundo de los taxis

Cada vez que un taxi le para a uno, es inevitable sentirse culpable por obligarlos a hacer un recorrido.

El hombre en la luna, el hombre dando vueltas alrededor del mundo. Ya no hay ley ni orden en la tierra", grita un personaje de la profética novela de Anthony Burgess, "La naranja mecánica". Alguna vez, hablando con una amiga sobre este libro, elogié el talento del altor al escribir hace treinta anos y predecir el futuro de violencia superflua que ahora vivimos. Su respuesta fue tan cínica como válida: "Cualquiera que anuncie la espiral descendiente de la humanidad no es brillante, es sólo lógico". En un mundo cuya historia está marcada por tendencias siempre cambiantes, supongo que la espiral descendiente de la humanidad" ya nos ha acompañado por algún tiempo y parece que cada vez va más hacia abajo. Por ejemplo, los taxis en Bogotá:

¿Por qué cada vez que un taxista acepta llevarme a alguna parte me siento como si me estuviera haciendo un favor? Y no soy sólo yo. He visto personas literalmente saltar de la dicha cuando el taxista se digna a dejarlas subir, asintiendo con la cabeza. Muchos chóferes le dirán que su actitud se origina en los ataques ultraviolentos que reciben, un fenómeno que se agrava día a día. Pero entonces, si es tan peligroso recoger clientes al azar en la calle, ¿por qué hay un recargo si uno pide el taxi desde su casa? ¿No sería un buen estímulo y una promoción de seguridad si, por ejemplo, después de las nueve se obtuviera un descuento cuando se llama desde un lugar específico?

Los taxistas están tan preocupados por la clase de personas que suben a sus carros, que con frecuencia van pasando junto a posibles clientes con mirada escrutadora, pareciendo más bien agentes de casting en busca del modelo perfecto, que los taxistas trabajadores y mal remunerados que dicen ser cuando llega el momento de pagarles. En realidad, los clientes deberían ser igualmente cautelosos con los taxistas que escogen. Porque si una de cada mil veces el cliente tumba al exista, probablemente una de cada tres veces el taxista tumba al cliente.

Según un representante de la empresa Taxis Libres, la Secretaría le Tránsito ha establecido ciertas tarifas para mantener alguna apariencia de orden público entre los taxistas. Es interesante que ni la Secretaría ni ninguna otra entidad del gobierno haya asignado a alguien para hacer cumplir estas normas. Probablemente no existe en el mundo ninguna otra entidad que haya depositado tanta fe en sus leyes o en su gente como para que no se requiera alguien que las haga cumplir. Nadie se sorprende cuando este vacío ha estimulado la necesidad de los taxistas de actuar según sus propias reglas. Por ejemplo:

LA TARIFA DE LA SECRETARÍA

Cada taxista tiene un taxímetro que debe poner a funcionar cuando el cliente se sube al taxi y pararlo cuando se ha llegado al destino acordado previamente. El taxímetro debe empezar a marcar en $300 y debe aumentar $10 cada 78 metros.



LA TARIFA DEL TAXISTA

Si el taxista no tiene taxímetro, debe al menos tener una buena imaginación y suficientes cojones para cobrar el doble o el triple de la tarifa que marcaría el taxímetro. Si el chofer tiene taxímetro, entonces no debe ponerlo en marcha, o debe hacerlo varias cuadras antes de que el cliente se suba al taxi.



LA TARIFA DE LA SECRETARÍA

La tarifa mínima para una carrera es de $650 cuando el taxi se toma en la calle. Se agrega un recargo de $15 por servicio nocturno. El recargo para taxis pedidos por teléfono es de $350.



LA TARIFA DEL TAXISTA

Redondee la tarifa al mil más cercano, cobre usando la palabra pesito en vez de peso y agregando "no más" al terminar la frase. Por ejemplo, si la, tarifa es de $3.650, el taxista debe decir: "Cuatro mil pesitos, no más". Debe decirlo en un tono compasivo para dar a entender que le está haciendo un favor al cliente al no cobrarle más.



LA TARIFA DE LA SECRETARÍA

Una carrera de ida y regreso no le da derecho al taxista de cobrar cargos adicionales ni de parar el taxímetro hasta que haya llevado al cliente a su destino final.



LA TARIFA DEL TAXISTA

Una carrera de ida y regreso significa dos carreras diferentes y el taxista puede: 1) cobrar el doble de lo que el taxímetro dice después de completar la primera parte del viaje; 2) cobrar por aparte cada parada; o 3) agregarle $300 al total de la tarifa cobrada. Además, el chofer puede cobrar tarifa completa cada vez que para en un semáforo, o cuando se detiene para evitar atropellar a un peatón, o si en efecto atropella a un peatón. También puede cobrar otros $300 adicionales por la parada que ha debido hacer pero que no hizo.

En realidad, ¿por qué tienen los taxistas que cumplir con la ley? Los que cumplen con las tarifas asignadas se quejan de que los clientes de todos modos los acusan de prácticas incorrectas. Y según muchos taxistas, las leyes son injustas. Por ejemplo, las, tarifas ni tienen en cuenta el tráfico (los taxímetros sólo funcionan basados en la distancia), ni el taxista puede cobrar más por ir a sitios alejados como Suba o a los barrios más peligrosos en el sur de Bogotá. Aquí los chóferes necesitan una licencia especial para manejar un taxi y por lo tanto, a menos que tengan un peligroso accidente, nunca pierden el derecho a manejar, no importa si respetan las leyes o no. Y, como lo dije anteriormente, tampoco hay quien se haga cargo de hacer cumplir las tarifas.

En Nueva York existe una entidad llamada CTL o Comisión para Taxis y Limusinas, la cual garantiza el servicio seguro y honesto de los taxis en Nueva York. Los taxistas en esa ciudad son con frecuencia respetuosos de la ley, pero ciertamente no son más honestos que los chóferes de aquí o de cualquier otro lugar del mundo. Pero le temen a la CTL, le temen a las enormes multas o, peor aún, a la pérdida de su medallón de taxista (el equivalente a una licencia de funcionamiento). Colombia podría tener algo similar y le deberían dar un nombre que inmediatamente infundiera temor en la mente de los chóferes, algo así como la GTC, la GESTAPO de los Taxis Colombianos. Y si hubiese el temor entre la gente de que la GTC fuera a caer en las manos diabólicas de la corrupción, tanto mejor: al fin los taxistas podrían probar un poco de su propia medicina.
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