| 2/20/2004 12:00:00 AM

El Santuario, fábrica de empresarios

Este pequeño municipio de Antioquia es cuna de importantes industriales y comerciantes, como también de líderes académicos y sociales.

Apesar de que El Santuario es el segundo municipio más pequeño de Antioquia -75 km2-, sus habitantes han desarrollado el comercio de pueblos, corregimientos y ciudades del país. Se calcula que en Bogotá los santuarianos representan el 50% del comercio en San Victorino y de los sanandresitos. En Medellín son los comerciantes más poderosos de la Plaza Mayoritaria y del Hueco, centros tradicionales de alimentos y mercancías. En Barranquilla manejan el negocio de granos en la central de Granabastos. En Cali controlan buena parte del comercio de la calle 9 y en Cúcuta participan en la producción de vajilla y cristalería.

La red de santuarianos llega a Leticia, donde manejan la carne y el pescado, y a Ibagué y la zona cafetera, donde producen textiles y ropa de dama. El alma de comerciante de este pueblo ha llegado a Brasil, Arabia Saudita, China y Venezuela.

Estos comerciantes empezaron sus negocios desde cero. Según relatan algunos de los empresarios de San Victorino, llegaron a Bogotá a trabajar como vendedores ambulantes. "El santuariano sale de su pueblo con una mano adelante y la otra atrás espantando el hambre con una rama. Yo empecé como manero con un capital de $200. Salí adelante y poco a poco fui trayendo a mis hermanos", recuerda un comerciante que no quiso identificarse porque en los últimos 6 años la delincuencia y la guerrilla han hecho de las suyas y varias familias han pasado por el secuestro o el boleteo.

Un grupo de santuarianos viajó a China en 1982. Armados de una calculadora y dos frases: "cuánto vale" y, cuando les escribían la cifra en la calculadora, de inmediato complementaban con "está muy caro". Hoy más de 50 santuarianos tienen oficinas comerciales y bodegas en la provincia de Shen Shen en este país, según un consultor, muestra de su creatividad y empuje.

Aunque desde la administración Gaviria las principales empresas del sector empezaron a formalizarse, no todos los santuarianos tienen empresas formales. "Nuestros padres pensaban que era mal negocio pagarle al gobierno. Nuestra generación se empezó a formalizar con las facilidades que dio el gobierno Gaviria y la de nuestros hijos, ya cree en la formalidad. El que tiene más de 5 almacenes sabe que tiene que formalizarse, pero el que solo tiene uno no ve la necesidad", explica otro comerciante.



El misterio

Tal vez el líder social y empresarial de mayor prestigio de El Santuario es Iván Botero Gómez. Muy joven, Iván Botero llegó al Quindío donde ha permanecido por más de 40 años. En 1964 constituyó su primera empresa, Ivanok, para la confección de camisas para hombre. Este primer paso dio origen a 14 compañías más. Desde entonces, creó una empresa cada año, como Iván Botero Gómez y Cía. (1966), para comercializar muebles y electrodomésticos; el Hotel Internacional (1990) e Internacionales del Mueble (1996) en Armenia y Pereira, más otras comerciales y de textiles. Al ver prosperar sus empresas, Iván Botero invitó a sus 14 hermanos a participar en negocios en Pereira, Manizales y Cartago. Estableció alianzas con proveedores en Japón, Corea y Estados Unidos. Hoy su compañía IBG tiene alcance nacional y se expandirá a Perú y Ecuador. Por su aporte al desarrollo económico y social del país, generar más de 2.000 empleos directos y 6.000 indirectos, ha sido homenajeado en 15 ocasiones.

¿Qué tiene El Santuario para producir tantos comerciantes exitosos? El historiador Luis Fernando Molina, autor del libro Empresarios colombianos del siglo XIX, advierte que esta habilidad comercial proviene de la Colonia y es un fenómeno común a los pueblos del oriente antioqueño. Los habitantes de estas zonas eran reconocidos por su pericia como arrieros y cargadores a hombros, transportando gente y mercancía en silletas. En la Colonia, el acceso de los productos a la provincia dependía de los caminos y los trechos navegables del río Nare. La actual carretera Medellín-Bogotá es más o menos el sentido de estos caminos y la ruta de estos municipios. Todas las mercancías provenientes de Cartagena, Honda y Bogotá se introducían por el río Magdalena y estos campesinos las pasaban en hombros.

Fabio Jiménez, profesor por muchos años en El Santuario, coincide con Molina, en una explicación más reciente de la migración de esta gente, en la aridez y acidez de las tierras y los problemas de sobrepoblación. El Santuario es un municipio minifundista y cada agricultor puede tener una cuadra de tierra. Al mismo tiempo, las familias fueron muy numerosas, hasta de 20 hijos -dicen que en este pueblo era pecado no tener un hijo cada año-. Así, el hambre los obligaba a salir en busca de nuevos rumbos y a desarrollar las cualidades con las que han triunfado en los negocios, como la solidaridad, el rebusque y el amor al trabajo, sin importar que empiecen desde muy abajo.

El arte de

hacer plata

"Santuariano ayuda a santuariano", es la consigna que les ha permitido a las distintas corrientes migratorias de El Santuario formar un capital cuando salen de su pueblo. "Al buscar fortuna, van recomendados por sus padres donde algún paisano, quien les ayuda hasta que toman vuelo propio", explica el profesor Jiménez.

El resto es su habilidad para los negocios, impulsada por sus propios padres cuando los mandan a vender la cosecha. "Mi papá me decía: 'vaya y me vende la cosecha en la plaza, pero si no la vende bien, le doy una pela'", recuerda un comerciante de San Andresito. Así han desarrollado una visión que los empuja a buscar siempre el primer eslabón de la cadena para lograr un mejor arreglo. Cuando comercializan un producto siempre buscan al mayorista, luego identifican al importador, se van a conocer la empresa y, con frecuencia, terminan montando una igual.

Por otra parte, el amor por el trabajo que se les inculca desde pequeños hace que no les dé pena trabajar, pues para ellos trabajar es una cuestión de gusto, incluso cuando ya tienen dinero.

En estas tierras siempre ha existido un gran deseo de independencia y propiedad. El comercio al detal resultó una buena oportunidad para lograr estos propósitos, pues no requiere tanto capital inicial. Pero esta cultura ha llegado más allá. El crédito hizo exitoso al comerciante antioqueño y para eso también se necesita destreza. Saber cómo funcionan los negocios, para sí mismos y para los demás.

Si bien lo aprendido en El Santuario se ha replicado por años en las distintas migraciones que se han presentado, las nuevas generaciones, formadas lejos del municipio, tienen el reto de demostrar que los lazos de solidaridad y los valores de sus padres son los suyos.

La creatividad y el carácter trashumante de los santuarianos explican por qué esta gente logra salir adelante, tanto en el comercio formal como en el informal. Mucho se puede aprender de este pueblo en el emprendimiento, cuya constante es que la mayoría fracasa.
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