| 6/12/2013 6:00:00 PM

El rey de Corea

El hombre más poderoso de Corea del Sur es hijo del fundador de Samsung, el mayor conglomerado tecnológico del mundo. Con su genialidad rebasó a las compañías japonesas y norteamericanas.

En junio de 1993, Lee Kun Hee, flamante presidente del poderoso grupo coreano Samsung, pronunció una frase con la que reinventaría su compañía: “Cambien todo, menos a sus esposas e hijos”.

En ese entonces Samsung era considerada una empresa “de segundo nivel” por la calidad de sus productos, y para el consumidor del común estaba muy atrás de las todopoderosas firmas japonesas. Veinte años después se ha convertido en el fenómeno mundial de los negocios de tecnología, es responsable por 17% del Producto Interno Bruto de Corea y 20% de sus exportaciones. Su poder es de tal magnitud que pocos recuerdan que fue fundada en 1938 por el padre de Lee como una comercializadora de pescado seco y verduras, que para 1970 ya producía televisores y hornos microondas y hoy hay quienes se refieren a Corea como ‘la república Samsung’.

¿Qué hizo Lee para transformar la compañía? Su táctica es tan simple como efectiva: mantener a Samsung en permanente estado de crisis para que sus trabajadores no se ‘duerman en los laureles’.

La primera crisis la desató en 1993, cuando ‘el presidente Lee’, como lo llaman en la empresa, quemó una montaña de teléfonos que había regalado a sus empleados para Navidad y resultaron defectuosos. Buscaba así mostrarles a sus empleados que no estaba satisfecho con lo que estaban haciendo y motivarlos al cambio.

Ese mismo año creó el Centro de Desarrollo de Recursos Humanos, punta de lanza para lograr la excelencia en su empresa, donde ha capacitado más de 60.000 trabajadores hasta el momento. También se inventó la figura de los Especialistas Regionales, un ejército de 5.000 profesionales que recorren el mundo recibiendo y capturando información sobre costumbres, cultura e idiomas de cada país. Son una especie de espías cuyo propósito es globalizar cada día más la empresa.

Algunos comparan a Lee, de 71 años, con Steve Jobs y en su país es una figura inspiradora. Grabó buena parte de sus conferencias de motivación al cambio, y las reproduce por medio de altavoces adentro de sus fábricas. Sus enseñanzas fueron recogidas en un libro de 200 páginas que recibe cada uno de sus trabajadores el primer día de labores.

Su obsesión por la calidad y la innovación es permanente. En el primer caso, la asegura fabricando 90% de los componentes de sus productos; en el segundo, con una red de innovación y desarrollo, que comprende 24 centros especializados, seis de ellos en Corea del Sur.  Cerca de 25% de los empleados de la compañía está dedicado a crear nuevas y originales tecnologías que marquen tendencias en el mercado.

Pero tanta fama y dinero no lo han alejado de escándalos. Cargos de corrupción en 1998 –por haber pagado sobornos a funcionarios del gobierno para obtener contratos– y evasión de impuestos en 2008 le hicieron merecedor a sendas condenas, aunque fue indultado. Mantiene una disputa familiar con dos hermanos mayores por supuestamente haber ocultado parte de la herencia que dejó su padre y fundador de la empresa, Lee Byung-chul.

Este controvertido empresario es considerado un verdadero rey Midas de la tecnología y en su país ocupa el primer lugar entre los hombres más ricos. En 2020 planea ingresos por US$400.000 millones y no sería extraño que, para entonces, buena parte de la población mundial tuviera en su hogar o bolsillo un producto Samsung.
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