| 7/26/2010 10:35:00 AM

El potencial creativo colombiano

Según la metodología que se utilice, las industrias creativas representan entre 1,78% y 3,3% del PIB en Colombia. Sin embargo, este porcentaje podría elevarse y llegar al que hoy tiene el Reino Unido (6,2%), de superarse la informalidad, desorganización y falta de acceso a financiación.

A finales de los años noventa, bajo el gobierno de Tony Blair, el Reino Unido realizó un estudio o mapeo sobre el impacto económico que tenían las industrias creativas. El resultado fue sorprendente: un grupo de industrias que nunca había captado el interés del Gobierno reveló generar el 4% del PIB y emplear al 5% de la población en edad de trabajar -porcentaje mayor al de cualquier industria manufacturera tradicional-.

Según un reporte del British Council, cuando el ejercicio se repitió en 2001 se descubrió además que no solo las industrias creativas estaban creciendo más rápido que la mayoría de sectores de la economía, sino que generaban empleos al doble de velocidad. Y, dos años después, el diario Financial Times anunció que las industrias creativas contribuían más a la economía del Reino Unido que todos los servicios financieros de la City de Londres.

A raíz de esto, el Reino Unido comenzó a implementar una serie de estrategias para potenciarlas: clústeres creativos y regeneración urbana en ciudades, agencias de desarrollo regional que apoyaran la capacitación de habilidades para el emprendimiento e incentivos financieros a la realización de planes de negocio, entre otros. Gracias a esto, según la última medición, las industrias creativas representan el 6,2% del PIB del Reino Unido y generan cerca de dos millones de empleos.

A nivel mundial, las industrias creativas generan en promedio el 7% del PIB, representan el 3,4% del total del comercio mundial y vienen creciendo anualmente cerca de 9%, según el Creative Economy Report 2008, de Naciones Unidas. Pero, a pesar de su potencial económico, en la mayoría de países se trata de un sector desorganizado, informal y que no reconoce que hace parte del mundo de los negocios.Por esta razón, aún existe un gran debate sobre su definición, pues cada gobierno incluye los subsectores que así le parecen. De esta manera, no hay un consenso sobre si se deben llamar industrias culturales (sectores con una relación directa con las artes) o creativas (además de los culturales, que incluyan sectores que no tienen necesariamente una conexión directa con las artes, como publicidad, arquitectura, diseño y software).

Ante esto, algunos han adoptado la definición de industrias creativas del Reino Unido, la cual incluye "todas aquellas actividades económicas que tienen su origen en la creatividad individual, la habilidad y el talento y que tienen el potencial de riqueza y generación de empleo a través del fomento y la explotación de la propiedad intelectual, tales como música, publicidad, diseño, artes escénicas, televisión, radio, industria editorial, artes visuales, cine, arquitectura, videojuegos y software".

Con el descubrimiento de las industrias creativas por parte de los ingleses y con la desorganización que percibían, muchos países decidieron evaluar el estado del sector con la esperanza de tener un diamante en bruto. Colombia no fue la excepción y, de hecho, fue uno de los primeros. Hoy, dependiendo de la metodología que se utilice, las industrias creativas en el país representan entre el 1,78% y el 3,3% del PIB, aproximadamente lo que produce en ventas EPM y la mitad de lo que produce Ecopetrol, respectivamente.

Esta falta de consenso en la medición es una prueba de que al sector todavía le falta mucho para poder mirarse a sí mismo y tomar decisiones. El reto es muy grande.

Mediciones

Entre los primeros estudios que se realizaron se encuentran los del Convenio Andrés Bello y el Ministerio de Cultura en 2001 y 2003, en el que bajo una definición de industrias culturales, que incluía también a actividades conexas -aquellas indirectas relacionadas con los procesos de producción-, encontraron que generaban el 2% del PIB.

Otro tipo de medición fue realizada en 2008 por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) y la Dirección Nacional del Derecho de Autor. Buscaron cuantificar la contribución económica de todas las industrias generadoras del derecho de autor y los derechos conexos, encontrando que éstas aportaban el 3,3% del PIB y generaban más de un millón de empleos (el 5,8% de la población ocupada del país).

Sin embargo, la medición oficial la hace el Dane, entidad que en 2003 creó una cuenta satélite de cultura que busca darle uniformidad, continuidad y visibilidad en la economía nacional a este sector -una iniciativa que en América Latina, además de Colombia, solo existe en Chile-. Según la última información disponible, la producción cultural del país, sin incluir actividades conexas, ni diseño, software y arquitectura, representa 1,78% del PIB de 2007.

De incluirse dentro de la metodología sectores clave para la economía como la moda, su participación en el PIB podría alcanzar los niveles del Reino Unido. Así lo demuestran casos exitosos como el de Arturo Calle, que facturó, según las 5.000 Empresas de Dinero, cerca de $284.000 millones en 2009; el de Totto, que llegó a $179.000 millones; o el de Cueros Vélez, que registró $103.000 millones.

Además de añadir nuevos sectores, para aumentar su impacto de manera importante, es indispensable implementar estrategias que superen las barreras que el sector enfrenta, como el acceso a la financiación y herramientas de emprendimiento.

Conocer la experiencia del Reino Unido es clave para lograrlo. Por suerte, hay quienes permiten esta transmisión de conocimiento, como el British Council Colombia, entidad que con su unidad de economía creativa realiza actividades de intercambio de experiencias como premios de emprendimiento, publicaciones y foros.

Las apuestas estratégicas

El Ministerio de Cultura creó en 2008 la dirección de emprendimiento e industrias culturales como una herramienta para desarrollar estrategias que permitan fortalecer al sector económicamente. Entre las más importantes se encuentra la creación del Comité Técnico para la Competitividad de las Industrias Culturales, el cual busca sentar a los principales actores de la escena cultural, tanto pública como privada, para formular e implementar un plan estratégico para todos los eslabones de la cadena en los diferentes subsectores.

Otra estrategia a destacar es la aprobación de un Conpes para las industrias culturales, un hecho histórico para el sector pues lo convierte en una Política de Estado. Cuenta con el apoyo de otras entidades como el Ministerio de Comercio Industria y Turismo, Proexport, DNP, Sena, Icetex, Colciencias y Bancoldex y sus principales objetivos son ampliar el acceso al financiamiento y a los instrumentos públicos de desarrollo empresarial, formar el capital humano de la industria y promocionar el uso de nuevas tecnologías.

Además, desde las regiones existen iniciativas para el desarrollo de clústeres creativos, tal y como ha sucedido en ciudades como Nueva York, Londres y Barcelona. Por ejemplo, en Popayán se está desarrollando un clúster de industrias culturales y en Valledupar uno de música.

También desde las ciudades, instituciones como la Cámara de Comercio de Bogotá desarrollan iniciativas que impulsan el conocimiento del sector, el emprendimiento y la circulación de mercados. Para ello, realizan en el área audiovisual y de artes escénicas ruedas de negocio con compradores internacionales y talleres especializados. En Cali, por su parte, está la iniciativa Industrias Culturales Cali, un proyecto del BID, el Ministerio de Cultura y la Caja de Compensación Comfandi, que cuenta con US$4 millones para desarrollar proyectos y brindar asistencia técnica.

Por su parte, universidades como la Tecnológica de Bolívar, Eafit e Icesi, están realizando estudios y promoviendo el emprendimiento desde sus centros de desarrollo empresarial.

Desde el sector privado existen distintas iniciativas como Dynamo, un fondo de capital de US$10 millones para el sector audiovisual que, desde su creación en 2006, ha participado en 12 proyectos. También está Prana, la primera incubadora de industrias creativas del país que, desde su nacimiento en 2003, ha sacado adelante unas 250 ideas de negocio; que generaron en los últimos siete años cerca de $3.000 millones.

Lo que falta

Para Juan Carlos Gaitán, director y fundador de Prana, las empresas creativas tienen que aprender a medir el valor intangible de sus activos con el fin de ser más atractivas para el sector financiero y los inversionistas. Gaitán cree que si bien el nivel de confianza de los bancos en las industrias creativas ha aumentado, el sector financiero debe arriesgarse más. "Pocos tienen líneas de crédito para emprendimiento, situación que preocupa no solo al sector creativo, sino al resto de sectores".

Paula Silva, gerente de proyectos del British Council Colombia, señala que está demostrado que las ciudades con mayor concentración cultural son las más exitosas económicamente, por lo que es indispensable realizar estudios periódicos, a nivel general y por subsectores, y así poder diseñar políticas adecuadas para su desarrollo.

Pilar Lozano, coordinadora de industrias creativas de la Cámara de Comercio de Bogotá, anota que gracias a iniciativas como el Conpes y la cuenta satélite de cultura, el terreno está abonado, pero falta organización. "Es indispensable articularnos porque no hay claridad ni en Bogotá ni a nivel nacional de cuál es la oferta empresarial para las industrias creativas. Los creativos deben saber que se les está apoyando para que sean sostenibles". Para ello, Lozano propone realizar alianzas estratégicas con las cámaras de comercio de otras ciudades o con entidades que desarrollen el componente empresarial.

Una de las recomendaciones de María Elisa Holguín, directora de emprendimiento e industrias culturales del Ministerio de Cultura, es afianzar la relación con el sector privado para así poder generar otros esquemas de financiación. En su opinión, hay que organizar la cadena productiva del sector, pues no se diferencia el manager del artista, del productor o del distribuidor, y eso dificulta su fortalecimiento.

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