| 11/26/2004 12:00:00 AM

El nuevo rumbo de las cajas

Con 3,7 millones de afiliados, las cajas de compensación familiar tienen un espacio de acción nuevo, en especial en manejo de crédito y subsidios. ¿Qué tan duras serán con sus competidores?

Para quien no lo haya notado todavía, en las cajas de compensación familiar hay mucho movimiento, más que en casi cualquier otro sector de la economía nacional. Las 52 entidades, que tienen activos superiores a los $3 billones, están en plan de reacomodo y como es natural, los cambios de postura de los gigantes interesan o inquietan a sus vecinos, amigos o competidores, sobre todo cuando en su crecimiento pueden tocar tantos sectores: vivienda, salud, educación, turismo, recreación y crédito.

Las cajas van en la vía de fortalecer sus programas sociales, aumentando la importancia del crédito, pero sus enormes retos administrativos pueden enredarlas.



Qué ha pasado

Las movidas son muchas y muy importantes. Apoyados en una ley que les permite invertir en empresas que ayuden a desarrollar su objeto social principal, y en el interés del gobierno por los programas de microcrédito, un consorcio de Colsubsidio, Cafam y Comfandi, tres de las cuatro cajas más grandes del país, adquirió al inicio de noviembre la Compañía de Financiamiento Comercial Finamérica para aumentar sus operaciones de microfinanzas. El mismo grupo ya había conformado un consorcio para comprar y distribuir medicamentos a sus afiliados en programas de salud.

En materia financiera, el Congreso está a punto de aprobar un proyecto de ley que les permitirá captar ahorro de sus afiliados en cuentas de ahorro programado. Además, desde el inicio del gobierno Uribe, las cajas administran los subsidios de desempleo y buena parte de los subsidios de vivienda. Hoy entregan $220.000 millones anuales para vivienda, poco menos del doble de lo otorgado directamente por el gobierno.

En salud, el presidente Uribe les ofreció el manejo del Régimen Subsidiado de Salud (ARS). Las cajas no quisieron recibir toda la responsabilidad del programa porque pasarían de tener 2 millones de afiliados en salud, a una inmanejable cifra de 11 millones. Decidieron aceptar el encargo sin exclusividad, es decir, dejando el espacio para que otras entidades sin ánimo de lucro presten también ese servicio.

Con esto, las cajas podrían ganar un espacio enorme en los mercados financiero, de construcción de vivienda y salud.



Con ventaja

Los competidores de las cajas se quejan de las ventajas con las que ellas operan. Pagan impuestos de renta solo en las actividades de mercadeo, venta de medicamentos y construcción. De hecho, en 2003, la tasa efectiva de impuesto de renta para las 52 cajas (impuesto de renta / utilidad + impuesto de renta) fue de 2,4%. Con tasas nominales cercanas al 40% para los demás, la diferencia es muy relevante.

Además reciben $1,4 billones anuales por efecto del 4% del valor de las nóminas que deben girar los empleadores como aporte parafiscal. Esta suma crecerá con la reducción del desempleo. "Con un chorro de dinero permanente, no hay negocio malo", dice un empresario de turismo que se siente afectado por las cajas en turismo social.

En salud perciben que las cajas de compensación compiten de forma desigual. "Las utilidades no las da la EPS, sino la prestación directa de servicios médicos (las IPS). El problema es que sus IPS no pagan impuestos", afirma el presidente de una EPS privada entrevistado por Dinero.

Sin embargo, no son competidores invulnerables. En el manejo de supermercados, muy pocas cajas subsisten. Algunas cerraron, otras vendieron sus almacenes y la tendencia general parece ser abandonar este negocio que tanto mortifica a las cadenas privadas. La reducción de márgenes y los cambios de escala son ahora las estrategias ganadoras en este sector y las cajas no parecen estar interesadas en competir en ese entorno.

Reyes de microcrédito

El área en la que los avances de estas entidades son más vistosos es la de microcrédito. Con la compra de Finamérica, las tres cajas se hicieron a una cartera de $61.400 millones, a 22.000 clientes con préstamos de $2,4 millones en promedio y a 14 oficinas en el país.

La intención de las socias en este negocio no es establecer una avanzada para después incursionar más en el sector financiero. "Nosotros no compramos bancos. De banqueros no vamos a hacer, y eso lo tenemos claro", dice Luis Gonzalo Giraldo, subdirector general de Cafam. Por medio de Finamérica, quieren ofrecer microcrédito para vivienda y pequeños préstamos a sus afiliados, en especial los que ganen menos de cuatro salarios mínimos.

Están seguros de encontrar clientela en ese nicho, porque "la gente no tiene acceso al crédito bancario", sostiene Giraldo. Una encuesta entre los afiliados a las cajas muestra que el 55% de ellos no está bancarizado. "No tiene ni una cuenta de ahorros", explica.

Otras cajas, como Comfama de Medellín, optaron por hacer sus préstamos ellas mismas. La entidad tiene una cartera de $80.000 millones que piensan aumentar el año entrante con el desembolso de US$3 millones que recibieron de la CII, del BID, $15.000 millones de redescuento para vivienda de Findeter para afiliados con ingresos menores de 4 salarios mínimos, además del dinero de convenios con Bancoldex para pyme y con Conavi. La cartera vencida en estas operaciones no supera el 1,5%, que es buena, incluso con estándares de bancos.

En Santander, Cajasan tiene el crédito como un objetivo estratégico de 2005. Intermediará la línea de Findeter y captará ahorros de sus afiliados cuando la ley lo permita. Hoy maneja una cartera de $700 millones, pero pretende desembolsar $7.000 millones en 2005. ¿Ambicioso? Sin duda. ¿Peligroso? Piensan que no lo es, porque entregarán en outsourcing el manejo de ese negocio a H&V Raíces, una compañía que ya tiene convenios firmados para el mismo fin con Comfandi, Comfaunión y Comfasucre.

Las cajas piensan apuntalar su negocio de crédito como ayuda social o para defender sus ingresos frente a un eventual desmonte parcial de los aportes parafiscales. "Con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, los aportes se ven como un costo y habrá interés en reducirlos", le dijo a Dinero un alto ejecutivo de una caja regional. Pero esa expansión tiene problemas. Un estudio de las consultoras Econometría y Chemonics mostraba la debilidad de las cajas en los métodos de evaluación, otorgamiento y administración de crédito y en la supervisión de esa actividad. Concluía que las líneas de redescuento para microcrédito se deberían canalizar exclusivamente por medio de entidades financieras.

Sin embargo, con el apoyo del gobierno, la cartera de $250.000 millones que tienen las cajas en micropréstamos puede crecer muy rápido y ganar participación en este mercado, que no es tan grande. En octubre, la cartera de microcrédito de las entidades financieras valía $734.000 millones.



Los otros negocios

En vivienda, Álvaro José Cobo, presidente de Asocajas, el gremio de las cajas, señala que entre 1991 y 2004 entregaron subsidios de vivienda por $1,5 billones. De esa suma, afirma, cerca de $90.000 millones han ido a proyectos promovidos por las mismas cajas. No es una suma muy elevada, si se tiene en cuenta que en 2004 los proyectos de vivienda de interés social nuevos pueden valer cerca de $740.000 millones. Pero, como en crédito, la participación de las cajas en construcción aumentará. Cajasan, por ejemplo, construirá el año próximo su primer proyecto de 389 apartamentos, por $10.000 millones y Colsubsidio ofrecerá proyectos por $60.000 millones.

Las cajas también piensan crecer en educación. Colsubsidio aumentará la capacidad de su colegio de bachillerato para acomodar otros 1.000 muchachos, dice el director administrativo de la entidad, Luis Carlos Arango. Hoy educan cerca de 20.000 personas entre niños y adultos.

En recreación y turismo no es fácil de determinar la participación de estas entidades, pero es clara su importancia. Basta con señalar que sus parques reciben cerca de 20 millones de personas al año.

Parece claro que tratarán de aumentar su presencia en cada una de estas actividades, entre otras cosas, porque no tienen opción de no hacerlo. "Las cajas no se pueden especializar", recuerda Edgardo Conde, superintendente de Subsidio Familiar. Deben ofrecer todos los servicios que les indica la ley. Esto se convierte en otra fuente potencial de problemas.

Convertidas en pilar de la política social del gobierno, tienen que nadar en dos aguas: la de competir en sus servicios comerciales y la asistencial. Es posible que el gobierno piense reforzar la segunda por una razón financiera sencilla. "De cada peso que reciben las cajas de compensación, 85,7% se vuelve inversión social. De cada peso de impuestos, el 29,5% se lleva a inversión social", dice el director de Asocajas.

Con ingresos anuales estancados desde 2000 en $4 billones en términos reales, la pregunta es si serán capaces de atender con éxito todos los frentes. Pero no se quedarán quietas.
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