| 3/30/2011 12:00:00 AM

El nuevo banquero

Geoffrey Bergen, recién nombrado representante del Banco Mundial en Colombia, habló en exclusiva con Dinero sobre su vida y los planes que tiene al frente de esta multilateral.

Desde muy joven, el nuevo representante del Banco Mundial en Colombia, Geoffrey Bergen, se interesó por el tema de la pobreza. En 1977, tan pronto finalizó sus estudios de Literatura Inglesa en la Universidad de Berkeley, California, se alistó como voluntario de los Cuerpos de Paz de Naciones Unidas. Una comunidad pequeña y alejada, a orillas del Lago Chad, en Nigeria, fue donde por primera vez palpó de cerca lo que significaba pertenecer al Tercer Mundo.

Al cabo de varios años de voluntariado, regresó a Estados Unidos, su país natal, para trabajar en el gobierno como analista de gerencia del Departamento de Trabajo. En ese entonces, Bergen creía –y lo sigue creyendo– que la cooperación internacional es el mejor camino para ayudar al desarrollo de los países más pobres. Fue así como terminó en la Universidad Johns Hopkins, en Washington, estudiando una maestría en Relaciones Internacionales y Economía. Ese título lo complementaría más adelante con un doctorado en Ciencia Política en la Universidad de California (UCLA) que le daría las herramientas para dedicarse a aquello que más le interesaba en la vida: combatir la pobreza. Sus investigaciones se focalizaron en el continente africano, específicamente en Senegal, país al que viajó frecuentemente durante los últimos tres años del doctorado y que dio vida a un profundo documento de 800 páginas sobre el papel político de los sindicatos.


Los últimos capítulos de su tesis los terminó en el sur de New Jersey, Estados Unidos, para estar cerca de sus suegros y tratar de estirar los últimos centavos que le quedaban de la beca de la Universidad. La angustia comenzó a apoderarse de Bergen, quien en ese entonces tenía tres hijos pequeños y no encontraba trabajo en el mercado empresarial ni en la academia. Para poder mantener a su familia, aceptó un empleo como repartidor de periódicos.

Una mañana de 1993, después de su jornada de paper boy, recibió la llamada de un amigo. Este le contó que en el Banco Mundial estaban buscando a alguien que hablara francés, que supiera escribir muy bien y que fuera experto en África. “Me estaban describiendo. Inmediatamente me contacté con el Banco Mundial y me dijeron que si podía ir al día siguiente, pues el vicepresidente para África se iba de viaje y debía tomar una decisión lo antes posible. Al día siguiente entregué los periódicos a las 4 de la mañana, como de costumbre, regresé a mi casa, me bañé y me puse la corbata. Digo la corbata porque solo tenía una. Llegué a la entrevista en Washington y al salir tenía trabajo por dos semanas”, señala Bergen, recordando lo feliz que se sentía ese día de regreso a casa.

Así comenzó su exitosa carrera en el Banco Mundial, la cual ya cumple casi 20 años. Primero fueron dos semanas, luego un mes, después dos meses y al final se trataba de un empleo totalmente inesperado para este académico que se imaginaba más como investigador y profesor universitario que como ejecutivo de una multilateral.

Después de tres años trabajando en Washington como Oficial de Asuntos Externos para la Región de África, le preguntaron si quería ser escritor de discursos del nuevo presidente del Banco Mundial. Entre 1996 y 1997 fue el hombre detrás de las palabras de James D. Wolfensohn, experiencia que le abrió el camino para fundar la oficina de comunicaciones del Banco, un proyecto con excelentes resultados que demostró la importancia de las comunicaciones, no solo para mejorar las relaciones públicas del Banco, sino para atraer más el interés de los directamente involucrados en los proyectos.

En 2000, Bergen volvió a Nigeria como el director de la oficina, el representante residente del Banco Mundial. Luego de tres años regresó a Washington como coordinador de los programas que se estaban llevando a cabo en Kenia, Eritrea y Somalia, y en 2007 su presencia fue requerida en Chad, África Central. Su experiencia como representante en este último país ha sido de las más difíciles de toda su carrera, pues en 2008 los rebeldes llegaron a la capital y se desató una guerra que lo obligó a empacar sus maletas y cerrar la oficina hasta nueva orden.

"El Presidente del Banco Mundial en Washington me preguntó si me interesaría irme para América Central. Me pareció una oportunidad interesante. Mi único problema, le dije, es que no hablaba ni una palabra de español. Aun así me mandó".

Si Chad fue difícil, Honduras no se quedó atrás. El 28 de junio de 2009 se desató una crisis política sin precedentes que terminó con la expulsión del país del presidente Manuel Zelaya por parte de los militares. "Desde mi casa se alcanzaban a oír los disparos que provenían de la casa de Zelaya. Fue una situación muy dramática. Tuvimos que darle pausa a los 17 proyectos que teníamos mientras se normalizaban las cosas". Una vez restablecida la situación política, Bergen pudo darle vida de nuevo a los proyectos.

Con un conocimiento más amplio sobre la problemática de América Latina y un español impecable, ahora el turno le tocó a Colombia. El pasado 15 de marzo Bergen asumió la dirección de la oficina en Bogotá. Lo que más le sorprende de Colombia es que hay un verdadero diálogo con el Gobierno. "Veo al Gobierno más que como a un socio a quien le financiamos cerca de US$1.000 millones al año, como a un verdadero amigo con quien luchamos por reducir la pobreza. Me llena de satisfacción ver cómo las relaciones acá son mucho más profundas que con cualquier otro país en que haya trabajado. Nunca había visto algo igual. Cuando hablo con las personas del Gobierno todos conocen qué es el Banco Mundial, incluso muchos han trabajado en él. En Colombia entienden que los proyectos no son del Banco Mundial sino del país, pero que están financiados por el Banco Mundial. Lo que generalmente me sucede cuando llego a un país es que debo enseñarles de qué se trata, acá ya lo saben. Así que no me tengo que preocupar porque los gobiernos populistas de turno quieran ver resultados puntuales durante su periodo, sino que entienden que los programas de largo plazo son los que realmente traen mejores resultados", explica.

Otro aspecto que ha impresionado mucho a Bergen es el involucramiento de la ciudadanía, "Los africanos no son así para nada. Ellos creen que el gobierno representa algo que no tiene nada que ver con ellos. Y acá se respira una actitud totalmente diferente".

En Colombia, el nuevo representante del Banco Mundial está decidido a tomar mayores riesgos. Por supuesto, programas en torno a la nutrición infantil y a la educación se seguirán implementando, pues han demostrado ser erradicadores de la pobreza y aceleradores de crecimiento en el mediano y largo plazo. Sin embargo, Bergen quiere contribuir para diseñar programas más difíciles que, aunque no están probados, la única forma de saber si sirven o no es ejecutándolos. Por ejemplo, está estudiando la posibilidad de trabajar en programas en torno a la desmovilización y la reintegración.

Bergen está fascinado con Colombia, pero quiere que deje de llover para poder convencer a su esposa de que lo deje comprarse una moto, una afición un 'poco ilícita' en su matrimonio. Oriundo del norte de California, su niñez siempre estuvo rodeada de montañas y, dado que Colombia ofrece maravillosas oportunidades en este sentido, espera pronto poder estar rodeado de árboles y acantilados locales y practicar otra de sus mayores aficiones: senderismo y escalar. Sus tres hijos ya superaron la adolescencia, por lo que ya no lo están persiguiendo por todos los rincones del planeta. Su esposa es quien lo acompañará en esta nueva aventura llena de desafíos en uno de los países más desiguales del planeta. "Lo primero que tengo que hacer es cambiar mis modismos", dice Bergen. "En Honduras dicen 'cheque' en lugar de 'chévere' y ya me pasó que cuando dije 'cheque' la gente dijo, 'el gringo quiere firmar un cheque'", comenta riendo. "Lo otro que queremos hacer con mi esposa es aprender a bailar. El fin de semana fuimos a Andrés Carne de Res y, definitivamente, por más que intentemos ¡bailamos como gringos!".

 

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?