| 7/7/2016 12:00:00 AM

Una nueva alternativa para financiar estudios universitarios

Así funciona Lumni, un fondo de inversión que financia estudios universitarios y sus beneficiarios pagan una vez se gradúen con un porcentaje de su sueldo. Estudiantes e inversionistas comparten el riesgo.

Aunque las bondades del programa Ser Pilo Paga saltan a la vista, no ha estado exento de críticas, por estar concentrado en unas pocas universidades y porque los estudiantes buenos, pero de clase media, no tienen derecho a dicha ayuda del Gobierno. Ese grupo tampoco puede acceder a algunas líneas de crédito del Icetex, destinadas solo a las personas de menores recursos.

Paralelamente, programas como Colfuturo están en el ojo del huracán, pues al financiar estudios en el exterior el pago en pesos se volvió costosísimo por causa de la devaluación, al tiempo que otras líneas del Icetex y los créditos bancarios tienen barreras por sus intereses y porque exigen un codeudor o fiador, que para muchas familias y estudiantes es casi imposible de conseguir.

Esta situación restringe cada vez más la educación superior en el país, al tiempo que crece el número de jóvenes que se gradúan como bachilleres. Según la Confederación de Asociaciones de Padres de Familia, citada por Caracol Radio, en 2012 tan solo 17% de los 450.000 bachilleres logró entrar a la educación superior, al tiempo que datos del PNUD indican que en el país solo entre 12% y 13% de los adultos entre los 30 y los 35 años tienen estudios universitarios y en Bogotá la cifra sube y llega apenas a 20%.

Esta problemática inspiró a dos colombianos mientras estudiaban en Estados Unidos y en 2002 decidieron montar un fondo de inversión en talento que financia a los estudiantes buenos, pero no bajo la figura de una beca –pues no creen que sea bueno regalar las cosas-, ni tampoco como un crédito, dado que los intereses dependen del éxito profesional del estudiante. Al que mejor le va y gana sueldos altos paga más y viceversa.

Felipe Vergara, uno de los fundadores de Lumni, explica que, tras estudiar publicaciones del premio Nobel de Economía Milton Friedman, decidieron explorar el concepto de capital humano como sujeto de inversión. La idea es que los inversionistas fondeen a los estudiantes a cambio de una participación de sus flujos futuros, compartiendo los riesgos de desempleo. Así, los beneficiarios de estos recursos se comprometen a pagar un porcentaje fijo de su salario por el doble de tiempo que fueron financiados y, si se quedan sin trabajo, deben pagar una cuota mínima, dado que se busca fomentar una cultura de pago.

De esta manera, si a un universitario le prestaron para estudiar durante 40 meses y en el contrato de patrocinio –como se denomina esta financiación– se establece una tasa de 10%, su flujo de pagos, que arranca una vez se gradúa, quedaría así: con un salario $700.000 sus cuotas son de $70.000, cuando gane $1.000.000 las cuotas suben a $100.000 y así sucesivamente hasta que termine de pagar. Si el beneficiado se queda sin trabajo o reduce su sueldo, la cuota baja.

Existe la posibilidad de que, si al estudiante le va muy bien y gana sueldos muy altos, termine pagando más que en un crédito tradicional, pero si tiene prolongados periodos de desempleo o sueldos más bajos, definitivamente le va a salir más barato y con la ventaja de que no le exigen ni codeudores ni garantías.

Vergara, quien fue elegido por Lumni en 2009 como uno de los 25 emprendedores sociales más prometedores de Estados Unidos por la revista Bloomberg Business Week y en 2011 recibió el premio de Emprendimiento Social de América Latina del World Economic Forum, explica que se basan en principios de solidaridad en que el que gana más debe devolver más a la sociedad y a los inversionistas y a quien tiene sueldos bajos el pago de sus estudios no se le vuelve una carga financiera imposible de pagar.

Todo depende

Al invertir en capital humano se apuesta en la capacidad de la persona de generar ganancias a futuro, por lo cual el porcentaje de su sueldo que deben destinar a las cuotas no es igual para todos los estudiantes (en promedio es 15%). Dicho porcentaje se calcula tomando en cuenta el potencial profesional del beneficiado, la carrera que estudió, su fecha de egreso y el salario proyectado, entre otras cosas. La idea es establecer una rentabilidad justa para los aportantes del fondo de inversión y una alternativa de financiamiento pagable por los universitarios. Por eso, una vez completado el periodo de pago la deuda termina, independiente de si se pagó más o menos de lo que fue prestado.

La selección de los estudiantes se hace con base en varios factores que, además de un buen desempeño académico, incluyen factores personales como su integridad. “Lo importante es que no escogemos por la calidad del aval que trae el estudiante, sino por la persona misma”, reitera Vergara.

En el tiempo que lleva de operaciones, Lumni ha financiado 8.000 estudiantes en los cinco países en donde tiene operaciones: Colombia, Perú, Chile, México y Estados Unidos. De ese grupo, 5.000 han sido financiados en Colombia.

Lumni administra 30 fondos de inversión, de los cuales 20 son especializados y financian grupos específicos, como el que tiene con Bavaria, dirigido a hijos y nietos de tenderos, o el de Bancolombia para estudiantes de zonas marginales. Los otros 10 son fondos de inversión, que no solo persiguen un retorno social sino también ganancias.

En los cinco países han levantado US$40 millones y 35% de este monto corresponde a fondos en Colombia.

Uno de los fondos que opera en Chile hace siete años registra beneficiarios que han superado las expectativas en cuanto a salario y menores periodos de desempleo, pese a la desaceleración económica, lo cual ha llevado a un nivel de morosidad inferior a 3%. Como resultado, los inversionistas han ganado el doble del 10% esperado como rentabilidad.

Para evitar que los estudiantes deserten o no consigan empleo rápido, Lumni tiene también un sistema de apoyo que incluye seguimiento académico, coaching, mentorías y talleres de capacitación.

“Lumni es una buena forma de distribuir el riesgo y es así como funcionan los seguros. Los estudiantes comparten el riesgo con los inversores, que ganan más o menos dependiendo de qué tan bien les vaya a los estudiantes. Esto significa que aquellos jóvenes que se conviertan en banqueros de inversión terminarán subsidiando a quienes se conviertan en trabajadores sociales. Dado que la sociedad necesita de ambos, todos se benefician”, sostiene un artículo del New York Times sobre Lumini. En otras palabras, es un gana-gana.

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