| 4/11/2008 12:00:00 AM

El fin del 'distrito rojo' de Amsterdam

Las mujeres que por años han posado con sus diminutas prendas en las ventanas del Red-Light District, están siendo reemplazadas por maniquíes plásticos con ropa de diseñadores jóvenes.

El distrito rojo más famoso del mundo está a punto de cambiar el eje central de su negocio: ya no será el sexo, sino la moda, su motor de crecimiento. Esto responde a un esfuerzo de las autoridades de Ámsterdam, Holanda, para recuperar una parte importante del centro histórico de la ciudad y acabar con la alta criminalidad de la zona. Reemplazar los decaídos bares, burdeles, hoteles y tiendas que giran alrededor del sexo, por boutiques de diseño, galerías de arte, restaurantes y apartamentos hace parte de la estrategia de la ciudad para convertir al degradado distrito rojo en una zona exclusiva de diseño y moda.

¿Ámsterdam sin su distrito rojo? Muchos dicen que eso sería tan absurdo como quitarle a Londres su Big Ben. La emblemática zona atrae a millones de turistas que buscan apreciar de cerca la libertad sexual que históricamente ha caracterizado a Holanda, por lo que se teme que menos turistas frecuenten el nuevo Ámsterdam sin sexo al volverse esta una ciudad aburrida y sin ningún atractivo en particular. Por su parte, son US$100 millones los que recauda anualmente el mercado de la prostitución, según la alcaldía, y 10.000 prostitutas (New York Times), las que quedarían desplazadas. Sin embargo, las autoridades tienen sus buenas razones para llevar a cabo este proyecto y, si bien el mercado de la prostitución se perjudicará, el del diseño presentará un significativo auge.

Según el alcalde de Ámsterdam, Job Cohen, la legalización de la prostitución en el año 2000 buscaba que el mercado sexual fuera más transparente y que las mujeres fueran protegidas al otorgarles permisos directamente a ellas para trabajar sin necesidad de proxenetas. Sin embargo, esto no sucedió. No sólo el tráfico de mujeres continúa, sino que alrededor del negocio de la prostitución se han generado otros crímenes como el lavado de dinero, abusos de los proxenetas, prostitutas inmigrantes ilegales y asesinatos. "La idea no es acabar con la prostitución, ya que esta hace parte de la historia de la zona, pero lo que sí queremos es deshacernos de la criminalidad", sostiene Cohen.

Curiosos de todo el mundo que van a deleitase con las hermosas mujeres que se exhiben tras las luces rojas de 500 vitrinas para ofrecer sus servicios sexuales, sex shops, espectáculos de sexo en vivo, y cafés donde es permitida la venta de marihuana, ya comenzaron a ver un cambio radical en la zona. Hace un par de semanas la alcaldía organizó en pleno distrito rojo un desfile de modas en donde música y modelos se mezclaron por primera vez con la apertura sexual que caracteriza el distrito. Así se dio inicio oficial a la transformación del tradicional Red-Light District al nuevo Red-Light Fashion.

El plan de las autoridades para recuperar la zona consiste en revocarles las licencias a los negocios de sexo que estén involucrados en actividades criminales y comprar los edificios donde operan burdeles para arrendarlos a otro tipo de negocios, en especial, tiendas de jóvenes diseñadores de moda, galerías de arte y lujosos restaurantes y bares. A 20 asciende el número de edificios que han comprado las autoridades desde 2007, con sus 55 vitrinas, de las cuales, 18 ya se alquilaron a jóvenes diseñadores y fotógrafos. Y pronto serán más y lo más cercano a mujeres de todas las razas que muestran sus atributos en las vitrinas a la espera de su siguiente cliente serán maniquíes de plástico luciendo exclusiva ropa de diseño.

De acuerdo con la Alcaldía, la mayoría de ciudadanos (67%) está de acuerdo con la barrida que se le está dando al distrito rojo porque son consientes de que la zona esta altamente degradada, más violenta y en manos de traficantes internacionales de personas. Adicionalmente, dado que el negocio se ha expandido rápidamente por el centro de Ámsterdam, lo que antes era un barrio de casas elegantes ahora es un imán de negocios de muy bajo nivel.

Por su parte, los diseñadores están muy agradecidos por el apoyo que les está dando el nuevo proyecto de la alcaldía. La directora de la agencia de moda HTNK, Mariette Hoitink, asegura que los diseñadores están felices de encontrar un lugar asequible donde exhibir sus creaciones, trabajar y vivir.

No hay felicidad completa

Por supuesto que esta decisión no tiene muy contentas a las prostitutas que operan en la zona. Por un lado, hay un cierto alivio de que se acabe el crimen y el tráfico de personas, pero, por otro, hay una profunda preocupación de que, al acabar con los burdeles, sea peor para ellas, ya que no saben dónde van a trabajar de ahora en adelante. Al respecto, la Unión Holandesa de Trabajadoras Sexuales dice que teme que muchas mujeres se vean forzadas a caminar por las calles, lo cual hace peligroso el ejercicio de su profesión.

Jan Broers, dueño de ocho vitrinas de prostitución y del Hotel Royal Taste, el cual se encuentra en pleno corazón del distrito rojo, teme que los turistas no vuelvan a Ámsterdam, dañándose así un negocio legal y legítimo como es el de la prostitución. "La gente me llama desde el exterior todos los días preocupada de que ya nos hayamos ido", asegura Broers. Como Boers, hay muchos trabajadores y dueños de la zona que quieren defender su carácter único.

También hay holandeses que afirman que la emblemática zona hace parte de la identidad de la ciudad desde el siglo XV y no se puede pretender desaparecerla así como así. Por otro lado, es uno de los atractivos más grandes para los turistas, ya que en muy pocos países del mundo la prostitución es legal y, más que utilizar los servicios sexuales se sienten atraídos por conocer de cerca la libertad y la tolerancia que caracteriza la ciudad.

Por lo pronto, la decisión de la alcaldía de apagarle las luces rojas al negocio del sexo es irreversible. Además, al parecer les tiene sin cuidado pensar en un plan que permita a las actividades de la zona trasladarse a otro lugar. Las autoridades sostienen que la mayoría de las prostitutas (75%) hacen parte de redes de traficantes de personas de Europa del Este, África y Asia y que estas probablemente se irán a otras ciudades europeas como Amberes en Bélgica y Hamburgo en Alemania. La alcaldía dice que para incentivar la transparencia de aquellas prostitutas legales que permanezcan en Ámsterdam es posible que la ciudad empiece a certificar proxenetas y exija que las prostitutas que trabajen para ellos superen los 21 años de edad.

La imperante arquitectura del distrito rojo de Ámsterdam, sus canales, y el hecho de que la profesión más antigua del mundo sea libre y le haya dado un nuevo significado a vitrinas que tradicionalmente se usan para exhibir artículos comerciales, convirtieron a este lugar en uno de los más populares del mundo. Incluso, este lugar hace parte del libro best seller internacional 1000 sitios que ver antes de morir, de Patricia Shultz. Así pues, hay que verlo antes de que cambie radicalmente y pierda la agitada y particular vida que la identifica. Sin embargo, también va a ser interesante conocer su transformación, ya que con seguridad el nuevo distrito de moda será también un lugar único en el mundo. Los artistas tienen el poder de convertir cualquier zona de cualquier ciudad en lugares originales y muy apetecidos para frecuentar y vivir y Ámsterdam no será la excepción y, con la ayuda del gobierno y sus inversiones, esta transformación será más aguda y atractiva que cualquier otra jamás vista.
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