| 2/1/2008 12:00:00 AM

El efecto Brasil

El nuevo interés de las textileras brasileñas por Colombia, podría acelerar la transformación de Fabricato Tejicóndor y Coltejer.

Hace dos semanas, mientras Luis Mariano Sanín, presidente de Fabricato Tejicóndor, inauguraba una nueva y moderna planta de índigo en el municipio de Bello, Antioquia, para ampliar la capacidad de producción, y Francisco Romero, presidente de Coltejer, continuaba a la espera de la autorización del Ministerio de Protección Social para enviar en licencia no remunerada a más de 300 trabajadores, en los cuarteles de las principales textileras brasileñas se ajustaban las estrategias para llegar al mercado colombiano.

"Brasil está cambiando su foco comercial hacia América Latina, en especial a Colombia que tiene una revolución en el mercado interno y donde el consumo está en aumento. Además, tiene propuestas muy interesantes como el nuevo régimen de zonas francas y eso interesa a Brasil. Colombia es un socio estratégico", dice Rafael Cervone, gerente del programa Texbrasil de la Asociación Brasileña de la Industria Textil, Abit, y uno de los principales animadores de la feria Colombiatex. Según la Dian, Brasil se ubica en el quinto lugar de las importaciones colombianas de textiles con más de US$50 millones importados a noviembre del año pasado, mientras que en confecciones la cifra llega a US$2,7 millones, pero con un incremento del 80%.

Si bien en el pasado las textileras brasileñas mostraron interés en aprovechar el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos para montar una plataforma de exportación en Colombia con el fin de llegar a ese país, así como surtir de telas, en especial denim, a los proveedores colombianos de marcas como Levi's, Gap o Polo, ahora su interés es otro: ir por el mercado interno.

Varias movidas recientes de los brasileños muestran este interés, que va desde ubicarse en mercados que tienen beneficios arancelarios con Colombia hasta montar plantas en nuestro país. Por ejemplo, Vicunha, que tiene más de 9.000 empleados y factura más de US$800 millones anuales, adquirió el año pasado la empresa La Internacional en Ecuador, pues desde allí puede atender el mercado andino, con cero arancel y sin los inconvenientes que le genera hoy la revaluación del real, la moneda brasileña. El plan de Vicunha para esta planta es casi triplicar su producción y pasar, en dos años, de 750.000 metros mensuales a más de dos millones.

La estrategia de Vicunha es consolidar el mercado de Sudamérica y eso incluye inversiones en el mediano plazo. Esta empresa estuvo interesada en Fibratolima cuando se dio su proceso de subasta tras su liquidación. Sin embargo, finalmente esta quedó en manos de Fabricato Tejicóndor. "Si la situación de comprar a alguien se da, compramos; pero también de hacer green field tanto en Colombia como en Perú. Con el crecimiento de la planta que adquirimos en Ecuador avanzaremos este año, pero el próximo estaremos definiendo inversiones en la región andina. En Argentina estamos analizando la posibilidad de hacer inversiones", le dijo a Dinero en Brasil, Ricardo Steinbruch, presidente de Vicunha.

Por su parte, para Santista, empresa que factura más de US$550 millones al año y hace parte del grupo Camargo Correa cuyos ingresos superan los US$3.400 millones, Colombia es su principal mercado de Suramérica después de Brasil, pero aunque consideró la posibilidad de adquirir compañías colombianas del sector hace unos años, hoy no tiene interés en este proceso, aunque sí en el mercado. "Nuestras exportaciones hacia Colombia llegaron el año pasado a 5 millones de metros mensuales, con productos diferenciados y más del 90% de ellos se dio para el mercado local. Gran parte de esas exportaciones se dieron desde Chile donde tenemos planta de producción y no hay aranceles para entrar a Colombia", advierte Roberto Trujillo, gerente de exportaciones para Sudamérica de Santista Textil.

Por otra parte, en las últimas semanas se ha mencionado el interés de la brasileña Canatiba por las plantas de Coltejer.

Pero Colombia no es único foco de interés. La Asociación Brasileña de la Industria Textil, Abit, adelanta en la actualidad el diseño de una propuesta para iniciar una negociación bilateral industria-industria con Estados Unidos. "No podemos quedarnos esperando a ver qué pasa cuando los países se están moviendo para ingresar a ese mercado", dice Cervone, de Abit.

Las consecuencias
Es paradójico que mientras las textileras brasileñas ven con interés el mercado colombiano, Fabricato Tejicóndor y Coltejer enfrentan dificultades en sus negocios por el aumento de las importaciones legales y otras subfacturadas que inundan el mercado nacional. Sin embargo, parte de la explicación está en el tamaño, productividad y respuesta de estas empresas. De ahí la preocupación por una mayor competencia brasileña, en momentos en que también Venezuela y Estados Unidos, los principales mercados externos del sector, están en riesgo.

Los mayores problemas que tienen estas textileras colombianas han sido por décadas su estructura de costos, muy asociada a la falta de economías de escala, las altas cargas laborales y, aunque han hecho esfuerzos en inversión en nuevas plantas, estos no han sido suficientes para enfrentar un proceso de reconversión que les dé mayor competitividad. En el último periodo, las dos compañías han asumido distintas estrategias de supervivencia para superar la crisis. Fabricato Tejicóndor consolidó una estrategia de expansión y diversificación de negocios como los mercados de licitaciones para los ejércitos de Colombia, Perú y Chile, los negocios lanero, de seda y de tejido de punto, junto con el de índigo, entre otros, que le han dado aire y le permitieron el año pasado crecer en ventas cerca de 9%. A septiembre sus ventas superaron los US$200 millones. Sin embargo, se estima que sus utilidades no aumentarán en comparación con 2006.

Por su parte, Coltejer, que en el periodo enero-septiembre vendió un poco más de US$100 millones, está enfocada a atender su problema laboral. Casi el 30% de sus ingresos se destinan a atender los requerimientos laborales -cerca de $100.000 millones al año-. Tiene 2.950 pensionados -casi uno por cada trabajador activo-, cinco sindicatos y no cuenta con recursos para modernizar sus plantas y alcanzar mayores estándares de productividad que le permitan competir con menores costos frente a la oferta importada. Esta situación compromete su viabilidad hacia el futuro. Sin embargo, uno de sus principales activos está representado en 17.000 hectáreas de bosque, cuya valoración podría ir entre US$90 y US$130 millones, y podría ayudar a resolver los requerimientos de capital que tiene.

En estas circunstancias, una presencia más agresiva de las brasileñas amenaza con erosionar sus ventas. La pregunta es cómo protegerse.

Una de las propuestas que volvió a tomar fuerza en la pasada edición de Colombiatex fue la de integrar las dos compañías, como un camino para solucionar la crisis, escenario que se ha venido mencionando desde hace 30 años después de un estudio de la consultora suiza Gherzi. Para Francisco Romero, presidente de Coltejer, esta es una oportunidad interesante de generar sinergias y ganar productividades. Pero Luis Mariano Sanín, presidente de Fabricato Tejicóndor, asegura que en este momento no hay ninguna conversación en este sentido. Es claro que para darse este acercamiento entre las dos compañías, Coltejer tendría que solucionar su problema laboral y los pasivos que arrastra, pues se trata de buscar sinergias y no de agrupar problemas.

Si se llega a dar la fusión y consolidación, esto solo sería el primer paso. La siguiente etapa sería avanzar en un proceso de transformación productiva que mejore su operatividad y que posteriormente podría llevar a la nueva empresa a hacer parte de un jugador internacional estratégico del sector, circunstancia que no sería nueva, pues el interés de empresas internacionales se ha mantenido vigente. Hace tres años, representantes del Grupo Camargo Correa, dueño de Santista, estuvieron en el país con el interés de adquirir las plantas de Coltejer, pero no lograron llegar a un acuerdo. Todo indica que la principal dificultad fue la compleja situación laboral de Coltejer.

"En Colombia, la industria de denim tiene grandes desafíos y es necesario transformarla, ganar productividad, flexibilizar las producciones y solucionar los problemas de estructura financiera por los pasivos laborales", dice Marcel Yoshimi, director general de Vicunha.

Lo que suceda con Fabricato Tejicóndor y con Coltejer, pasa por las estrategias de los dos grupos mayoritarios en sus propiedades. El Grupo Empresarial Antioqueño y la Organización Ardila Lülle, respectivamente. Para el primero es claro que el negocio textil y de confecciones no es estratégico, y que el revolcón que ha tenido en la administración ha dado resultados en el corto plazo. Mientras tanto, Coltejer requiere de recursos para solucionar su problema laboral e invertir en la modernización de su planta.

El interés de Brasil en Colombia puede transformar el escenario del sector textil y de confección y cambiar el modelo de negocios que el país ha tenido por décadas.
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