| 6/6/2008 12:00:00 AM

El consumidor paga

El apresurado aumento de los precios del petróleo tiene un efecto directo sobre el consumidor, quien ha tenido que cambiar sus hábitos de consumo para sobrellevar la crisis.

El precio del petróleo parece no querer retroceder. Aunque el año pasado se veía improbable que el barril de crudo superara la barrera de los US$100, hoy se ha vuelto una realidad para gobiernos y hogares, al alcanzar un precio récord histórico de US$135,09. Seguidamente, el panorama se ha vuelto más oscuro, pues en días pasados Chakib Khelil, presidente de la Opep, pronosticó que el precio del crudo podía estar en US$200 para el año 2010.

Por otro lado, se espera que la demanda del crudo aumente en 1,5% este año, pues si la producción mundial es de 85 millones de barriles diarios, la demanda es de 87 millones. Es decir, no hay que sorprenderse si el precio sigue en alza. Saberlo con certeza o qué tan alto llegará, es una pregunta que se reduce a la especulación. Sin embargo, el impacto del alza de los precios ya es evidente en el consumidor, pues empresas y hogares están reaccionando con rapidez frente a este cambio de escenario.

Precio sube y el consumo cambia

El precio del petróleo ha tenido un efecto directo sobre el aumento del precio de los alimentos. Adicionalmente, factores como cambios climáticos extremos, el crecimiento de la producción de biocombustibles, el aumento de la población, los cambios en hábitos alimenticios, el incremento en la urbanización y la agresiva especulación de los mercados, han contribuido a esta alza. Lo más impactante de este efecto es que la inflación de los alimentos no sólo está afectando a los países más pobres del mundo sino a los grandes consumidores, como Estados Unidos.

Las cifras lo muestran: el índice de confianza de consumidor llegó a su nivel más bajo en los últimos 16 años, al pasar de 62,8% en abril de este año, a 57,2% en mayo, lo que se acerca a la cifra más baja registrada en octubre de 1992, de 54,6%. Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, en 2007, los precios de los alimentos se incrementaron 4%, el ritmo más alto en casi dos décadas. Hay algunos bienes que evidenciaron una subida mayor, como el pan blanco, con un 13%, el tocino y la mantequilla, con un 9%. Sin embargo, no hay indicios de que este ritmo disminuya, pues el Departamento de Estadísticas Laborales de Estados Unidos señaló que la inflación alimenticia está creciendo a una tasa anualizada de 6,1% en lo corrido de este año hasta abril.

Los consumidores estadounidenses están cambiando sus hábitos, pues ante el alza de los precios hay que optimizar la canasta familiar. Este es el caso de Inés Lucía Ballesteros, una colombiana que lleva viviendo en ese país más de 30 años y reside en Lawrenceville, Georgia, un suburbio de Atlanta. Ballesteros, comenta que a partir de la inflación alimenticia y altos precios de la gasolina piensa con un mayor detenimiento qué tiene que comprar y cuántos viajes tiene que hacer a la ciudad, al aeropuerto o por compras varias. Como ella, muchos estadounidense están tomando el bus de la empresa y usando menos el carro, pues según la Administración Federal de Autopistas el tráfico disminuyó 1,4% en 2007 y, de acuerdo con los datos del Departamento de Energía, la gasolina subió US$4, 60% más que a mayo de 2005.

El nivel de ventas ha caído. Por ejemplo, en el pasado mes de enero los establecimientos comerciales reportaron la peor ganancia en el último año, de sólo 0,5%. Los consumidores no van a gastar por gastar y se ajustan. "El primer cambio que hice fue dejar de comprar marcas tradicionales y compro marcas propias de los supermercados, en especial, en productos enlatados, cereales y mantequilla. La diferencia en calidad es mínima pero en precio es toda", explica Ballesteros. Por otro lado, comenta que su familia no dejará de comer bien por lo cual los recortes en el presupuesto se deben hacer no solo en alimentos sino también en reconsiderar las salidas a comer, usando cupones de descuentos, evitar salidas al aeropuerto y, en vez, utilizar el transporte público cuando está en la ciudad, hacer planes caseros y no gastar en ropa y antojos. Este es un cambio de estilo de vida que los estadounidenses no vivían desde la administración de Ronald Reagan.

Las expectativas de que los precios sigan aumentando indefinidamente se han repensado, pero por ahora continuarán altos. En un informe realizado en conjunto por la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo y Naciones Unidas, al comparar con la década anterior el promedio de los precios entre 2008 y 2017, la tendencia es al alza en los precios: para la carne aumentarán 20%; el azúcar 30%: trigo, maíz y leche en polvo entre 40% y 60%; mantequilla y semillas para el aceite más del 60%; y el aceite vegetal casi 80%. "No esperamos que el actual nivel de precios dure por mucho tiempo. Sin embargo, durante los próximos 10 años el precio promedio de la mayoría de los commodities excederá el de la década anterior en 10% a 50%, dependiendo del tipo de bien", explica Ángel Gurria, secretario general de Oced.

Adicional al cambio en las preferencias y hábitos de consumo de los alimentos, el país, como un todo, está encontrando la manera de recortar su dependencia del petróleo. Los primeros cambios se observan con la producción y adquisición de carros más eficientes en el uso de gasolina y usar etanol en vehículos y en las fábricas. Según el Departamento de Energía de este país, se espera que la dependencia por el petróleo extranjero se reduzca de 60% a 50% en 2015, antes de que vuelva a subir levemente en 54% en 2030. Se espera que las importaciones netas del mayor consumidor de petróleo en el mundo se reduzcan de este año hasta 2030, terminando con un periodo de demanda creciente por más de 30 años en el uso de crudo extranjero y una caída en la producción doméstica. Aunque leve, el cambio se ha visto, pues en el primer trimestre se importó 57,9% mientras que el año anterior fue 58,2%. Otros aspectos que han contribuido a la disminución en la demanda han sido la desaceleración en la producción y el futuro de la legislación correspondiente a los biocombustibles en este país.

El caso colombiano

El consumo en Colombia sí ha sido impactado por el precio del petróleo y se evidencia tanto en la inflación de los alimentos como en el caso de los combustibles. Por ejemplo, en lo corrido de este año la inflación de alimentos ha sido de 7,32% y la gasolina corriente ya tiene un valor de $7.011,45 aunque la inflación nacional no es enteramente explicada por este efecto. "En materia de inflación hay un incremento del 15% en el precio nacional de los combustibles, lo cual aumenta la inflación en 0,54%", explica Alejandro Martínez, presidente ejecutivo de la Asociación Colombiana del Petróleo.

Los colombianos están conscientes del alza, por lo cual están siendo más cautelosos con el uso de la gasolina. Muchas personas prefieren usar el servicio público o utilizar sus vehículos solo cuando más los necesiten. Las empresas también están controlando la demanda por el crudo por medio de cogeneración eléctrica, usando combustibles alternativos como etanol o por medio de Mecanismos de Producción Limpia (MPL). Es decir, encontrando la manera de evitar un uso innecesario de este bien cuyo vertiginoso ascenso se ha traducido en una revisión necesaria del consumo por parte de las empresas y hogares. El consumidor tiene que estar alerta frente a lo que viene, pues muchos analistas consideran que el precio alcanzará los US$200 a finales de este año. Por lo tanto, anticiparse y hacer un balance de lo que verdaderamente necesita comprar es el paso a seguir.
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