| 10/26/2007 12:00:00 AM

El colombian hollywood

El crecimiento y la calidad de las películas colombianas está creando una industria con posibilidad de consolidar un sector estratégico para el país.

¿Hay potencial para la creación de una industria cinematográfica en Colombia? Esta es una inquietud que surge a partir de la creciente ola de películas colombianas que llegan a los cines y conquistan la curiosidad de los espectadores del país. Las cifras hablan por sí solas, en 2006 llegaron más de 20 millones de espectadores a las salas de cine y 2,8 millones se dejaron cautivar por las producciones colombianas. 1'200.000 espectadores vieron Soñar no cuesta nada, superando la taquilla de súper producciones internacionales como Piratas del Caribe 2, X-Men 3 y el Código DaVinci.

Anteriormente, sólo se hacían una o dos películas por año, de bajo presupuesto, con calidad y sonido precarios que requerían grandes inversiones, usualmente efectuadas por sus realizadores. Los contenidos eran polémicos pues en algunos casos se concentraban en historias locales, temas de violencia y narcotráfico o en humor folclórico, que para muchos eran géneros trillados.
 
Sin embargo, en los dos últimos años se ha evidenciado una transformación en la calidad visual, auditiva y de contenidos, que aunque mantienen su toque regional, cuentan con una universalidad que les permite a los espectadores identificarse con los personajes e historias. Debido a que la producción se ha vuelto cada vez más constante y profesionalizada, "Colombia se ha convertido en un generador cada vez mayor de contenidos para América Latina y el mundo", afirma Catalina Bridge, productora de televisión para Laberinto Producciones.

El impulso desde la ley
La Ley 814 de 2003, más conocida como la Ley de Cine ha sido uno de los factores que redimensionaron la producción cinematográfica nacional. Esta ley busca estímulos para todo el proceso de creación, que se origina en la escritura de historias hasta la realización de las películas, su distribución y subsistencia. Su apoyo está enfocado hacia la producción de largometrajes y cortometrajes, de género documental o ficción.
 
"La Ley de Cine concibió tres mecanismos para promover el cine colombiano. El primero es el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, el segundo son los estímulos tributarios para inversionistas y donantes y, el tercero, es un mecanismo de titularización que sirve para generar títulos de valor en inversiones de más alto costo, pero que actualmente no se encuentra en funcionamiento", explica David Melo, director de cinematografía del Ministerio de Cultura. Melo señala que el Fondo para Desarrollo Cinematográfico otorga subsidios, estímulos a la producción en diferentes momentos de la cadena como son la escritura de guiones, la producción, postproducción y lanzamiento de largometrajes, documentales y cortometrajes.
 
A su vez, está la deducción tributaria para inversionistas o donantes, que permite que la donación aparezca como un costo deducible de impuestos por el 125%. Esto implica que se reduce la base gravable y que le puede significar ahorros tributarios entre 40 y 43% al inversionista o donante.

Por ejemplo, si el inversionista o donante genera ingresos netos anuales por $10.000 millones y sus costos y gastos son de $7.000 millones, su renta líquida gravable sería $3.000 millones. El impuesto de renta que debe pagar este contribuyente en 2007 es equivalente al 35% de su renta líquida gravable, es decir $1.050 millones. Suponiendo que esta persona o grupo de personas, hace un aporte de $100 millones de pesos, su renta líquida gravable se reduce en $125 millones en el año en que realiza la inversión.
 
De esta manera, el impuesto de renta ya no se calcula sobre $3.000 sino sobre $2.875. En 2007, este contribuyente pagará $1.006,25 millones de impuestos de renta y no $1.050 millones, y ahorra el 43,75% del monto invertido. La reforma de la ley realizada en 2006, decrece un poco el descuento tributario que se realice en años subsiguientes; sin embargo, continúan siendo significativos para los inversionistas y donantes.

Según el Ministerio de Cultura, desde que entró en vigencia esta ley, los resultados no se han hecho esperar. Entre los años 2004 y 2006, se han estrenado 24 producciones nacionales de diversos géneros. Los aportes que el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico ha entregado han sido de alrededor de $17.000 millones distribuidos en 271 proyectos, que varían desde la producción y desarrollo de guiones, la producción, postproducción, distribución, entre otros.

El segundo mecanismo, el de estímulos tributarios por parte de donantes y accionistas, ha contribuido en la financiación parcial de 23 proyectos equivalente a casi $8.500 millones por parte del sector privado.

En cifras, el balance para 2007 es el siguiente: se han estrenado siete películas y hay seis más en vías de hacerlo. Actualmente, se encuentran 13 películas en postproducción, cuatro en rodaje, 46 en desarrollo y 44 en escritura de guión. El contraste es fuerte, pues en 1996 sólo se estrenaron tres películas que atrajeron a 987.000 espectadores. En 2006, se estrenaron nueve películas y el público se incrementó en 184%, con 2'806.892 espectadores.

¿Potencial para un negocio rentable?
Asegurar que el cine es un negocio rentable es una aseveración demasiado súbita cuando ha transcurrido tan poco tiempo. Sin embargo, la Ley de Cine ha contribuido a unos cimientos sólidos para la construcción de un posible nuevo sector económico. El panorama es muy positivo gracias a esta ley, puesto que se traduce en nuevas propuestas, directores y en una amplitud de opciones que invita a un mayor público al cine.
 
"Gracias a la Ley de Cine, el riesgo se mitiga un poco. La industria cinematográfica es muy rentable pero en Colombia apenas estamos empezando. La rentabilidad en nuestro país la dará la calidad de las producciones y la estrategia en su distribución nacional e internacional", expone Ramier Ayala, productor de la película Caminos de Libertad. Para desarrollar este negocio, es fundamental atraer el sector privado. Es así como, la inquietud cultural y artística es un factor de apoyo clave por parte de los donantes e inversionistas.
 
"Quienes apoyan las producciones cinematográficas obtienen retornos de diversa índole como la deducción tributaria, la negociación de taquilla, la explotación en otras ventanas como el alquiler de video, la televisión por suscripción, la televisión abierta, entre otros. A su vez, la empresa privada puede posicionar sus productos a través de su emplazamiento o product placement en las escenas de la película, o simplemente por una razón filantrópica o de responsabilidad social empresarial", explica Diana Camargo, productora de cine para Laberinto Producciones.

La Ley de Cine no puede ser el único elemento que contribuya a la creación y producción de películas. La rentabilidad también debe construirse por medio de una distribución competitiva. "El incentivo tributario es clave pero no es garantía para obtener un retorno a la inversión. Debe haber un trabajo donde la generación de ingresos no dependa de la taquilla local, por lo cual es necesario diversificar los ingresos de la producción y fortalecerse en las plazas internacionales", enfatiza Juan Manuel Velasco, vicepresidente de Bolsa y Renta. En otras palabras, hay que construir la industria cinematográfica como un sector competitivo, con profesionales capacitados en los diferentes procesos de la cadena, para así generar economías de escala que nos permitan jugar en el mercado externo.

La realidad no es tan lejana, puesto que en Colombia la televisión y la publicidad han abierto el paso para la industria del cine. Las producciones televisivas y publicitarias se han fundamentado en la creatividad, recursividad y calidad de contenidos y técnica. Las producciones como Café con aroma de mujer o Betty la Fea, son cartas de presentación, reflejo de lo que se ofrece en el país hacia fuera. "La industria del cine es la consecuencia de una consolidación de saberes. De la publicidad se obtiene el know how en la parte de la producción, presupuesto, y de la televisión, el poder de convocatoria y distribución, al igual que la calidad de contenidos", explica Nana Velásquez, productora de Bluff.

Esta industria que se encarga de visualizar un mundo de fantasía, está transformándose en una realidad. Sin embargo, es necesario dimensionar el cine como un negocio y no sólo como una consecuencia artística. "En materia de calidad, contenidos y distribución le vemos mucho potencial al cine colombiano. No porque sea colombiano, sino por su calidad, contenido, actores y técnica", asegura Carlos Llano, gerente de distribución de Cine Colombia.

Colombia se está volviendo una alternativa para productores internacionales, que consideran estratégica la ubicación geográfica, es rentable en términos de costos y cuentan con innumerables locaciones a distancias eficientes. Las aseguradoras como Mafre y Gibbs están cubriendo las producciones y cada vez más universidades e instituciones educativas ofrecen programas académicos para formar profesionales de este sector.
 
Por otro lado, en 2008 se inaugurará el primer laboratorio cinematográfico del país, lo cual evita que la postproducción tenga que realizarse en otros países como Estados Unidos, México o Argentina. Todos estos son factores que indican que el camino aún es largo, pero se ha avanzado un buen trecho.
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