| 10/15/2005 12:00:00 AM

El arte, un buen negocio

El mercado del arte en Colombia se reactivó. Las ventas están creciendo, hay nuevos compradores y un grupo de artistas jóvenes se cotiza rápidamente. Los maestros mantienen su valorización.

Por estos días, la Galería La Cometa, de Bogotá, estaba exhibiendo unas 30 obras del pintor colombiano Darío Morales, fallecido hace 18 años. Aunque sus precios oscilaban entre US$9.000 y US$60.000, en pocos días se vendió casi toda la muestra. Llegaron compradores de diferentes regiones del país, entre los cuales se encontraban coleccionistas, empresarios, admiradores del pintor e inversionistas. Esto se constituyó en un buen indicador de la reactivación del negocio del arte en Colombia, dinámica que ratifican críticos, dueños de galerías, artistas y reconocidos coleccionistas como el ex presidente César Gaviria. Él asegura que se está desarrollando una nueva generación de compradores de arte contemporáneo colombiano y que si bien aún no se puede hablar de grandes valorizaciones, muchos artistas nacionales empiezan a ganar prestigio no solo en Colombia sino también en el exterior. "Sus obras representan una inversión razonable y poco riesgosa", sostiene.



En su lista de artistas cuyas obras se cotizan rápidamente figuran, entre otros, María Mercedes Hoyos, Jaime Ávila, Nadín Ospina, Delcy Morelos, Doris Salcedo, Óscar Muñoz, Juan Fernando Herrán, José Alejandro Restrepo, Sandra Bermúdez, Luis Fernando Roldán, María Fernanda Cardozo y Miguel Ángel Rojas.



Para Esteban Jaramillo, director de La Cometa, desde hace año y medio el arte colombiano ha venido ganando espacios que antes solo soñaba. Sostiene que en solo dos meses, una obra de artistas jóvenes como Sair García o Kindi Llatju puede obtener valorizaciones hasta del 15%, que ya quisieran los mercados bursátiles. Incluso, contó cómo una obra de Nadín Ospina que se vendió en el país en US$5.000, se subastó tres meses más tarde en US$15.000 en Nueva York. Jaramillo asegura que los maestros -Grau, Obregón, Botero o Negret-siempre son inversiones seguras y fijas que no tienen el más mínimo riesgo. "La inversión en arte es sólida y no representa constantes gastos en conservación, no genera impuestos per se y su comercialización nacional e internacional es sencilla por su facilidad de transporte. Además, su valor está protegido contra las coyunturas económicas", dice.



Salvo Brasil, en América Latina no hay otro país con el potencial, la calidad y la diversidad plástica de Colombia. De eso está convencido el asesor de la galería Casa Riegner, Carlos Andrés Hurtado. Para este experto, el arte colombiano está despertando un gran interés porque está bien estructurado y sus precios son asequibles. Sostiene que el arte es una de las inversiones más seguras, pues en el peor de los casos el valor de una obra se mantiene constante.



"Con los artistas jóvenes, la curva de crecimiento comercial es exponencial, pues a la vuelta de tres años van a estar mucho más cotizados. Hoy tenemos artistas entre 24 y 30 años con mucha vida artística por delante, como Luis Hernández Mellizo, Jaime Tarazona, Máximo Flórez y Mateo López", señala.



Motivada en parte por este auge de la producción artística criolla, la Cámara de Comercio de Bogotá organizó la Primera Feria Internacional de Arte de Bogotá (Artbo), que se llevará a cabo del 17 al 21 de noviembre en Corferias y contará con la participación de las mejores galerías del país y de 15 internacionales. Se espera la visita de por lo menos 20.000 personas, entre quienes se destaca un grupo de coleccionistas internacionales. El evento, en el que se invertirán unos $1.000 millones, y que promete estar a la altura de las ferias de arte más importantes del continente, también contará con una muestra de 45 artistas jóvenes y foros sobre arte, mercancía y coleccionismo, entre otros temas.



Otra manifestación del auge que por estos días está viviendo el negocio del arte en el país, es el hecho de que el Banco Unión haya lanzado en 2003 una línea de crédito para financiar hasta 36 meses la adquisición de obras: 'Arte por partes'. Según informó un vocero de la organización, la demanda de recursos se duplicó en el último año para comprar obras en galerías, a un artista directamente o a un corredor de arte.



"Consideramos que es un mercado con mucho potencial, pues se está desarrollando un nuevo mercado de compradores que está creciendo y que no tenía una línea de crédito específica. Muchas personas están decorando sus viviendas nuevas y no quieren colgar litografías en sus paredes y compran obras contemporáneas", explica el ejecutivo.



Entre $3 y $15 millones

Alonso Garcés, director de la galería que lleva su nombre, explica que el proceso creativo nunca se truncó y que siempre ha existido. Lo que sucede, según él, es que después de la recesión de finales de los 90, ha vuelto el optimismo y han surgido coleccionistas de 27 años para arriba, que están comprando arte joven con precios que oscilan entre $3 y $15 millones, de artistas que van a estar en el panorama cultural del país en la próxima década. Sin embargo, advierte que ha existido un público objetivo que sin crisis o con ella siempre invierte en arte y está atento a los nuevos desarrollos, lo que le ha dado cierta estabilidad al mercado.



Un empresario coleccionista, que pidió mantener su nombre en reserva, sostiene que la inversión en obras de arte puede verse como una forma de ahorro que enriquece los espacios y alimenta el espíritu. "En momentos difíciles se pueden vender con relativa facilidad ya sea por medio de las galerías o los comerciantes que trabajan de manera independiente comprando y vendiendo arte", dice. En su colección personal tiene pinturas de Botero, David Manzur, Obregón y Darío Morales, entre otros. Advierte que para invertir en arte hay que saberse rodear de los que saben, como los galeristas, los curadores y los críticos.

Sin embargo, en otras ciudades del país, el auge no es tan grande, pues hacen falta museos de arte moderno y más galerías en Cali, Medellín, Barranquilla y Bucaramanga, donde hay una importante producción plástica. Jenny Vilá, directora de la galería que lleva su mismo nombre, en Cali, asegura que vender arte en las regiones requiere mucho esfuerzo pues es lo último en que se invierte el presupuesto familiar. Además, a esto se agrega el hecho de que el coleccionismo de arte en Colombia aún está en pañales y solo hasta ahora muchas personas están empezando sus colecciones. Basada en su propio criterio, Vilá escoge los artistas para que expongan en su galería, que lleva varios años promoviendo el arte contemporáneo. El pintor Franklin Aguirre es su próximo invitado, a partir de este 20 de octubre. "Hay que difundir la calidad y el talento de los nuevos y buenos artistas que no cuestan tanto. Hay que perderle el miedo a comprar pinturas de estos muchachos", dice.



Eduardo Serrano, uno de los críticos de arte más importantes del país, explica que infortunadamente el narcotráfico distorsionó el mercado del arte en Colombia en los 80, ya que con su dinero las obras adquirieron unos precios extravagantes que sus creadores no pudieron mantener después. Sin embargo, asegura que a partir de los 90 el mercado empieza a ser mucho más aterrizado en cuanto a calidad y precios, proceso al que contribuyeron las galerías que fueron marcando la pauta en torno a qué comprar en materia artística, lo que en términos generales contribuyó a promover el arte.



Serrano comparte el criterio de que hay que apostarles a los artistas jóvenes, aunque advierte que se corre el riesgo de quedarse con un artista que no prosiga su carrera artística. Por eso recomienda a los que son invitados a salones, bienales, galerías y reciben buenos comentarios de la crítica. Entre ellos destaca entre los más jóvenes a Sair García, Pablo Rincón, Andrea Valencia y Santiago Echeverri. También a Carlos Salas, Danilo Dueñas, Rodrigo Echeverri, Venuz White, Mario Salazar, Juan Camilo Arango y Miller Lagos.



En el negocio también hay dealers o corredores de arte. Son comerciantes que no tienen galería pero viven de vender y comprar arte. Humberto Gómez es uno de ellos. Lleva 16 años en el negocio y en estos momentos cuenta con obras de Alejandro Obregón, Débora Arango, Andrés de Santa María y Guillermo Wiedemann, entre otros. Como anécdota, recuerda que en 1988 compró un cuadro de Luis Caballero en $10 millones, que en 1995 vendió en US$120.000, y que una vez se topó en un anticuario con un cuadro de un pintor contemporáneo de Miguel Ángel, que luego vendió a un precio exorbitante en el mercado internacional. Según él, en el negocio del arte siempre hay alguien que pague más.



Para Gómez, el principal coleccionista de arte en el país es Fernando Botero, quien con sus adquisiciones ha puesto su propia obra al mismo nivel de los grandes pintores internacionales. "También es uno de los comerciantes más inteligentes", dice. "Cuando donó las colecciones a los Museos de Antioquia y Bogotá, se quedó sin obras, lo que hizo que inmediatamente se disparara la demanda de 'Boteros' y por consiguiente su precio".



También se sabe que varias empresas colombianas están organizando sus propias colecciones como Nacional de Chocolates, Suramericana de Seguros y GasNatural, lo que contribuye a que el interés por el arte se mantenga por mucho rato. Por eso, Carlos Augusto Salas, director de la Galería Mundo, sostiene que un auge como el presente no se veía desde las épocas de Marta Traba.
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