Distorsión en la cadena

| 11/29/2002 12:00:00 AM

Distorsión en la cadena

Si no hay reglas del juego claras en el tema arancelario y de protección, las posibilidades de crecimiento en la cadena de oleaginosas, aceites y grasas se reducen.

La producción colombiana de aceites y grasas está en un momento de definiciones. Después de pasar uno de los procesos de reorganización industrial de mayor alcance que se hayan visto en Colombia, las exportaciones de aceites y grasas refinadas aumentaron de 7.400 toneladas en 1998 a 67.300 toneladas en el 2001, cuando llegaron a US$42 millones. Si se suman las exportaciones de aceite crudo de palma, el año anterior esta cadena agroindustrial generó divisas por US$66 millones. Pero las imperfecciones del proceso de integración comercial en la región andina, que es el principal mercado de destino, y las distorsiones en el tema agrícola (donde están los primeros eslabones de la cadena), debido a los subsidios que otorgan países como Estados Unidos o Brasil a sus cultivos de soya, generan grandes perjuicios y representan serios riesgos para el futuro. Algunos de los países andinos, como Bolivia, Venezuela o Ecuador, tienen acceso más barato a las materias primas de terceros países. Bolivia, que es un fuerte importador de soya y procesa el producto en grandes plantas, con inversión extranjera, nunca aceptó aplicar la franja de precios andina. Por su parte, Ecuador y Venezuela no la están aplicando.



Adicionalmente, Venezuela, que se había convertido en un dinámico mercado para las exportaciones de Colombia, decidió imponer cuotas de importación mediante vistos buenos y aún no ha concedido el primero. El cierre de ese mercado se ha traducido en un serio retroceso en el proceso de internacionalización. Entre tanto, en Colombia, donde sí se aplica la franja, las importaciones de aceites se han encarecido al punto de que entre enero de 1999 y junio de 2002 se pagaron aranceles variables de US$99 por tonelada en promedio. En cuanto a la materia prima, Colombia está en una situación desfavorable. Está en el continente que más soya produce en el mundo, con gigantes como Estados Unidos, Brasil y Argentina, mientras Ecuador gana espacio en la palma, el producto bandera colombiano.



Otros ingredientes juegan en contra. Por ejemplo, las compañías en Colombia son muy pequeñas frente a gigantes del continente como Cargill o Bunge, que gracias a su dimensión y capacidad de negociación obtienen grandes ventajas en productividad y precios. En Colombia, la mayor organización es la Alianza Team, que especializó sus plantas y ganó en eficiencia, pero sigue siendo una empresa pequeña en el contexto internacional. La planta más grande de aceites refinados en nuestro país es de 200 toneladas al día, mientras que en Brasil o Argentina hay plantas que mueven 1.000 toneladas diarias.



En este negocio --de altos volúmenes y menores márgenes--, se impone ganar eficiencia en todos los eslabones de la cadena. Ese criterio define las decisiones: desde ubicar las plantas cerca de la materia prima para reducir fletes, hasta lograr economías en el consumo de energía.



Para sobrevivir en el mercado integrado del hemisferio es necesario explorar más la ruta del incremento en la generación de valor agregado, para exportar aceites más elaborados y crecer en refinación y extracción, supliendo las necesidades de la industria de galletas, helados, panes o jabones, e incluso llegar a la oleoquímica. Los productos orgánicos son un caso especial entre los productos de mayor valor, pues su mercado crece rápidamente, en especial en Europa.



Por último, Colombia debería ser más agresivo en la búsqueda de inversión extranjera, fomentando los acuerdos comerciales, donde Ecuador está tomando la delantera. Además, ante el desplazamiento de las plantas de las multinacionales en el mundo, las empresas colombianas podrían servir como maquiladoras de esos productos para los mercados internacionales y para las grandes cadenas nacionales.



Es evidente que los procesos de consolidación internacional y las negociaciones de apertura de mercados obligarán a buscar mayores escalas de producción, o a perder competitividad en el negocio. La tendencia global se dirige a buscar una mayor consolidación y a incentivar la unión de las compañías. De lo contrario, un mercado como el colombiano, que además de pequeño se presenta fragmentado, sería presa fácil de las grandes compañías internacionales que tienen altísimos niveles de eficiencia y de productividad.







Oportunidades

Colombia debe incrementar el cultivo de la palma. Fedepalma ha señalado el objetivo de tener cultivadas 800.000 hectáreas para el año 2020 y destinar a la exportación el 78% de la producción de aceite de palma. Esta debe ser una meta del país.

El consumo de alimentos orgánicos en este sector crece en el mundo. Su precio incluye un elevado margen y Colombia tiene la posibilidad de desarrollar una estrategia comercial --como lo ha hecho la empresa Daabon-- para ganar participación en este mercado que, si bien es apenas del 10%, tiene grandes posibilidades de crecimiento.

Los desplazamientos de la producción de las multinacionales abren la posibilidad de que empresas colombianas se conviertan en maquiladores exitosos, tanto para las firmas internacionales con una significativa transferencia de tecnología, como para el comercio local de grandes superficies.

Para competir en un mercado de grandes jugadores hay que buscar las mayores sinergias. Alianzas como Team han demostrado, a pesar de las dificultades del entorno, que pueden ser competitivas. Se requieren más alianzas, incluso con jugadores internacionales, para ampliar la expansión en los mercados.



Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.