| 3/28/2008 12:00:00 AM

Diseñado en China

Hasta el momento, China se ha destacado por ser el taller más barato del planeta, pero si su estrategia tiene efecto, muy pronto obtendrá también un papel protagónico en el mundo del diseño.

Desde los años 70, China viene ganándose la reputación global de ofrecer productos baratos y de baja calidad. Pero ya se cansó de ser el mejor imitador del mundo y está moviendo todos sus motores para hacer la transición hacia la innovación como fuente de su crecimiento de largo plazo, como lo hizo Japón en los años 70 y luego Corea en los 90.

En contraste con el crecimiento de 2% a 3% de las economías desarrolladas, en los últimos 25 años la tasa de crecimiento de la economía china ha promediado el 9%. Sostener altas tasas de crecimiento es uno de los objetivos de las autoridades chinas para asegurar una generación de empleo que absorba los millones de jóvenes que entran a la vida laboral. Y un crecimiento basado en la imitación es insostenible en el largo plazo. Por eso, busca pasar de ser una nación con producción intensiva en mano de obra con ideas y tecnología importada, a una liderada por la innovación doméstica.

Hoy se percibe una explosión innovadora: China tiene más de 450 escuelas de diseño y hay cientos en proceso de creación, cuando en 1982 no tenía ninguna. Además, el diseño es una de las carreras universitarias más populares, que produce 10.000 nuevos empleos al año que son absorbidos por cientos de nuevas consultoras de diseño y miles de compañías chinas que buscan innovar.

Según la oficina de propiedad intelectual de China, Sipo, el número de aplicaciones de patentes por nacionales chinos se ha incrementado. Mientras en el año 2000 este número ascendía a 140.339, en 2007 llegó a 586.734. Además, de las 156.000 solicitudes internacionales de patente, presentadas en 2007 ante la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, OMPI, 5.500 provinieron de China, frente a 7.000 de Corea.

De la imitación a la innovación

Estrategias del gobierno para incentivar la innovación y aumentar el desarrollo científico y tecnológico, inversión extranjera de países que quieren sacar provecho al crecimiento chino, universidades que buscan intercambios académicos con centros extranjeros de aprendizaje, consumidores exigentes y manufactureros que quieren ser más competitivos en el exterior, hacen parte del impulso que jalona al gigante asiático hacia las creaciones propias. El sector automotor y el de electrónicos están en la mira, dado el peso que tienen sobre la economía.

Desde los años 80, la inversión del gobierno chino en innovación hace parte de su estrategia de desarrollo, incentivando la integración entre institutos de investigación y desarrollo (I&D) y parques científicos a través de clusters y fusiones con grupos empresariales.

Más recientemente, se ha podido apreciar cómo en su onceavo programa a cinco años (2006-10) China tiene como una de sus metas el desarrollo científico y tecnológico para pasar de depender de la mano de obra barata a depender de trabajadores altamente calificados.

El gobierno chino anunció su plan de desarrollo en ciencia y tecnología de 2006 a 2020 y tiene como objetivos elevar la intensidad en I&D en la que actualmente están los países desarrollados, es decir, aumentar el gasto como porcentaje del PIB de 1,3% a 2,5% y reducir la dependencia de la tecnología importada.

Pero el gobierno no está solo en su transformación. Por el tamaño del mercado chino y su potencial productivo, Estados Unidos y varios países asiáticos como Japón, Corea, Singapur y Taiwán están invirtiendo en el desarrollo creativo de China para así beneficiarse en el largo plazo de su crecimiento.

Los manufactureros chinos también se dieron cuenta de que necesitaban ofrecer diseños propios si querían salir de China y aumentar los márgenes en el exterior. Hoy las empresas chinas ven la creatividad como el punto de partida para el crecimiento y la diferenciación en un mundo altamente competitivo.

A su vez, las compañías extranjeras con plantas en China, en respuesta al cansancio de los consumidores chinos por los repetidos diseños europeos y estadounidenses, están preocupadas por desarrollar nuevos productos específicamente para ellos. Sony, Motorola y Volkswagen son algunas de las multinacionales que investigan el gusto de los locales para ofrecer productos más novedosos.

En las instituciones académicas hay un fuerte deseo por pasar del Made in China al Designed in China. Una de las estrategias para lograrlo es la conexión con centros internacionales de diseño.

La mayoría de compañías chinas aún están lejos de ser líderes en innovación, pero en algunas de ellas su capacidad le ha permitido un aumento significativo en la competitividad de varios productos. Pero uno de los problemas que seguirá enfrentando el país asiático -hasta que no haya buenos mecanismos que castiguen a quienes infringen los derechos de propiedad intelectual- es que cualquier producto nuevo que sea exitoso en el mercado es rápidamente pirateado.

China, además de incentivar las nuevas creaciones, deberá fortalecer la protección de los derechos de propiedad intelectual para poder llegar con paso fuerte al emblema Diseñado en China. Por lo pronto, está claro que Gobierno, sector privado y consumidores constituyen un frente unido que busca el reconocimiento mundial de productos propios y de buena calidad y, debido a la capacidad productiva del país, es de esperarse que se avecine una oleada de productos chinos con un nivel mucho más alto del tradicional, que invadirá los mercados y desplazará a los competidores. Competir con China no será solo cuestión de precios, sino también de calidad y novedad.
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