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Cristiano Ronaldo, en el Real Madrid, y Lionel Messi, del Barça, son los referentes de los clubes más poderosos del mundo.

| 3/21/2013 7:00:00 AM

Deudas que matan

Real Madrid y Barcelona, los dos equipos de fútbol más exitosos del mundo, están ad portas de la bancarrota.

Si de algo pueden sentirse orgullosos los españoles, en medio de los días de oscuridad por los que pasa la Península, es de la categoría de su fútbol. Para la muestra, faltan ojales. Ahí está la Copa Mundo de 2010 y las dos Eurocopas consecutivas de su selección (2008 y 2012), amén de Champions y Europaligues de sus clubes (como campeones, finalistas o protagonistas). Y, por si faltara algo, su liga local es considerada la primera del mundo, aparte de que no hay en la actualidad un duelo en el orbe que suscite más interés que el mítico Real Madrid– Barcelona F.C., pasión sin límites ni fronteras. Lo comprueban los dos recientes clásicos (uno por Copa del Rey y otro por la Liga) que, en una semana, convocaron a cientos de millones de televidentes, convertidos, a la distancia, en hinchas fervorosos.

Con un panorama así, nadie se atrevería a poner en tela de juicio que el actual gran momento del fútbol español da para muchas emociones y larga vida. Pero una cosa es el balón, generoso en fantasías, y otra muy distinta la que rezan los números. Peor aún, si esos mismos números sirven para reflejar los pésimos estados financieros de esos dos emblemas del balompié contemporáneo: el Real Madrid debe 590 millones de euros y el Barça tiene acreedores que suman obligaciones por casi lo mismo, 578 millones de euros.

Como consuelo, dirán los españoles, en la Europa futbolera no soplan buenos vientos en este momento. En Italia, las arcas de los grandes (Milan, Juventus e Inter) también pasan trabajos; Francia se sostiene a punta de austeridad (a excepción del Paris Saint Germain, al que le inyectaron petrodólares); y Alemania es la única que puede sacar pecho con la buena salud de su Bundesliga.

Las preguntas, claro está, afloran ¿y de dónde salen las deudas de los todopoderosos ‘merengues’ y ‘culés’? ¿Cómo es posible que quienes ganan todo, o casi todo; tienen siempre a tope sus estadios; cobran tarifas de lujo por una exhibición; cuentan con los dos mejores jugadores del mundo (o al menos los más taquilleros, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo), anden al filo de la insolvencia?

La respuesta no es fácil. Junto al hecho inocultable de que el fútbol no tenía cómo hacerle el quite a la debacle actual, hay que decir que los clubes de fútbol son, cada vez más, empresas de enorme complejidad y no simples corporaciones deportivas. Y en esa misma medida, sus problemas son de tamaño monumental. Incluso, con enorme peso político. Es decir, sus presidentes se juegan a diario no solo la popularidad sino el cargo. Por eso, la situación de sus finanzas es casi un secreto de Estado. Sin embargo, no todo se queda bajo reserva.

Un economista español, Josep María Gay de Liébana, ha hecho un cuidadoso seguimiento a las cuentas de los equipos de primera y segunda división y dice tener autoridad para denunciar que el fútbol español, lo que incluye, como en Colombia, a la categoría de ascenso, debe unos 3.200 millones de euros (aunque otras fuentes hablan de “apenas 750.000 millones”). “Una deuda impagable”, dice Liébana.

Algunos de ellos (Mallorca, Zaragoza, Rácing de Santander y el mismísimo Málaga, que se ha convertido en figura de la liga y revelación en Europa), no parecen tener remedio a la vista. Otros, como el Atlético de Madrid de Falcao, ya superaron hace rato la línea de lo alarmante (debe 426 millones de euros). Y está el caso aparte del Valencia, otro “semigrande”, ahora manejado por una entidad financiera, tras no cumplir con los pagos del préstamo en que incurrió para la construcción de un estadio que quedó en obra negra, una auténtica muestra de la bonanza despilfarrada y de la burbuja inmobiliaria que azota a España.

Lo grave es que el Estado no parece tomar cartas en el asunto. O al menos no las suficientes. Es vox pópuli que Hacienda, la Dian española, no aprieta con la misma llave las tuercas del fútbol como sí lo hace con otros sectores de la economía. Por una sencilla razón, el fútbol juega un papel definitivo en la actual situación del país. Como lo dijo en su momento Miguel Ángel Aguirre, un ejecutivo de relaciones públicas: “El fútbol es, de lejos, el deporte más popular en España y hay un enorme sentimiento de pertenencia a la selección nacional. El éxito del equipo ayuda a que la gente se olvide de la crisis unas semanas”, dice. No menos pasa con la liga.

Los medios de comunicación tampoco se empeñan en destapar lo que pasa. O al menos la mayoría. El fútbol es un negocio del que depende, en buena parte, la subsistencia de prensa y radio, y todos saben el precio de matar la gallina de los huevos de oro. Ni qué decir de la televisión y más aún la de cable, única autorizada para transmitir los partidos del Real Madrid y el Barcelona. A esa televisión está suscrita casi la totalidad de los bares de España, esos sitios donde la gente se reúne a pasar la crisis con fútbol y unas cuantas cervezas.

Es ahí, en esa gigantesca torta de las retransmisiones por televisión, en donde se producen los mayores desequilibrios. El Real Madrid y el Barça se llevan las grandes tajadas (cerca de 50%, entre ambos). Los demás clubes deben conformarse con poco menos que las migajas.

Los futbolistas, mucho menos, se preguntan por el futuro. Jugar en España significa entrar en un mundo bien remunerado, aunque las diferencias son abismales: de los 14 millones de euros al año (Messi y Cristiano Ronaldo) hasta los 200.000 euros de ilustres desconocidos –el salario más bajo de un futbolista de primera división–, aunque el promedio está entre los 500.000 y los 600.000 euros. Ellos, los futbolistas, son una de las grandes razones por las cuales en un ejercicio como el del torneo que terminó en 2011, los 1.169 millones de euros por concepto de ingresos se quedaron cortos ante los 1.830 millones que sumaron los gastos.

La situación es grave y susceptible de empeorar. En el actual torneo las caras nuevas sumaron 13’620.000 euros. Nada, frente a los 146 millones que pagaron los clubes ingleses, o los 97 millones que desembolsaron los italianos. Es tan pobre la inversión española que hubo más dinero para comprar en los torneos locales de Brasil y China. Y si no hay estrellas, no hay público. Cada vez hay más sillas vacías en los estadios. Y si a eso se le suma que el invierno se avecina sobre el fútbol español, peor. De hecho, el Atlético de Madrid y el Valencia se fueron eliminados muy pronto de las actuales copas europeas. Por lo pronto, el Barcelona y el Real Madrid se mantienen vivos en la Champions.

Además, no será fácil para España revalidar en Brasil 2014 lo que hizo en Alemania 2010. Si los resultados no andan, la liga pasará a segundo plano, con todas sus consecuencias. Bueno, si es que antes las autoridades de la región no se adelantan. El pasado 8 de marzo se conoció que la Comisión Europea (CE) ya abrió investigación formal contra Valencia, Hércules y Elche, tres equipos valencianos. Lo que le preocupa a la Comisión, en medio de las exigencias de austeridad que tienen a España pasando más de un mal rato, es que sean los contribuyentes los que tengan que terminar pagando los préstamos que recibieron esos clubes de parte de bancos hoy quebrados, con el aval de las administraciones locales.

Las pesquisas de la Comisión se extienden, además, a incumplimientos con impuestos y con la seguridad social de los jugadores. Joaquín Almunia, vicepresidente de la CE, ha hecho saber esa preocupación al propio gobierno de Mariano Rajoy con términos muy precisos: “La Comisión es consciente de las cantidades sustanciales en impuestos y cotizaciones que los clubes profesionales españoles adeudan a las Administraciones”.

Así que lo peor está por venir, más aún cuando no hay plazo que no se venza ni condición que no se cumpla. Es decir, los acreedores atacarán más temprano que tarde. Y si bien habrá recursos y créditos para que los equipos grandes detengan esos millonarios cobros, muy diferente es la situación de los llamados equipos ‘chicos’, para quienes el dilema es pagar o desaparecer.

Quedará entonces claro que no solo de Real Madrid y Barcelona puede vivir el fútbol español, aunque quién sabe si ya sea demasiado tarde y la primera liga del mundo se haya ido a vivir, por ejemplo, a donde conducen todos los caminos: ¿a dónde más que a Alemania?

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