| 3/14/2008 12:00:00 AM

Detrás del Telón

Además de entretener a más de tres millones de espectadores y de generar un ambiente cultural único, el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá incide en el desarrollo de más de 60 Pymes.

Cada dos años, detrás de las luces, el colorido y la alegría de los espectadores que asisten al Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá existe una gran empresa que demanda un sin fin de bienes y servicios para poder operar, lo cual le ha dado la oportunidad de crecer y posicionarse en el mercado a más de 60 pequeños y medianos empresarios. Son cientos las personas que trabajan día y noche en este magno evento, y su trabajo no sólo requiere la pronta entrega sino la excelencia. Es así como, el Festival le ha enseñado a los empresarios a manejar volúmenes de trabajo tan grandes que los ha obligado a crecer y estar listos para cualquier servicio similar que necesite el país.

El Banco de Bogotá, uno de los principales patrocinadores del Festival, sostiene que uno de los motivos por los cuales apoya desde hace cinco ediciones este evento es que su aporte económico ayuda al desarrollo de los empresarios que se encuentran tras bambalinas haciendo posible toda la logística que requiere el Festival.

Según Ana Marta de Pizarro, directora de relaciones internacionales y públicas del Festival, el desarrollo de las Pymes se ha dado por varias vías. La primera está relacionada con los servicios que requiere la organización del evento como boletería, publicidad, utilería y transporte, que son suministrados por cerca de 25 Pymes. La segunda tiene que ver con todos los requerimientos de las obras en sí, como escenografía y equipos de luces y sonido, donde más de 35 pequeños y medianos empresarios ponen su grano de arena.

Pizarro asegura que una de las empresas que más ha crecido, gracias a las exigencias operativas del Festival, es Transportes Sival: "Es una empresa que se ha desarrollado con nosotros, porque cuando llega el momento del Festival hay que transportar casi 2.000 personas entre actores y técnicos, así como escenografías, luces y publicidad". El gerente administrativo de Transportes Sival, Belisario Sierra, señala que desde hace 14 años han acompañado el Festival, manejando un nivel operativo muy grande y que, gracias a este, hoy son la primera empresa de transporte en Bogotá y la tercera en el país. "Lo que ha sido más beneficioso y enriquecedor para nosotros es poder certificar a cualquier posible cliente lo que se ha hecho con el Festival", dice Sierra.

En 1994 Transportes Sival le prestó al Festival un total de 4.758 servicios en 25 días, lo que le permitió tener un promedio de 190 servicios diarios. En contraste, en 2006 se prestaron 11.275 servicios en 31 días, un promedio de 364 diarios. Según Sierra, el Festival crece 20% entre edición y edición, lo que se refleja en el crecimiento de la empresa en esa misma magnitud.

El Festival no solo representa el 10% de sus ventas anuales, sino que ha sido la puerta de entrada a otros grandes negocios. Gracias a su aprendizaje en coordinación y logística con este evento, Transportes Sival maneja hoy en día otros servicios de gran magnitud a nivel nacional como el transporte de todos los guerrilleros reinsertados en Colombia.

Pero esta Pyme no es la única que ha crecido a la luz del Festival. Según Ana Marta de Pizarro, otra caso que vale la pena resaltar es el de Stream Marketing, consultora en mercadeo y publicidad, una empresa que era proveedora de la Fundación Teatro Nacional y que este año se vinculó al Festival. "El Festival nos exigió una gran responsabilidad y compromiso en cuanto a calidad, tiempo y capacidad de producción se refiere. Involucró una serie de personas, procesos y logística enfocados única y exclusivamente en la satisfacción total de nuestro cliente", explica Diana Ochoa, la directora de proyectos de esta compañía.

En el momento, el impacto de su participación en el Festival es claro. Ochoa afirma que este evento representó el 40% de su facturación de febrero. Sin embargo, a corto plazo esperan que la incidencia sea mayor, por el posicionamiento que logró su empresa en el mercado y el aval que les da para el desarrollo de proyectos con nuevos clientes.



Oportunidades para todos

Respecto a los requerimientos de los grupos teatrales en sí, el Festival también ha sido fuente de trabajo para fabricantes de escenografías. Para Ana Marta de Pizarro, traer las escenografías no sólo es muy costoso sino que a veces es muy difícil. Hoy en día más de un 30% de éstas se fabrica en Colombia, genera empleo y les demuestra a los grupos internacionales que acá las cosas se hacen bien. "Cuando trajimos la obra El Infierno, ellos nos encargaron, como parte de su escenografía, la fabricación de una escalera de 10 metros. Cuando se acabó el Festival, el grupo teatral nos pidió llevársela porque funcionaba mejor que la que habían hecho en Alemania", dice Pizarro.

Por el lado de servicios tecnológicos, es una realidad que los teatros en Colombia están muy atrasados, ya que no cuentan con equipos de luces y sonido aptos para presentar los espectáculos. Para solucionar este problema, el Festival cada dos años invierte en la renovación tecnológica de pequeñas empresas que se dedican a alquilar este tipo de equipos. Este año la inversión ascendió a cerca de $700 millones de pesos, uno de los rubros más costosos del Festival. Así, no solo las obras siempre cuentan con la última tecnología, sino que además los equipos se quedan en el país para que dichas empresas sigan suministrando sus servicios a las artes escénicas en Colombia.

Lo anterior es solo una muestra de la cantidad de oportunidades que se mueven detrás de este evento. La inversión del Festival, patrocinada por los 380.000 asistentes a las salas (50%), la Alcaldía Mayor y el Gobierno Nacional (25%) y sectores privados y otros organismos (25%), no solo se usa para pagarle a los grupos que se presentan, sino también para remunerar a 1.820 empleados directos y la contratación de más de 60 Pymes para todos los bienes y servicios que demanda este gran evento. A esto se le suman todos los establecimientos que se benefician a su alrededor, como hoteles, restaurantes y bares, gracias al mayor consumo turístico que presenta Bogotá en los 17 días que dura el Festival, un evento que cada dos años mueve la cultura y la economía de la ciudad.
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