| 2/1/2008 12:00:00 AM

Después del diluvio...

Chuck Prince generó las pérdidas más grandes en los 196 años de historia del Citigroup. Su nuevo presidente, Vikram Pandit, aceptó la misión de sacar la empresa de la crisis. Pero la tarea no es fácil.

Las malas decisiones de la administración del Citigroup, el banco número uno en Estados Unidos, produjo una de las caídas más estrepitosas del sector financiero. Al revelar a principios de enero que las pérdidas del cuarto trimestre fueron de US$9.800 millones, las más altas en sus 196 años de historia, la acción tuvo un desplome de 7%. La caída de esta acción, que tiende a ser una de las más rentables del mercado es asombrosa. En mayo 18 de 2007 llegó a su pico negociándose a US$55.55 por acción y en enero 22 de 2008, tras el anuncio de sus resultados financieros, llegó a US$22.36 por acción.

Los problemas surgieron por las malas inversiones en hipotecas de baja calificación que se otorgaban a personas con bajas calificaciones crediticias y con la compra de bonos respaldados por este tipo de hipotecas. Adicional a esto, el castigo contable en su portafolio de inversión ascendió a los US$18.100 millones y les tocó asegurar provisiones de cartera por US$4.000 millones para cubrir pérdidas anticipadas en los préstamos a los consumidores estadounidenses.

El Citigroup, al mando de su nuevo presidente Vikram Pandit, ha empleado diferentes estrategias para solventar su situación actual. La primera movida, a pesar de que inicialmente se había reiterado por parte de los ejecutivos del banco que esto no se iba a hacer, fue recortar el porcentaje de dividendos entregados a los accionistas. Este se redujo en 41% para los pagos trimestrales, lo cual les genera un ahorro de US$5 billones anuales, sin embargo los accionistas perdieron al no contar con este efectivo. Pandit enfatizó que otra medida que aplicarán es continuar la venta de sus activos no relacionados con el negocio principal, es decir todos los enseres que no pertenecen al funcionamiento del banco. El banco ya vendió sus acciones en Redecard, un negocio de tarjetas de crédito en América Latina y sus propiedades en una unidad de negocios de corretaje en Japón, llamada Nikko Cordial, comprada el año pasado.

En tercera instancia, el banco optó por recortar drásticamente el personal. Al finalizar su cuarto trimestre, sacó más de 4.200 empleados, adicionales a los 17.000 que despidieron durante la primavera de 2007. La política se concentró en despedir a aquellos empleados pertenecientes al 5% que reflejaron el menor rendimiento. 400 empleados fueron despedidos de la unidad de banca de inversión en el Reino Unido y los 3.800 restantes pertenecían a las divisiones especiales del banco en Estados Unidos, Asia e India. La planta fija no tendrá tantos recortes de personal como las áreas que prestan servicios más especializados.

La cuarta medida ha sido la búsqueda de capital fresco en tierras lejanas. La dignidad quedó a un lado, puesto que hacía menos de un año se criticaba el creciente poder de los fondos soberanos en Estados Unidos y Europa. Muchos analistas consideran que estos inversionistas usaban sus grandes cantidades de dinero para apropiarse de activos corporativos. Pero hoy actúan como salvadores, en especial después de la crisis de las hipotecas de baja calificación. En noviembre de 2007, la autoridad de inversión de Abu Dhabi, le dio más de US$7.500 millones al Citigroup. A mediados de enero de este año anunciaron que obtendrán más de US$12.500 millones, de los cuales US$6.900 millones pertenecen a la corporación de inversiones del Gobierno de Singapur, y el restante a inversionistas como Capital Research Global Investors, Capital Word Investors, la autoridad de inversión de Kuwait, la división de inversión de Nueva Jersey y el príncipe Alwaleed bin Talal de Arabia Saudita.

Aunque para el Citigroup esta inyección de capital ha sido un alivio, hay quienes temen que el control del sector financiero estadounidense pertenezca a otros países. Sin embargo, el senador Chris Dodd, presidente de la comisión bancaria del Senado de los Estados Unidos, asegura que él apoya la inversión extranjera en el país, "siempre y cuando esta no comprometa nuestra seguridad nacional o sea una amenaza a nuestra estabilidad económica". No obstante, "cuando se necesita el dinero no hay mucho de dónde escoger, hay que asumir las consecuencias de aceptarlo", explica Brian Gendreau, estratega de ING Investment Management.

Como si esto fuera poco, los temores de una recesión casi inminente, la caída en los precios de la vivienda, los precios de los combustibles disparados, el aumento en los precios de los alimentos, la disminución en ventas del comercio minorista y el creciente desempleo, han empeorado la capacidad de pago de sus clientes. El vicepresidente financiero del Citigroup, Gary Crittenden, señaló que en sus expectativas para 2008 no creen que el sector de la vivienda se estabilizará pronto. Seguidamente, reiteró que con la caída de los precios en el mercado de vivienda estos podrían continuar cayendo 7% más durante este año y en una misma medida en 2009. Muchos analistas consideran que esta observación es un indicador de que se evidenciarán más castigos contables durante el año, que se aumentarán por el no pago de sus clientes.

A pesar de estos esfuerzos, el panorama para Citigroup no es el más optimista. Su presidente Vikram Pandit enfatizó que los resultados actuales eran "inaceptables", por lo cual continuará con la revisión detallada de los negocios del banco y así determinará qué otros activos se podrán vender o qué otras unidades especiales se podrán cerrar. Algunos analistas creen que los accionistas no se pueden indignar con lo ocurrido, puesto que lo peor está por llegar. A raíz de toda la crisis del Citigroup, la calidad de la cartera de crédito empeoró notablemente y cada vez son más los usuarios que están dejando de pagar sus cuentas. Los costos de los créditos ascendieron a más de US $4.000 millones al final de cuarto trimestre del año para las compañías de productos de consumo. Citigroup tiene que aceptar con humildad sus errores para enfrentar con entereza el tornado que se avecina.
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