| 4/13/2007 12:00:00 AM

Despegue impresionante

Una empresa colombiana de seguridad aérea consiguió triplicar el tamaño de su operación en menos de tres años. Al final de 2007 operará la mayoría de los aeropuertos más grandes y difíciles de la región.

La historia de crecimiento de Longport impresionaría a los analistas de negocios más flemáticos. Desde su inicio, hace dos años y medio, hasta hoy, consiguieron triplicar su tamaño y pasaron de atender el mercado colombiano a estar cerca de cubrir toda América del Sur. Esto, que ya sería un hecho sorprendente, lo es aún más si se considera que la empresa se dedica a uno de los negocios más delicados del mundo, la seguridad de los aeropuertos.

La firma se fundó cuando Carlos Valencia y el británico nacionalizado colombiano, William Daniell, compraron la unidad de seguridad aérea que tenía la inglesa Armor Group en el país. "Nos encerramos una semana en las oficinas de los abogados de Brigard & Urrutia hasta que salimos con humo blanco", recuerda Carlos Valencia, ahora presidente de Longport.

Con los documentos de propiedad de la empresa en el bolsillo, asumieron la seguridad de los vuelos de algunas aerolíneas internacionales que salen desde Bogotá, Cali y Medellín. Su trabajo concienzudo y serio les sirvió para que uno de sus clientes les pidiera que manejaran su operación de seguridad en los aeropuertos de Quito y Guayaquil. Luego, se los llevó a los de Lima y Cusco y, posteriormente, al de Ezeiza en Buenos Aires. Hoy, con 1.100 empleados, atienden 24 aerolíneas, entre las que se cuentan American Airlines, Delta, Taca y Lan.

Antes de finalizar el semestre, esperan haber iniciado sus operaciones en los aeropuertos de Río de Janeiro y Sao Paulo en Brasil, y en Montevideo en Uruguay. Su siguiente paso será México y el Caribe, con lo que completarían la mayor parte del mapa de América Latina. Tampoco descartan su pronta llegada a Miami.

Vigilancia de alto vuelo
William Daniell define el trabajo de Longport como uno de prevención de cualquier acto que amenace la seguridad de un vuelo. Pero, además, deben evitar que se cometan actos ilegales y que se transporten substancias que puedan ser empleadas para propósitos ilícitos.

Esta parece una tarea de enorme dificultad en cualquier lugar y más aún en los terminales aéreos, que son un blanco apetecido en el mundo por terroristas y grupos ilegales de todas las pelambres.

Los procedimientos de Longport están estandarizados y son extraordinariamente severos. Están diseñados para cumplir al pie de la letra las normas de seguridad que establece la Organización Internacional de Aviación Civil (OACI). "Todas las aerolíneas buscan consistencia. Que los procedimientos de seguridad sean iguales en Bogotá y Johannesburgo", dice William Daniell, presidente de operaciones de la compañía.

De un lado, con entrevistadores especialmente entrenados, verifican la autenticidad de los documentos de identidad de los pasajeros para evitar casos de inmigración ilegal. Además, identifican riesgos de terrorismo, narcotráfico y movimiento de mercancías peligrosas. Con el mismo propósito, revisan detenidamente el contenido de las maletas en distintos puntos, desde la llegada al terminal hasta que se embarca en las bodegas del avión. Por encima de ello, cuidan los aviones en tierra.
 
Al llegar al muelle, estos son revisados minuciosamente y luego son custodiados veinticuatro horas para evitar que se introduzcan elementos ilegales o peligrosos a bordo. Por los puntos de verificación de Longport pasaron 1,4 millones de pasajeros y 1,6 millones de maletas en 2005, así como 2,3 millones de pasajeros e igual número de maletas el año pasado.

También se encargan de revisar la carga con la misma minuciosidad con que lo hacen con los equipajes. "El año pasado miramos caja por caja, 109.000 toneladas de carga", señala Valencia. No es un tema menor. Una de sus obligaciones es la de revisar las exportaciones de flores de Colombia, el segundo productor mundial, y de Ecuador, el tercero.

No les preocupa el riesgo de que algo salga mal. De un lado están muy seguros de sus procedimientos que, aunque usa elementos tecnológicos avanzados, se apoya fundamentalmente en el buen juicio y el intenso entrenamiento de sus empleados. Por eso impartieron 25.000 horas hombre de entrenamiento en 2005 y 50.700 horas hombre en 2007. "Esto equivale a 300 personas haciendo un diplomado", explica Valencia.

Por otro lado, consideran que su riesgo geográfico está bien diversificado y por ello no esperarían que hubiera una catástrofe corporativa por algún hecho grave en alguno de los países que atienden. Sin embargo, no son folclóricos con el tema. Daniell recuerda con respeto que la compañía estadounidense Argenbright, encargada de la seguridad de United Airlines, desapareció después del 9-11.

Factores de éxito
Crecer a la tasa que lo han hecho no es fácil. Mientras en 2004 vendieron US$4,7 millones, esperan facturar este año algo más de US$15,7 millones, esto es un aumento de 78% anual en los ingresos.

Cuando se les pregunta a los fundadores de Longport por las razones de su éxito, la respuesta llega rápido: "Somos una compañía de especialistas", explica Daniell. "No hay más empresas como la nuestra en América Latina", agrega. La mayoría de las aerolíneas contrata compañías de vigilancia para su seguridad. Pero estas empresas en general acaban siendo proveedoras de mano de obra y no de servicios especializados.
 
 "La aviación es un vicio y nosotros somos adictos", añade para mostrar que tienen un enfoque muy diferente al que podría llevar el tradicional coronel retirado que maneja las empresas de su competencia. Daniell, por su parte, tiene 13 años de experiencia en el negocio y comenzó 'en las rampas', el equivalente en la jerga de aviación a 'las trincheras'.

Por ser expertos, pueden ofrecer cosas que nadie más tiene. Conocen al dedillo la maraña de reglamentos que deben cumplir sus clientes. No solo deben cumplir los requisitos de la OACI, sino también los de las autoridades aeronáuticas civiles de cada país, y cuando se trata de vuelos a Estados Unidos, los de las aduanas, las agencias de inmigración y estupefacientes de dicha nación.
 
"Esas normas son el qué. Eso no cambia para nadie. Hay que cumplirlas", destaca Daniell. Sin embargo, hay cierta amplitud frente a la forma como se hacen las cosas. En Longport son maestros en adaptar los procedimientos a la cultura y las prácticas de las diferentes aerolíneas. Algunas prefieren verificar los pasaportes en el mostrador, otras en un escritorio antes de llegar allí.

Su mayor fortaleza está en la selección y el entrenamiento de sus funcionarios. Además de las pruebas psicotécnicas y los chequeos de seguridad, los aspirantes a trabajar en la compañía tienen que aprobar un curso magistral de 40 horas y luego un proceso de entrenamiento de otras 40 horas en el sitio de trabajo. Los empleados de Longport tienen un elevado nivel de compromiso. Saben que prestan un servicio público de la mayor importancia, el de sacar los vuelos con seguridad y a tiempo.

Pero también se destaca por tener una operación impecable. De hecho ese ha sido su principal argumento de ventas. "Si uno hace las cosas bien, la gente te busca", comentan. Así por ejemplo, tienen un centro de servicios que opera 24 horas para atender en tiempo real las preguntas de los funcionarios de Longport en los aeropuertos. Cosas como si un ciudadano croata necesita visa para Estados Unidos.

Estas características les han permitido crecer al ritmo que llevan. Sus planes para el futuro cercano no se detienen en los aeropuertos de la región. Quieren ofrecer un producto nuevo: proyectos de infraestructura de seguridad en aeropuertos, que entregarían 'llave en mano'. Pero además piensan, en el mediano plazo, manejar la operación de aeropuertos en Europa.

Cuando se ve el entusiasmo febril de sus fundadores y los resultados en el despegue de su operación, los proyectos a futuro solo tienen una calificación: posibles.
 
 
 
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?