| 5/1/1994 12:00:00 AM

De sueños a cenizas

La industria de metales básicos venezolana está de capa caída. Las acerías Sidor han perdido competitividad debido a un retraso tecnológico y los planes para privatizar se han retrasado por problemas del socio italiano con el escándalo de "Manos Limpias".

El sueño de crear un vasto imperio de aluminio en Venezuela antes de finalizar el siglo se ha convertido en cenizas. En lugar de agregar mayor capacidad de fundición, la Corporación de Desarrollo de Venezuela Guyana (CVG), la entidad estatal que opera la industria metálica básica en Venezuela, está luchando por conservar lo que ya tiene. La ampliación de las industrias básicas del aluminio y del acero en Venezuela ha sido aplazada en el futuro previsible. Las nuevas prioridades estratégicas son economizar y reestructurar, reducir la participación de capital del Estado en las industrias básicas del aluminio y el acero, y buscar la manera de atraer capital privado en grandes cantidades, para reanudar la ampliación lo más pronto posible.

Aunque hay en el aire planes para privatizar por lo menos el 50% de la industria metalmecánica, el pueblo venezolano no está muy convencido de la idea de vender las industrias de la CVG. Muchos venezolanos todavía tienen la opinión de que sus industrias básicas del acero y el aluminio son de gran importancia estratégica y que, por lo tanto, deben seguir siendo propiedad del Estado.

No obstante, las fuerzas de mercado decidirán finalmente el asunto: la deuda consolidada de la CVG sobrepasa los US$8.000 millones y las perspectivas de precios para sus producto no son buenas. Entre tanto, la creciente crisis de la CVG está forzando un cambio rápido en las industrias básicas de Venezuela.

Algunas industrias de la CVG están en situación financiera relativamente buena, como la subsidiaria hidroeléctrica Edelca y la Ferrominera Orinoco, que produce hierro. Sin embargo, otras industrias de la CVG no están nada bien.

La fábrica de ferrosilicona, Fesilven, está buscando desesperadamente un comprador extranjero que pueda aportar el dinero para completar una ampliación que lleva cinco años.

Los departamentos de productos forestales y mineros de la CVG son pequeños desastres. Nose han construido plantas de pulpa y aserríos para procesar los cientos de miles de hectáreas de bosques de pino caribeño en maduración, que se sembraron desde mediados de los años setenta, a un costo de cientos de millones de dólares.

La minería es una prioridad oficial en Venezuela, pero el desarrollo del sector ha estado marcado por leyes inadecuadas, por la politiquería y por disputas internas entre la CVG y el Ministerio de Energía. Como resultado, la región amazónica de Venezuela, aparentemente bajo el cuidado de la CVG, está invadida por miles de "garimpeiros", quienes están destruyendo las selvas húmedas del país y envenenando sus aguas con mercurio.

o obstante, la peor crisis de todas está en el sector del aluminio. Ocho años después de que la CVG anunciara su ambicioso plan de desarrollo para obtener una capacidad de 2 millones de toneladas métricas de aluminio básico por año, no se ha concretado ni un solo proyecto de fundición.

En efecto, la actual capacidad de Venezuela de 650.000 toneladas métricas por año puede reducirse en un futuro próximo si no se logra salvar de la bancarrota a Aluminios del Caroni (Alcasa).

La empresa ya está técnicamente arruinada y parcialmente cerrada; sus pérdidas ascienden a US$670 millones.

Venalum, la otra fundición de la CVG, en general está en mejores condiciones que Alcasa, con deudas más pequeñas y una tecnología más nueva, pero los bajos precios internacionales del aluminio están muy por debajo de los costos de producción de la fundición y, por lo tanto, se están acumulando pérdidas enormes.

El futuro de Alcasa depende de la consecución de un comprador para una parte o la totalidad de los bienes de la empresa, entre los

cuales hay un taller de laminación y una planta de hojalata en Guacara, estado de Carabobo, y una fundición y taller de laminación al calor en Puerto Ordaz, estado de Bolívar. La capacidad nominal de fundición de Alcasa es de más de 200.000 toneladas métricas por año, pero las Líneas I y II -las de más anticuada tecnología- ya llevan cerradas varios meses.

El Fondo de Inversiones de Venezuela recientemente creó un fondo de fiducia de US$100 millones, que será utilizado para pagar algunas de sus deudas. No obstante, una solución que saque a flote a Alcasa implica la consecución de uno o más socios privados que adquieran el control mayoritario de la empresa. Se ha informado que el taller de laminación y la planta de hojalata de Guacara serán transferidos a los acreedores venezolanos, entre ellos el a su vez quebrado Banco Latino, quienes a su vez lo pueden vender a un grupo privado, como el de Cervecería Polar o la Organización Cisneros (ODC).

El futuro de la fundición es menos claro. Reynolds International posee una pequeña parte de Alcasa, pero no ha mostrado ningún interés en asumir el control mayoritario. Con deudas de US$670 millones y con la carga de una tecnología anticuada en las Líneas I y II, la CVG puede no tener más alternativa que vender los bienes de la empresa poco a poco, a menos que la fundición llegue a tal punto de iliquidez que se vea obligada a cerrar del todo.

En cuanto a las otras empresas, el año pasado se obtuvo la aprobación del gabinete ministerial para la fusión de Venalum, de la refinería de alúmina Interalúmina y de la productora de bauxita Bauxiven en una sola empresa integrada, bajo el nombre de Bauxilum. Esta jugada tiene sentido comercial. Se espera que la fusión produzca ahorros de US$140 millones el primer año y reduzca los costos de producción por debajo de US$1.000 por tonelada, lo que aportaría ganancias al sector del aluminio en Venezuela.

El año pasado el sector del aluminio de la CVG tuvo fuertes pérdidas, cercanas a US$200 millones, y cerró el año con un déficit en flujo de caja de más de US$300 millones. Estos resultados aumentaron las pérdidas acumuladas en tres años a casi US$500 millones.

La situación no es tan grave en las subsidiarias de hierra y acero de la CVG, aunque allí también se hace énfasis en la reestructuración, la privatización y los joint ventures. La capitalización de gran parte de la deuda externa de Sidor que realizó el gobierno central en 1993, la cual asciende a US$1.500 millones, mejoró la situación financiera de la acería; pero la empresa está padeciendo un retraso tecnológico de diez años y cada vez se le dificulta más competir con productores más eficientes de otros países.

La empresa también está tratando de completar la expansión de una planta de tubería sin empate, construida hace diez años, pero el proyecto -Tubos del Caroni o Tuborca- se ha demorado por el retiro de un socio privado venezolano, Finalven (Arturo Sosa/Banco Provincial), y por los problemas legales que el escándalo italiano "Manos Limpias" ha causado a la firma Italimpianti, firma matriz del socio principal.

La Ferrominera Orinoco, productora de hierro, está dando ganancias en su producción de 20 millones de toneladas métricas por año y ex-porta anualmente 9 millones de toneladas métricas. No obstante, Venezuela es un jugador menor en el mercado mundial, con sólo 2% del comercio total; y en menos de 15 años quedará totalmente fuera del mercado si no se hacen inversiones considerables en la capacidad directa de reducción.

Durante los próximos siete años, Ferrominera piensa invertir US$2.500 millones, incluyendo US$1.370 millones en asociaciones con inversionistas privados, para modernizar sus instalaciones de producción, ampliar la capacidad del transporte férreo y construir por lo menos cinco plantas de reducción directa, para agregar valor a las exportaciones futuras de hierro del país.

Venezuela produce actualmente 20 millones de toneladas métricas de hierro, pero Ferrominera espera aumentar la producción a 32 millones de toneladas métricas por año al finalizar 1995. Hay que ver si este plazo se puede cumplir, dadas las actuales dificultades políticas del país.

Los inversionistas europeos y japoneses han expresado un gran interés en la industria venezolana del hierro y del acero. Kobe Steel y Marubeni están construyendo una planta de un millón de toneladas métricas por año -Comsiguala cual puede ampliarse, en una segunda etapa, a 2 millones de toneladas. Ferrostaal también piensa construir una planta para conversión en pelotillas, y lo mismo está haciendo el Grupo Sivensa de Venezuela.

Dadas las circunstancias mundiales y las condiciones internas de Venezuela, las industrias básicas del aluminio y el acero de la CVG se verán obligadas a continuar el proceso de reestructuración y privatización. Los precios internacionales de los productos industriales venezolanos han venido descendiendo durante los últimos veinte años y continuarán bajando en el futuro. Como resultado, las industrias básicas de la CVG están enfrentadas a dos retos fundamentales: el uno, producir acero y aluminio a precios considerablemente más bajos y con mayor eficiencia; y el otro, agregar valor a su producción.

Las industrias básicas de la CVG fueron concebidas políticamente como la alternativa industrial de Venezuela a una economía dependiente del petróleo. El objetivo era industrializar y diversificar la economía del país, manteniendo el modelo tradicional de control estatal centralizado. Así, la CVG se convirtió en un enclave industrial con una "misión de desarrollo social", cuyo director ejecutivo siempre era nombrado (y destituido al capricho) por el presidente de Venezuela.

El estatus político. de la CVG significaba que las principales preocupaciones de las firmas privadas -control de costos, mayor eficiencia, productividad, competencia y ganancias- eran una prioridad secundaria para la gerencia. Así, bajo Leopoldo Sucre Figarella, el sector del aluminio de la CVG se embarcó en un acelerado programa de expansión, el cual financió con préstamos, en un momento en que los precios alcanzaban el máximo en el cíclico mundo de la industria del aluminio.

Dentro de esta visión estadista de expansión no se desarrolló ninguna estrategia específica para el sector de subproductos. De manera retórica, la CVG le dio contentillo a la inversión privada dedicada a los sectores de subproductos que tienen procesos de transformación con un alto valor agregado, pero en la práctica el sector privado de Venezuela no fue tenido en cuenta, mientras que las industrias de la CVG exportaban todo el aluminio y el acero que podían colocar en los mercados internacionales.

Las exportaciones eran esenciales para generar divisas para cubrir el servicio de la creciente deuda externa de las industrias básicas de la CVG, y todavía mantener la ilusión de que el ingreso por exportaciones no petroleras estaba en aumento.

Sin embargo, esta estrategia de desarrollo se ha derrumbado. Las ventajas estratégicas tradicionales, tales como los abundantes recursos

naturales, la gran cantidad de capital, las ventajas naturales comparativas y la mano de obra barata, ya no son aplicables al nuevo mundo competitivo que está surgiendo en la alborada del siglo XXI.

El futuro pertenece a las industrias con proceso de alta tecnología y a la exportación de manufacturas. Las nuevas ventajas estratégicas son fuentes globales, conocimiento tecnológico y mano de obra calificada. En este contexto, las preocupaciones políticas tradicionales de Venezuela por la preservación del estatus "soberano" de sus industrias básicas del aluminio y el acero no tienen ningún sentido estratégico comercial. Infortunadamente, para los políticos venezolanos la "privatización" es una palabra fea que implica una entrega de la oberanía a los inversionistas extranjeros. La modernización de la CVG se demorará mientras persistan estas actitudes.
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