| 10/24/2017 11:10:00 AM

¿De qué está hecha la reputación?

La mentira más grande que se ha dicho al hablar de reputación es que esta es fácil de destruir. Quienes hacen esta afirmación están confundiendo a la imagen con el reconocimiento que se tiene del compromiso de la organización con sus grupos de interés.

Esa forma de hacer las cosas todos los días que, al ser tejido punto a punto, construye un material fuerte que no se arruina fácilmente; al que se llama reputación. Es por esto que este intangible tiende a ser más duradero y estable que la mayoría de los activos de la organización y por eso hay que gestionarlo en el día a día, desde el quehacer de la corporación.

La robustez y estabilidad de la reputación se ve reflejada en el Monitor Empresarial de Reputación Corporativa, Merco, que todos los años entrevista a miles de directivos y expertos sobre las organizaciones más grandes de Colombia. No resulta sorprendente que, en una década de mediciones continuas, rigurosamente auditadas, los diez primeros puestos de las empresas con mejor reputación hayan sido ocupados por las mismas 15 compañías. Todas y cada una de estas empresas han enfrentado enormes retos que han puesto a prueba la fortaleza de su reputación y, como si de un círculo virtuoso se tratara, han salido vigorizadas tras cada tormenta.

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La reputación es fuerte porque está hecha de conversaciones que se repiten todos los días, durante años y se reflejan en la forma de hacer las cosas por parte de una organización. Esto hace que el material fundamental de la reputación sea la comunidad formada por los miembros de la compañía, donde cada uno de ellos sostienen y aportan la reputación de las organizaciones. Desde adentro, surge el testimonio viviente de la forma en que se han hecho las cosas a lo largo de su historia corporativa.

Así las cosas, las organizaciones con buena reputación han conseguido construir una comunidad que sostiene las cinco conversaciones de las que está hecha la reputación: la conversación del éxito, es decir, una narrativa de logros y victorias que han hecho que la compañía florezca; la conversación del valor de lo que se hace, es decir de una oferta comercial que haga sentir a todos orgullosos de lo que se entrega; la conversación del talento, entendida como la capacidad de tener a los mejores en la organización; la conversación del aporte a la sociedad, no sólo en materia de responsabilidad social, sino del valor compartido con el contexto; y, por último, la conversación del futuro, poniendo a la organización como algo que trasciende a cada uno de sus miembros.

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