| 9/1/1994 12:00:00 AM

Cuestión de perspectiva

Los colombianos no han sabido manejar el tema del narcotráfico en sus relaciones con Estados Unidos. ¿Qué es lo que verdaderamente está pasando en las relaciones entre los dos países?

Si al norteamericano corriente se le pregunta qué sabe acerca de Colombia, con seguridad va a contestar que Colombia es la capital mundial del negocio de la cocaína, uno de los países más violentos del mundo y (si toma café) la tierra del campesino caficultor Juan Valdez, quien aparece prácticamente en todos los avisos que promueven al café colombiano.

La superficialidad de una respuesta así hiere profundamente a los colombianos que, con razón, están orgullosos de la. herencia cultural de su país, así como de una sólida reputación internacional como una de las economías más estables y de manejo responsable de Latinoamérica.

Sin embargo, en este verano de la Copa Mundo de 1991, la imagen que para los norteamericanos en general suscita Colombia es la del desafortunado futbolista Andrés Escobar, quien marcó un autogol en el partido de Colombia contra Estados V nidos y posteriormente fue asesinado a tiros en una discoteca en las afueras de Medellín por airados fanáticos del fútbol, quienes lo culparon de la eliminación de la sdección durante la primera vuelta del Mundial.

Y coro si esto no fuera suficiente para la golpeada imagen de Colombia, la película de mayor éxito taquillero en los teatros norteamericanos este verano es "Peligro inminente", la nueva película de Harrison Ford en la cual los malos son los sanguinarios barones colombianos de la cocaína, que viven como pachás y cdebran lujosamente los cumpleaños de sus hijos, mientras que asesinan a funcionarios de los Estados Unidos en las calles de Bogotá, corrompen al gobierno estadounidense (en todas las esferas hasta la Casa Blanca) y destruyen el "American way of live" con sus drogas ilegales y sus enormes ganancias ilícitas.



Con tanta mala prensa, se puede entender por qué los colombianos en general sospechan que su país tiene un serio problema de imagen en los Estados Unidos. Sin embargo, si bien es cierto que estas sospechas podrían ser acertadas si se miden en términos de la población general de Estados Unidos, la verdad es que los encargados de formular la política estadounidense, los banqueros y los inversionistas que conocen al país en general tienen una alta opinión de Colombia. En realidad, una encuesta informal realizada a este sector grupo de financistas y legisladores concluyó que Colombia era uno de los países latinoamericanos tenidos en la más alta estima por la gente que realmente cuenta en Washington y Nueva York.

Es cierto, el problema de la droga y la violencia es un factor siempre presente en las relaciones Estados Unidos - Colombia y cuando éstas se deterioran generalmente la causa es la droga. Pero también existe un amplio reconocimiento entre tos funcionarios y políticos estadounidenses en Washington de que Colombia es hoy día tino de los mejores amigos que tiene su país en América Latina.

"El Export - Import Bank de los Estados Unidos tiene una larga historia de buenas experiencias en la financiación del comercio bilateral", dice Rita Rodríguez, directiva del Eximbank.

Durante las audiencias del Congreso el tres de agosto ante el Comité de Relaciones Exteriores sobre Asuntos del Hemisferio Occidental, Michael Skol, ex embajador en Venezuela y actual principal secretario asistente para asuntos interamericanos, dijo esto sobre Colombia: "...un líder en reforma económica en el hemisferio. Su manejo económico durante un período de varias décadas es un modelo para otras economías. Ha dado pasos importantes para reformar su sistema judicial y, aunque esta tarea está lejos de haber concluido, Colombia es claramente un líder hemisférico en la modernización de este brazo vital de la democracia. También puede ejercer su papel crucial en la seguridad regional. Colombia es un importante socio de los Estados Unidos en el hemisferio y ahora estamos mirando hacia el futuro con el propósito de fortalecer esta relación".

Skol también reconoció, no obstante, que las relaciones de Estados Unidos con Colombia son con frecuencia difíciles: "Se dice que nada en la vida es sencillo y, en lo que respecta a nuestra interacción con Colombia, esta es una declaración exageradamente modesta".



La clave para entender las relaciones de los Estados Unidos con Colombia se basa en tres hechos:

1) El factor principal que guía la relación desde el punto de vista de los Estados Unidos es el tema del narcotráfico.

2) El gobierno de Estados Unidos considera la droga como un tema tanto de política interna como externa, lo que comprensiblemente tiende a complicar las relaciones con Colombia, por cuanto los asuntos internos definen la política de Estados Unidos hacia Colombia.

3) La relación de Estados Unidos con Colombia (más allá del tema de la droga) es finalmente menos importante para Estados Unidos de lo que es para Colombia y la razón se podría resumir en la frase "economía de escala".

Con toda su diversidad y potencial económico, la economía colombiana no es tan grande cuando se compara con el estado más pequeño de los Estados Unidos y ni siquiera cuando se compara con otras economías latinoamericanas.

En términos de prioridades, las economías latinoamericanas a la cabeza de la agenda de Estados Unidos son México, Argentina y Brasil. Colombia ocupa un distante sexto lugar, después de Chile y Venezuela, la cual gracias a su vasta riqueza petrolera todavía se considera importante, a pesar del retorno del presidente Rafael Caldera al intervencionismo y al populismo. os funcionarios de los Estados Unidos reconocen que los colombianos están "legítimamente cansados" del tema de la droga. "Los colombianos opinan que los Estados Unidos ponen demasiado énfasis en el problema de la droga", afirma un ex funcionario del Departamento de Estado que trabajó muchos años en Colombia y Venezuela, "y me inclino a estar de acuerdo con ellos". Sin embargo, este funcionario agregó: "Los colombianos van a tener que aceptar el hecho de que el tema de la droga será un aspecto permanente de las relaciones entre Estados Unidos y Colombia durante muchos, muchos años".

Y si ésta es la realidad de la relación, continuó, los colombianos "tienen que aprender a no sobrerreaccionar a lo que dicen los legisladores de Estados Unidos en Washington cuando se trata del tema de la droga". En particular, el funcionario se refería a la airada respuesta del gobierno colombiano a la acusación del año pasado del senador John Kerry de que Colombia era una narcodemocracia". "Esa acusación apenas si se mencionó en los medios de los Estados Unidos", dijo el funcionario, "pero en Colombia salió en los titulares de primera página durante varios días y provocó una airada respuesta internacional de la administración Gaviria". Desde el punto de vista de Colombia, agregó el ex funcionario, el problema fundamental de la relación Estados Unidos-Colombia es que los colombianos no entienden totalmente la posición de Estados Unidos con respecto a la droga, la cual está manejada por consideraciones de política interna que tienen que ver con el vínculo entre las drogas ilegales, la pobreza crónica y la creciente violencia urbana, cuyo origen la policía estadounidense invariablemente atribuye a la cocaína, "crack" y, cada vez más, a la heroína.



Los funcionarios estadounidenses reconocieron esta realidad en las audiencias del Congreso el tres de agosto, durante las cuales Thomas. A. Constantine, administrador del Drug Enforcement Administration del Departamento de justicia, amonestó a los legisladores estadounidenses para que "reconocieran la necesidad de poner a los programas (antinarcóticos) internacionales en una mejor perspectiva en relación con la lucha por el control general de la droga (de Estados Unidos)... El crimen violento ha cambiado el rostro de América durante la última década... Los barrios ya no son seguros, mucha gente no sale de su casa de noche, ni camina por la calle para comprar un pan. Los vínculos entre la droga y el crimen violento muchas veces no son tenidos en cuenta, pero son reales y todavía un tema central que debemos tratar... La aparición de la cocaína - crack en 1985 cambió dramáticamente el panorama del crimen y del sistema de la justicia penal en nuestro país. Yo estimo que nuestra ola actual de crímenes violentos estará con nosotros en un futuro previsible... Debemos romper este ciclo de narcotráfico y de abuso de la droga si hemos de sobrevivir a esta ola de crímenes".

El 22 de junio, Robert Gelbard, asistente del secretario de Estado para asuntos internacionales en narcóticos, manifestó a los líderes del Congreso que el comercio mundial de narcóticos es "una amenaza insidiosa para los intereses internos y externos de Norteamérica, una amenaza cada vez mayor a la democracia y al desarrollo sostenible en el exterior, la cual debilita paulatinamente las piedras angulares de nuestra política que hacen a Norteamérica más segura y competitiva en el mundo actual. Los efectos para nuestra sociedad si no logramos resolver el problema de los narcóticos en el exterior serán directos e inequívocos: mayor adicción, crimen, violencia, enfer

medad y pobreza".



Refiriéndose al caso específico de Colombia en las audiencias del Congreso el tres de agosto, en las que Constantine y Skol también participaron, Gelbard describió las siguientes "expectativas" acerca del recién iniciado gobierno del presidente Ernesto Samper: "Esperamos trabajar con funcionarios competentes, comprometidos en un esfuerzo serio contra los narcotraficantes". "Esperamos una lucha seria contra el cartel de Cali y sus jefes principales, que comprenda arresto, proceso y prisión". "Si el actual texto del Código Penal colombiano permite a los traficantes cumplir condenas simbólicas o quedar libres, entonces esperamos que el gobierno trate de cambiar la ley, así como nosotros hemos tratado de cambiar

nuestra ley interna para permitir la cooperación en Colombia en la interdicción de narcóticos". Gelbard se referiría a la disputa que surgió en mayo cuando el Departamento de Defensa de los Estados Unidos unilateralmente suspendió el suministro de información sobre el movimiento de droga por vía aérea a lo largo de la región andina. Se dice que esta información estaba siendo usada por las autoridades colombianas y peruanas para derribar aviones que llevaban droga y los abogados del Departamento de Defensa se preocuparon de que esto se estuviera haciendo en violación de las leyes estadounidenses, exponiendo así al

Departamento de Defensa a posibles demandas legales en caso de que algún avión privado fuese derribado por equivocación. La administración Clinton ahora está haciende "lobbying" -con el apoyo de lo: congresistas- para cambiar la ley de ese país y el Departamento de Esta do está en proceso de compartir nuevamente información con los gobiernos de Colombia y Perú.

Finalmente, afirmó Gelbard, "esperamos un gran esfuerzo en la erradicación de la coca y de la amapola, en el lavado de dólares, en el control de los químicos precursores y en la interdicción". Gelbard hizo énfasis en que "el éxito en otros asuntos de importancia para ambos gobiernos (de Estados Unidos y Colombia) -tales como comercio e inversiones- dependerá de una buena cooperación contra los narcóticos... Procederemos cautelosamente y esperamos acciones concretas para respaldar nuestros acuerdos verbales informales".



E n otras palabras, el acceso final de- Colombia a un tratado de comercio con los Estados Unidos dependerá de la capacidad del gobierno de Samper para liquidar al cartel de Cali, actualmente en la mira del gobierno de Estados Unidos como "el enemigo público número uno" en la guerra global contra las drogas ilícitas. Además, el progreso en este campo suavizaría las persistentes sospechas de que el presidente Samper quedó "untado" de dineros calientes de Cali durante su campaña presidencial.

Aunque Samper ha negado acaloradamente estas acusaciones, muchos funcionarios del gobierno de Estados Unidos comparten en privado la convicción de que los famosos "narcocasetes" que surgieron inmediatamente después de la decisión presidencial en junio podrían tener algo de cierto. Por lo tanto, un exitoso asalto frontal contra el cartel de Cali sería el mejor refuerzo a la imagen de Samper en Washington y finalmente a la imagen internacional de Colombia, aunque muchos colombianos con razón temen que el aspecto negativo de esta lucha podría ser una nueva ola de crímenes en Colombia.

Entre tanto, ¿qué se puede hacer con la imagen negativa como semillero de droga, violencia y corrupción? Lo primero que hay que tener en cuenta es que la gente que realmente cuenta en los corredores del poder político en Washington, y en los bancos de Nueva York que controlan el crédito mundial, están firmemente del lado de Colombia.

Un segundo punto que vale la pena recordar es que los funcionarios colombianos deben aprender a no rasgarse las vestiduras, como lo hizo la ex canciller Sanín, cuando los políticos en Washington asumen posiciones públicas para su doctorado interno. Después de todo, la política es la política en todas partes del mundo. En lugar de responder con airadas declaraciones públicas cada vez que un político en Washington envía proyectiles retóricos, tanto el gobierno colombiano como la comunidad empresarial deben destacar más bien los aspectos positivos de Colombia: su economía fuerte y bien manejada, su compromiso con el libre comercio y la integración regional, su visible progreso en la reforma de las instituciones democráticas y jurídicas del país y también sus éxitos considerables en la guerra mundial contra la droga, una guerra en la cual los "buenos" han destruido más laboratorios clandestinos, decomisado más cargamentos de drogas y puesto más muertos que cualquier otro país en Latinoamérica.

En tercer lugar, los colombianos deben darse cuenta de que crear una imagen positiva internacionalmente y reforzar dicha imagen es una labor permanente que requiere no solamente el esfuerzo del gobierno, sino también el de la comunidad empresarial. El realizar grandes seminarios en ciudades como Nueva York, Miami y Washington puede ser útil, aunque no se pueden organizar con frecuencia porque los líderes empresariales tienen cosas más importantes qué hacer, como estar al frente de sus empresas.

Lo que sí marcha, según funcionarios colombianos con años de experiencia en Washington y Nueva York, es la red permanente y personalizada entre individuos, que es el pan de cada día de los negocios internacionales. También sirve recordar que la gente que cuenta -los políticos en Washington, los banqueros en Nueva York y las empresas privadas que están haciendo negocios en Colombia o que piensan hacerlos- todos están del lado de Colombia.
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