Cúcuta, en plena bonanza

| 10/26/2001 12:00:00 AM

Cúcuta, en plena bonanza

La sobrevaloración del bolívar y el alto costo de la vida en Venezuela han hecho florecer los negocios en esta ciudad. Es hora de construir para el futuro.

Un ejército de miles de personas invade todos los días, en especial los fines de semana, los supermercados, almacenes, San Andresitos y demás sitios comerciales de Cúcuta. Como si se tratara de un concurso para sacar el mayor número de cosas en el menor tiempo posible, este ejército de compradores venezolanos cruza la frontera para aprovechar la fortaleza del bolívar.

Mientras en el país el pesimismo y la inercia de los negocios es generalizada, allí se siente el alza de la economía. El área metropolitana se ha convertido en uno de los centros de abastecimiento más importantes del occidente de Venezuela. De hecho, esta es una de las pocas ciudades donde el desempleo ha bajado, y las exportaciones y el comercio han crecido en el último año. Un buen indicativo de este auge lo da el sector financiero. La sucursal de Cúcuta del Bancolombia registra las mayores captaciones de la entidad en todo el país.



Según cálculos de la Cámara de Comercio, en un día normal, la ciudad puede vender unos US$4 millones, mientras que en algunos feriados venezolanos o la próxima época navideña, podría llegar a US$5,5 ó 6 millones al día, un crecimiento importante si se contrasta con los US$700.000 que se podían transar en los mejores días de crisis de los 90.



En medio de esta 'subienda', Cúcuta también ha sido invadida por otro ejército, pero de migrantes del interior del país: paisas, costeños, santandereanos, bogotanos, boyacenses, vallunos... se han tomado las calles y el comercio formal e informal. El sueño venezolano de los 70 y 80 se ha convertido hoy en el sueño cucuteño. Esta migración, unida al desplazamiento forzado de la región, también ha presionado el sistema de servicios públicos, aumentado la inseguridad y traído cinturones de miseria.



Los más de 5.000 almacenes han remodelado o fortalecido sus inventarios para atraer a los turistas. Por ejemplo, el almacén Vivero, inaugurado en marzo pasado y que selló la confianza en la ciudad al dinamizar todo el comercio, es hoy el que más vende de esta cadena en el país. Hay más de 425 casas de cambio. Cifras del gremio muestran que en un día normal se pueden transar más de US$10 millones, en especial en sábados y festivos. En Cúcuta convergen de manera indistinta como medio de pago el bolívar, el peso y el dólar.



El florecimiento está necesariamente ligado a una razón de cambio. En Venezuela, el bolívar está revaluado entre un 35% y un 45%. Cada dólar se cambia a unos 760 bolívares, mientras debería estar por encima de los 1.000. Esto, unido a la carestía que se ha agudizado en este año, hace que un producto valga 2 ó 3 veces más que en Colombia.



Puja por locales



Uno de los factores en los que mejor se puede ver el auge del comercio es la disponibilidad de locales. Es casi imposible conseguir uno en el centro de la ciudad, en especial en las calles 10 y 11, las más importantes del comercio. A principios del año había numerosas locales y casas viejas desocupadas, dice Alvaro Villamizar Suárez, gerente de Inmobiliaria Rentabien, pero para obtener uno ahora hay que pagar una prima de $50, $70 u $80 millones para que un antiguo comerciante o el habitante de una residencia lo desocupe. Los arriendos se han disparado un 300%, dice un comerciante tradicional, y en esta zona la mayoría de los locales han sido remodelados o lo están siendo; casas viejas han sido convertidas en boutiques y la zona comercial se ha extendido.



Esto se evidencia en la venta de elementos de construcción. El punto de mayor venta de Cerámica Italia en el país es Cúcuta y la fábrica no queda en esta ciudad.



Esta puja ha acelerado la construcción de tres centros comerciales, estilo San Andresito, que pondrán en el mercado cerca de 300 locales. Uno de ellos, ubicado en el centro, tendrá 205 locales y un superalmacén Almáximo de 2.000 m2 de textiles y alimentos. A pesar de que el proyecto estará listo en junio del 2002, más de la mitad de los locales, que oscilan entre 10 y 25 m2, están vendidos, y hay más solicitudes que locales disponibles. Todos los compradores pagaron la cuota inicial de contado, a pesar de que el metro cuadrado cuesta $5 millones en el segundo piso y $10 millones en el primero. Una cifra increíble, pues un metro cuadrado en los centros comerciales Andino, Salitre Plaza y Unicentro en Bogotá, puede estar entre $15 y $22 millones.



El auge también se ve en el sector residencial. Hay una reactivación de la construcción de proyectos de mediano costo (de $30 a $40 millones). Por ejemplo, un proyecto a las afueras de la ciudad vendió en pocos meses sus 120 casas de la 4 etapa, en su mayoría, a venezolanos, que quieren aprovechar, mientras dure, la fuerza de su moneda. Además, desean mantener sus ahorros al margen de la incertidumbre política de Venezuela.



Todo indica que el bolívar está maduro para ser devaluado, pero cualquier decisión sobre la economía venezolana está en manos del presidente Hugo Chávez, y muchos consideran que no tiene ni la intención ni la capacidad política de devaluar, pues caería más su popularidad y pondría en peligro la estabilidad de su gobierno.



Suerte hermana



El futuro de Cúcuta y su zona de influencia está atado a la suerte de Venezuela. Por lo menos así ha sido en los ciclos de crisis y bonanza vistos en los últimos 50 años. Por eso, es hora de aprovechar las vacas gordas para que la región, su clase dirigente y sus empresarios se la jueguen a construir las bases sólidas que les permitan a todos no solo aguantar cuando llegue la crisis, sino convertirse en el puente logístico hacia Venezuela.



Por fortuna, el Carce de Cúcuta, después de 3 años de trabajo, determinó que el calzado y las manufacturas de cuero, la industria textil, la cerámica, el carbón y la madera son la vocación de la región y están listos para crear unas industrias sólidas y exportadoras, no solo para exportar a Venezuela, sino a otros países de Centroamérica y el Caribe. Por ahora, mirar el mercado colombiano es imposible, pues las distancias y los costos de fletes los sacan de la competencia.



Lo importante es que estos sectores identificados por el Carce no solo lograron mantenerse durante la crisis, sino que están en pleno crecimiento. En este momento, hay más de 1.000 unidades productivas de zapatos y piezas de cuero en la ciudad, que generan más de 8.000 empleos directos.



Otro sector dinámico es el de la confección, en especial de blue jeans y corsetería. Diariamente, dice el empresario e industrial Roberto Pinzón, en Cúcuta y Ureña los colombianos producen entre 150.000 y 200.000 unidades, para el mercado venezolano. El secreto está en el precio ($12.000 en promedio) y en la calidad. Y Pinzón cree que, a pesar de darse una devaluación del bolívar, tendrán un mercado asegurado y que este sector debe unirse para ser cada vez más eficiente y fuerte.



Un ejemplo de esto es Cerámica Italia, fruto de la unión de importantes empresarios de la ciudad. Hoy, tiene una de las plantas más modernas del país y exporta 60.000 m2 de producción mensual de 400.000 m2, son vendidos en Venezuela y algunos países de Centroamérica y el Caribe.



Asegurar el futuro



Para garantizar el futuro industrial y exportador, la región debe trabajar en dos direcciones. Una, garantizar una infraestructura básica para asegurar la competitividad hacia el futuro. Y dos, aprovechar la reciente declaratoria de Cúcuta y su área metropolitana (Villa del Rosario, El Zulia, Los Patios y San Cayetano) como Zona Económica Especial de Exportación (ZEEE), para atraer empresas, tecnología y recursos.



En el primer frente, dice Manuel Guillermo Mora, alcalde de Cúcuta, se requiere que todos los sectores trabajen para conseguir, con la mediación y voluntad política del gobierno nacional, dos nuevos puentes de entrada a Venezuela, mejorar la malla vial, extender el gasoducto a Cúcuta y la venta de energía y gas a la región oriental de Venezuela.



Pero, como afirma José Eustorgio Colmenares, director de La Opinión y accionista de varias empresas, de un lado, hace falta liderazgo de los actuales mandatarios locales y del mismo gobernador, y, del otro, de los empresarios, que tienen una larga tradición de trabajo independiente y de hacer inversiones de pronto retorno.



Sobre esto hay importantes avances, pero se requieren decisiones finales. Así, en manos del gobierno nacional está la autorización para que los alcaldes de Cúcuta y Villa del Rosario instalen dos peajes en las autopistas a San Antonio y Ureña, para que los recursos se inviertan en la construcción y rehabilitación de la malla vial, y de la construcción de un nuevo puente.



Pero no todo puede depender del gobierno central. Por eso, es prioritaria la unión de los sectores público y privado para desarrollar una infraestructura adecuada que ayude a la modernización de la ciudad, y así sacar adelante proyectos como la nueva central de transportes o el futuro acueducto de la ciudad. Es indudable que las ventajas tributarias, arancelarias y comerciales de la ZEEE pueden convertir a Cúcuta en la entrada natural a Venezuela.



Es hora de que la dirigencia local aproveche este buen momento y construya las bases de una economía sólida y creciente para cuando lleguen las vacas flacas, mientras la dirigencia nacional debe cambiar de lógica cuando mira la frontera. Mientras desde el frío capitalino hay una línea que divide dos países y debe ser superada por medio de acuerdos, la realidad muestra a unos empresarios que borraron esa línea hace muchos años de sus negocios.



La tendencia

La revaluación del bolívar y los altos precios en Venezuela han hecho que Cúcuta sea atracivo de nuevo para los venezolanos.



El efecto



Se generó un boom de compradores y bolívares que ha disparado los negocios de la región. La propiedad raíz ha subido. Miles de vendedores han llegado del interior de Colombia.



Lo que viene



La ciudad, sus mandatarios y los empresarios deben sentar las bases de una economía que dependa menos del comercio y más de la industria. De lo contrario, volverán a repetir la historia y se quedarán con las manos vacías una vez pase la bonanza.
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