| 12/11/2010 8:00:00 AM

¿Cuánto nos cuesta el invierno?

Dinero trató de cuantificar las pérdidas económicas del fuerte invierno que azota al país. Los resultados: más de 5 billones de pesos en los últimos 60 días.

El desbordamiento del río Sinú, que desde finales de agosto se presenta en Córdoba a causa de las fuertes lluvias, ocasionó que Miguel Martínez tenga 42 de sus 250 hectáreas de algodón totalmente bajo el agua. A esto se suma que 80 de ellas las ha sembrado una y otra vez porque las semillas se pudren, y la recolección de lo que le queda no pueda hacerla a pie sino en canoa.

Desde hace cuatro años el país presenta variaciones climáticas extremas por cuenta de los fenómenos del Niño y de la Niña. La actual ola invernal es la peor de los últimos 40 años, con un gran impacto: ya son cerca de 1,4 millones los damnificados, más de 233.000 las viviendas averiadas y 451 vías afectadas, según la Dirección de Gestión de Riesgo del Ministerio del Interior y Justicia.

De hecho, al cierre de esta edición, el gobierno estudiaba la posibilidad de decretar el estado de conmoción interior para atender, con más impuestos, la emergencia. Así surgieron en el pasado impuestos como el 4x1000 y el del patrimonio que, inicialmente, eran temporales y se convirtieron en permanentes.

La tragedia es de tal tamaño que los principales grupos económicos han ofrecido enormes donaciones. Por ejemplo, Luis Carlos Sarmiento Angulo aportó US$8 millones, Julio Mario Santo Domingo entregó recursos por US$5 millones y el Grupo Bolívar dio US$1 millón.

Según la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), unas 200.000 hectáreas para cultivos perdidas y afectadas, y un millón más para ganadería de leche y carne, de acuerdo con Fedegán. Por cuenta de los cerramientos en las vías, el cálculo de Colfecar indica que mientras el transporte de carga debería tardarse 2,9 horas en promedio, actualmente son diez horas más, situación que ha llevado al aumento en precios de algunos alimentos. Sin embargo, por lo pronto, los gremios coinciden en que no ha habido desabastecimiento, pues en el caso de cultivos las áreas afectadas solo representan 4% del total.

De acuerdo con cálculos de Dinero, el drama invernal le ha costado inicialmente al país alrededor de $5 billones, cuyos principales rubros son: $881.000 millones que reporta la SAC en pérdidas agrícolas; $500.000 millones que advierten expertos en las afectaciones al sector ganadero -aunque Fedegán las estima en cerca de $1 billón-; $768.000 millones por cuenta de los sobrecostos que, según Colfecar, ha tenido que enfrentar la carga desde finales de agosto de este año; y $2 billones que, de acuerdo con la Dirección de Gestión de Riesgo, deben invertirse en la recuperación de viviendas afectadas, vías y puentes destruidos, así como la rehabilitación de la producción en el campo.

El gobierno colombiano, a la fecha, ha desembolsado cerca de $600.000 millones para atender la emergencia invernal, cifra que está muy por debajo, no solo del estimado inicial de $5 billones, sino de las grandes inversiones que tendrá que realizar pronto, si quiere dejar de "darle Desenfriolito a la gran fiebre que tiene", señala Mauricio Reina, investigador asociado de Fedesarrollo.

Como dice él, llegó la hora de "dejar de sorprendernos cada vez que llega una variación climática y comenzar ya a actuar en soluciones de largo plazo en lugar de pasar el sombrero cada vez que el agua nos llegue al cuello". Más aún, dice el director del Ideam, Ricardo Lozano, si se tiene en cuenta que el cambio climático es una realidad y que a este se le atribuye el aumento en periodicidad y magnitud de los fenómenos del Niño y de la Niña.

El invierno en Colombia está haciendo estragos en todos los sectores. El pasado 25 de noviembre, tras el desbordamiento del río Arroyohondo, inventarios, maquinaria y equipos de más de 40 empresas de la zona industrial de Yumbo quedaron totalmente sumergidos en el agua. Al día siguiente, Avianca tuvo que cancelar 39 vuelos desde y hacia el aeropuerto El Dorado de Bogotá, afectando a cerca de 4.000 pasajeros. Una semana más tarde, el aeropuerto José María Córdoba de Rionegro permaneció cerrado por cuatro horas a causa de un problema con la iluminación de la pista. En la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo, El Cerrejón, la operación se ha visto gravemente afectada, con lo cual, si sigue lloviendo así, el colchón de inventarios que tienen podría agotarse. "Hemos visto lluvia como nunca. El 29 de noviembre, por ejemplo, no se pudo operar en todo el día, pues tuvimos 23 horas y media de lluvia seguida", indica León Teicher, presidente del Cerrejón.

El panorama

El desbordamiento del río Sinú no es el primero que ocurre y tampoco será el último, como no lo serán las constantes inundaciones que sufren regiones como La Mojana, en el sur de Bolívar, entre muchas otras zonas afectadas recurrentemente por el impacto del invierno. Es así como el gobierno tiene ahora dos tareas fundamentales en el mediano y largo plazo que a la fecha no están cuantificadas. Por un lado, la mitigación del problema de manera permanente y, por otro, las acciones en torno al cambio climático.

Al respecto, el presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas, dice que "habrá que diferenciar claramente dos momentos: el de la atención a la emergencia, que es el que se está viviendo hoy, y el de la mitigación. ¿Qué se va a hacer con las regiones de La Mojana (Bolívar), La Virginia (Risaralda) y Obando (Valle)?, por ejemplo?" Ante este escenario, está claro que poblaciones enteras deben ser reubicadas, lo que conlleva, según el director del Ideam, a que se piense en un reordenamiento del territorio.

También está claro que se requiere de manera urgente la construcción de diques, el dragado de los ríos y el mejoramiento de vías. En este último caso, Juan Carlos Rodríguez, vicepresidente ejecutivo de Colfecar, llama la atención diciendo que más de la mitad de las vías están entre regular y mal estado y todavía falta 25% por pavimentar.

Una de las mayores lecciones que dejan los recientes fenómenos climáticos es la falta de preparación del país para atender situaciones extremas. "El manejo de agua y tierra es fundamental, pues es increíble que en Colombia llueve dos días y nos inundamos y deja de llover otros dos y nos quedamos sin agua", dice Rafael Mejía, presidente de la SAC.

Otros coinciden con la falta de planeación y de alistamiento del país para enfrentar estas situaciones. "Estamos ante una muerte anunciada. Siempre se ha sabido que las obras de los diques no fueron hechas adecuadamente porque no tienen las proporciones requeridas y no se están dragando los ríos. También es de común conocimiento que la minería aumenta los niveles de sedimentación de los ríos y que no se están tomando medidas oportunas", indica Rafael Hernández, presidente de Fedearroz.

Muchos piensan que los seguros climáticos son una solución para mitigar los riesgos, pero lo cierto es, dice el director de la Cámara Técnica de Incendio y Terremoto de Fasecolda, Carlos Varela, que las poblaciones ubicadas a la orilla de los ríos son de muy bajos ingresos y esa situación no les permite acceder a un seguro, el cual, agrega, en este caso sería muy costoso, dada la alta probabilidad de ocurrencia del evento, pues como se sabe, los seguros funcionan contra eventos súbitos o accidentales y no contra eventos certeros. "Todos los años llueve y hay inundaciones y son las mismas personas y las mismas localidades las damnificadas. Así que esto es un problema que va más allá de los seguros", señala Varela. En este sentido, agrega Hernández, de Fedearroz, "el mejor seguro que podemos tener son las obras de infraestructura".

Adicional a los esfuerzos en infraestructura y reubicación de poblaciones enteras, no hay duda de que Colombia debe enrutarse pronto hacia el cuidado del medio ambiente, pues las circunstancias están demostrado que el cambio climático no tiene vuelta atrás.

Se espera que, en pocos días, el Departamento de Planeación Nacional publique un Conpes sobre cambio climático que dé directrices sobre las acciones a tomar en torno a este crucial tema en la agenda.

Mientras no se tomen acciones y el país no se ajuste a las nuevas condiciones climáticas, para la próxima ola invernal será necesario desempolvar la canoa para recoger la cosecha, como lo hace Miguel Martínez en Córdoba, y colmarse de paciencia para cumplir con los pedidos de los centros de abastecimiento.

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